
Chicago (EE.UU.), 24 mar (EFE).- El japonés Shigeru Ban, de 56 años, fue galardonado hoy con el Premio Pritzker de arquitectura 2014 por sus proyectos "elegantes e innovadores para clientes privados" y también por usar "el mismo diseño inventivo y habilidoso para sus amplios esfuerzos humanitarios".
"Durante veinte años, Ban ha viajado a lugares de todo el mundo donde se han producido desastres naturales y provocados por el hombre, para trabajar con ciudadanos locales, voluntarios y estudiantes en el diseño y construcción de refugios reciclables, dignos y de bajo coste, así como edificios comunales para las víctimas de esos desastres".
Así lo destacó hoy en Chicago Tom Pritzker, presidente de la Fundación Hyatt, que desde 1979 otorga este premio, considerado el Nobel de la arquitectura, y que en esta edición ha querido destacar la labor humanitaria de un profesional que es un "caso raro en el terreno de la arquitectura".
"El compromiso de Shigeru Ban con las causas humanitarias a través de su trabajo de ayuda en caso de desastre es un ejemplo para todos. La innovación no está limitada por el tipo de edificio y la compasión no está limitada por el presupuesto. Shigeru ha hecho de nuestro mundo un lugar mejor", agregó Pritzker.
Ban aseguró desde su oficina de París que recibir este premio es "un gran honor" con el que, asegura, debe ser cuidadoso. "Debo continuar escuchando a la gente para la que trabajo, en mis encargos residenciales privados y en mi trabajo de ayuda en caso de desastres."
"Considero este premio como un aliento para seguir haciendo lo que hago y no para cambiarlo, si no para crecer", agregó Ban en una breve declaración distribuida por la Fundación Hyatt.
El presidente del jurado, el británico Lord Palumbo, aseguró que "Shigeru Ban es una fuerza de la naturaleza, lo que es totalmente adecuado para su trabajo voluntario para la gente que se ha quedado sin hogar en áreas devastadas por los desastres naturales".
Pero también pertenece al Panteón de los Arquitectos por el "profundo conocimiento" de su trabajo, la aplicación de tecnología de vanguardia, su "total curiosidad y compromiso", una innovación sin fin, "un ojo infalible y una aguda sensibilidad", solo por mencionar algunas de sus características estacadas, precisó.
El jurado subrayó el uso que hace Ban de materiales comunes como tubos de papel o contenedores de transporte, sus innovaciones estructurales y la introducción de materiales poco convencionales como el bambú, el papel, el plástico o los compuestos de fibra de papel reciclado.
Desde su creación hace 35 años, el Premio Pritzker reconoce la excelencia de arquitectos vivos y cuyo trabajo constructivo suponga una contribución significativa a la humanidad, recordó la Fundación Hyatt.
Y en ese sentido, Ban refleja a la perfección el espíritu del premio. No solo es un increíble arquitecto, si no que responde "con creatividad y diseños de alta calidad a situaciones extremas causadas por devastadores desastres naturales".
Entre las obras citadas por el jurado está la conocida como "Naked House" (Casa desnuda), un proyecto de 2000 en la ciudad japonesa de Saitama, en la que revistió las paredes externas con plástico transparente ondulado y otras partes con acrílico blanco estirado sobre un marco de madera. Y en el que hay cuatro dormitorios con ruedas que pueden moverse libremente.
Otra de las obras más destacadas es el Centro Pompidou de Metz (Francia), para el que diseñó una celosía aireada y ondulante de franjas de madera para formar el tejado, que cubre el complejo del museo y crea una plaza abierta y accesible al público.
La "Curtain Wall House" (1995) o el centro Nicolas G. Hayek (2007), ambos en Tokio, son otros de sus proyectos más conocidos, junto al Museo Nómada, una construcción temporal instalada hasta el momento en Nueva York, Santa Mónica (California), Tokio y México City.
Todas ellas construcciones sostenibles y respetuosas con el medioambiente, uno de los elementos más característicos de la obra de Ban, que se ha mostrado siempre interesado en el uso de materiales de bajo coste, locales y reutilizables.
En cuanto a su trabajo humanitario, que comenzó en 1994 en el conflicto de Ruanda donde fue contratado como consultor por ACNUR, Ban se caracteriza por el uso de tubos de cartulina reciclables como columnas, paredes o vigas, que son baratas y fáciles de transportar.
En 1995 Ban fundó una ONG llamada "VAN" (Red de arquitectos voluntarios), con la que ha trabajado tras terremotos, tsunamis, huracanes o guerras en países como Japón, Turquía, India, Sri Lanka, China, Haití, Italia, Nueva Zelanda o Filipinas.
