
Ciudad de México, 6 mar (SinEmbargo).- En los últimos años del siglo XX poco cine nos marcó tanto como el del polaco Krzysztof Kieślowski, muerto prematuramente, cuando apenas tenía 54 años, a raíz de un ataque cardíaco fulminante que lo sorprendió en su ciudad natal, Varsovia, en 1996.
De todas sus actrices en la célebre trilogía Trois Couleurs: Rouge, Blanc et Bleu, la francesa Juliette Binoche fue la que más quedó en nuestra memoria, probablemente porque la tragedia de esa madre que se queda de un día para otro sin su marido y sin su hijo logró despertar nuestros miedos recónditos, aquellos atribulados fantasmas de la fragilidad.
El filme de 1993 le dio fama internacional al director, quien poco tiempo antes de morir dio un seminario en Buenos Aires, invitado por la entonces joven institución Fundación Universidad del Cine (FUC), en donde entre otras cosas habló de las enormes dificultades con las que se topó a la hora de hacer el guión.
Sobre todo porque barajando la posibilidad de que la historia fuera narrada a partir de un personaje masculino, se dio cuenta de que un hombre no habría sobrevivido a la tragedia de perder en forma abrupta e inesperada a su familia.

Binoche, una actriz extraordinaria, le dio a Trois Couleurs: Bleu esa sustancia vital en medio de un dolor extremo e inimaginable.
Sin embargo, no menos genial resultó Trois Couleurs: Blanc, el concentrado universo polaco con que Kieslowski homenajeó a su país de origen y, por supuesto, nos cautiva aún la turbulencia emocional de Trois Couleurs: Rouge, de 1994, la última película del cineasta y la que completó los tonos de la bandera francesa que motivaron la famosa trilogía fílmica.
En Rouge, la protagonista era la actriz suiza Irene Jacob, quien junto al reciente actor de la celebrada Amour, de Michael Haneke, el francés Jean Louis Trintignant, exhortaba a pensar sobre el sentido real de la justicia, sobre todo cuando se trata de aplicarla a nuestra vida cotidiana.
Iréne ya había protagonizado para el genio polaco la inolvidable La doble vida de Verónica, filme que le hizo ganar la Palma de Oro en Cannes, cuando apenas tenía 25 años.
Desde entonces su rostro sereno y su figura en apariencia ordinaria que se vuelve extraordinaria frente a la cámara, sedujeron a varios cineastas, entre ellos al mismísimo Paul Auster, el escritor loco por el cine que la dirigió en La vida interior de Martin Frost.
Trabajó también para Louis Malle (Au Revoir Les Enfants, en 1987) y para Michelangelo Antonioni (Par-delà les nuages, en 1995) , por lo que podría decirse sin temor a exagerar que Iréne es una de las actrices favoritas del cine europeo contemporáneo.
Sin embargo, su espesa filmografía no puede ser confundida con su personalidad chispeante y alegre.
“Siempre me ofrecieron roles trágicos, pero no soy trágica. También me gusta y mucho la comedia”, dijo en entrevista a un periódico inglés, sin con ello poder negar que sus trabajos en los filmes de Krzysztof Kieslowski, imprimieron ese estilo íntimo e intenso, elegante y profundo, por la que es conocida la actriz nacida en Suresnes, Francia, en 1966 (fue criada en Ginebra y tiene la nacionalidad suiza).
“La cámara era realmente como un microscopio. Krzysztof fue siempre muy preciso en sus indicaciones. No era algo que él contara de antemano, sino que sólo revelaba en el set. A lo sumo, le gustaba ensayar antes de una toma”, contó.
Hollywood llamó a su puerta, pero ella rechazó el papel principal en La propuesta indecente porque no se sentía “cómoda con la sensibilidad de la película”, no obstante lo cual ha trabajado en algunas superproducciones estadounidenses como US Marshals, de 1998.
Su espíritu trashumante la llevó incluso a España, donde rodó a las órdenes de José Luis Cuerda, junto al argentino Ricardo Darín, La educación de las hadas, en 2006, para la cual echó mano de su hermanastra colombiana, quien le dio clases de español en tiempo récord.
AHORA LA MÚSICA…Y EN MÉXICO
La belleza y la dulzura de Irène Jacob y la maestría del guitarrista Francis Jacob florecerán en el escenario de El Plaza Condesa para convertirse en notas de jazz el próximo viernes 17 de mayo a las 22 horas.
En el terreno de la música, Irène decidió unir talentos con su compañero de toda la vida, su hermano Francis Jacob, con quien comparte no sólo el apellido sino el gusto por el cine, el jazz y la filosofía.
Juntos lograron proyectar un sonido suave pero a la vez agridulce que narra cuentos y alegrías en cada uno de sus temas, incluidos en su disco Je Sais Nager (lanzado el 8 de mayo de 2012 por Sunnyside Records, EE.UU.).
Su pasión por la filosofía los llevó a componer una canción inspirada en el filósofo francés Gilles Deleuze y lleva por título “Les Corps Simples les Plus”.
La amplia experiencia de Francis como intérprete y compositor de jazz y música del mundo, dan a la música de este dúo una multiculturalidad exquisita, que mezcla con maestría ritmos contemporáneos provenientes de Occidente y el Norte de África, además de sumar talentos con un grupo de músicos de varias latitudes.
Grégoire Maret (Pat Metheny, Herbie Hancock, Pete Seeger), el cantante de jazz de origen marroquí Malika Zarra; Melvin Dean, en el tambor de acero, la percusionista afro-peruana Pichio y el percusionista brasileño Gilmar Gomes son los músicos que acompañan a los hermanos Jacob, en lo que será sin duda un espectáculo sofisticado que hará encender aún más la de por sí esplendorosa cartelera nacional.





