San Cristóbal de Las Casas, Chis., 3 Nov. (Notimex).- La Fiesta de Todos los Santos, la más importante entre la cultura chol, asentada en el norte del estado, se está perdiendo por la presencia de religiones distintas a la católica y la influencia de medios externos que experimentan los jóvenes.
En entrevista, el investigador del Centro Estatal de Lenguas, Arte y Literatura Indígena, Nicolás López Arcos, agregó que esa festividad comienza el día 28 de octubre cuando cada familia comienza a hacer su altar en el que colocan una ofrenda con flores y alimentos.
"Hacen la ofrenda con lo que tienen a su alcance, no hay gastos excesivos; por ejemplo colocan naranjas, pozol de cacao, mandarina, pinole, atol, tortillas y si tienen posibilidades también colocan comida", detalló.
Así también sucede con el altar, "hecho con aromas y velas; los aromas provienen de las flores de cempasúchil, además de las hojas del árbol de guayaba, que es muy aromático, y las palmas del río", añadió.
Los choles no utilizan papel picado para adornar, sino las palmas de río, "menos plásticos, eso no se utiliza", aclaró.
Un rasgo de la fiesta de esa cultura, ubicada en los municipios de Tila, Sabanilla, Tumbalá y Alto de Agua, es que la familia hace la fiesta, "se reúne toda, desde los abuelos hasta los niños pequeños y a los conocidos también los incluyen en la lista de invitados", dijo.
Recalcó esa característica porque significa unión, solidaridad para hacer la fiesta, "todos colaboran con su trabajo, con alimentos, con lo que sea para que la fiesta este grande y ajuste la comida para toda la familia".
"Entre todos hacen el altar y colocan la ofrenda y desde el 28 comienzan a rezar para invitar a las almas a disfrutar la ofrenda. Hay la creencia de que en el panteón las almas se sienten solas y lloran, por eso se les invita a venir pues está toda la familia", indicó.
Una vez iniciada la fiesta, se reúnen en una casa hasta 60 personas, continuó, y todas participan en los rezos que terminan el 30 de octubre y "el día siguiente, el 31, es para preparase para celebrar a los niños difuntos el 1 de noviembre".
El 1 de noviembre, la familia va al panteón para llevar una "ofrenda simbólica, no le dejan mucha comida porque la fiesta grande es en la casa y ya es el día 2 cuando se reparte lo que sobró de la ofrenda, no debe quedar nada de la ofrenda, si sobra se reparte entre los vecinos".
La ofrenda contiene lo que le gustaba al difunto, como caldo de puerco o de res preparado con pozol de cacao o yuca, también incluye jengibre, cuyo sabor es muy especial, apuntó.
Sobre las comidas y bebidas típicas de la cultura chol, López Arcos refirió que un platillo que gusta mucho es el caldo de pollo con hierba santa, albaca silvestre y cebollín, que le dan un sabor muy especial; además preparan un dulce de naranja como postre.
La bebida más importante es el pozol, pues el alcohol no se toma en esta fiesta, puntualizó.
Sin embargo, lamentó que la tradición se está perdiendo porque "los jóvenes, por ejemplo, en la noche se van al panteón y allí toman alcohol, lo han visto de otras costumbres en los medios de información o donde trabajan, pero eso no es propio de ellos".
Asimismo, la presencia de otras religiones diferentes al catolicismo propicia la pérdida de la tradición original, pues "muchos dicen que no se debe hacer fiesta a los muertos, ni a los santos".
En consecuencia, en el Centro Estatal de Lenguas, Arte y Literatura Indígena "nuestra tarea es conservar la tradición y recuperar el conocimiento de los mayas".
Tumbalá, Tila, Sabanilla, Salto de Agua y una parte en Palenque son los municipios que mantienen la lengua original viva, los que mantienen esa tradición y ahora con la tecnología nos esforzamos para compartir la tradición entre los pueblos y se fortalezca, afirmó.



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