Licenciado en arquitectura en Nueva York, Ban es el séptimo arquitecto japonés en ser galardonado con el Pritzker tras Kenzo Tange (1987), Fumihiko Maki (1993), Tadao Ando (1995), el equipo de Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa (2010), y Toyo Ito el pasado año.
La ceremonia de entrega del premio se celebrará el 13 de junio en el Rijksmuseum de Amsterdam.

MINIMIZAR EL PROCEDIMIENTO, NO EL RESULTADO
Pocas palabras son necesarias para identificar a Shigeru Ban. Sus construcciones sencillas con materiales humildes como el cartón y su labor humanitaria en situaciones de emergencia definen a un arquitecto que no intenta minimizar el resultado sino el procedimiento.
Él mismo se define como un hombre modesto, que odia el desperdicio y que por ello utiliza lo que está disponible en cada lugar.
El pasado año visitó Madrid con motivo de la construcción en el campus de IE University de un pabellón temporal, edificado con más de 173 tubos de papel unidos por juntas de madera que descansan sobre columnas de papel.
Entonces había recibido el Premio Pritzker el también japonés Toyo Ito y al ser preguntado sobre la posibilidad de que él fuera el siguiente consideró que este galardón no le iba a llegar tan pronto pues era necesario "alcanzar el máximo nivel en la profesión".
Su implicación social y los materiales que utiliza para la construcción le han convertido en uno de los arquitectos más singulares de los últimos años y es para la revista Times uno de los personajes más de actualidad del mundo
No le gustan los detalles sofisticados ni le interesa el uso superficial de un material. Para él, lo importante es la investigación de las características propias de ese material para descubrir otras posibilidades en su utilización.
Ban empezó a usar papel reciclado en sus construcciones en 1986, al ver que era de bajo coste y con la idea de demostrar que los materiales débiles tienen una vida más duradera.
Además, el galardonado ha defendido durante su intensa trayectoria que las personas que viven en construcciones temporalmente "no quieran salir de ellas".
Para él, la arquitectura debe contribuir a mejorar la sociedad, pese a que tradicionalmente los arquitectos trabajan para "enseñar el poder y el dinero de la gente privilegiada a través de sus construcciones", manifestó durante una entrevista con Efe hace unos años, en la que aseguró: "eso no era lo que yo realmente quería hacer, así que tuve que buscar mi propio equilibrio".
En 1995 llevó su filosofía y su modo de hacer a Ruanda. Al enterarse de las míseras condiciones de los desplazados en este país ofreció una ayuda que se materializó en refugios y viviendas, con materiales extraordinarios, especialmente cartón, material que volvió a usar en Japón tras el terremoto de Kobe, donde no solo construyó viviendas en una semana sino que enseñó a los ciudadanos a hacerlas.
Con cajas de cerveza llenas de arena, sobre las que se levantaban las paredes de papel, formadas por tubos de 108 milímetros de diámetro y 4 milímetros de grosor, y un tejado en lona con un sistema sencillo de movilidad, las cabañas no sólo eran estéticamente bonitas, sino también fáciles de transportar almacenar y reciclar.
Ban, que para ganar tiempo en situaciones de emergencia creó una ONG, sorprendió también en Christchurch, Nueva Zelanda, ciudad duramente golpeada por un devastador terremoto, donde construyó una increíble catedral con estructura de cartón, en forma de triángulo y resistente al agua, el fuego y los terremotos.
"La fortaleza de un edificio no tiene nada que ver con el material. Los edificios de hormigón se caen con los terremotos, pero no los de papel", defiende Ban, cuya iglesia de cartón en Taiwán, construida tras el seísmo de Japón en Kobe, continúa en uso después de más de 20 años.
En la otra mitad de su tiempo, la que no se ocupa de ayudar en situaciones de emergencia, Ban construye grandes edificios como la sucursal del Centro Pompidou en Metz, ciudad situada en el norte de Francia. El rompedor diseño de Ban suscitó algunas reservas y algunos lo llamaron "la casa de los pitufos" al entender que guardaba cierta semejanza con una seta monumental.
Cuando se le pregunta por la perdurabilidad de los materiales que utiliza, defiende que la duración de un edificio no tiene que ver con la fortaleza de los materiales con que está construido y que en ella influye el hecho de que tirar un edificio sea económicamente rentable.
Confiesa que hace lo que le interesa, defiende a los arquitectos que buscan retos, no se considera un arquitecto estrella y lamenta no ser profeta en su tierra al ser escasos los proyectos que le solicitan desde Japón.





