
Ciudad de México, 6 de abril (SinEmbargo).- Ni el calor de una noche primaveral en la ciudad de México amilanó a la cantante española Sole Giménez, quien acompañada del joven y virtuoso pianista cubano Iván Melón Lewis, reinventó la magia y las canciones en el Plaza Condesa.
El recinto, armado para la ocasión como una enorme sala de conciertos con cómodas butacas y un sonido impecable, sirvió de hogar cálido para una artista tan sencilla como propositiva y que parece haber dejado definitivamente atrás su trabajo de 23 años y 11 discos junto al grupo Presuntos Implicados.
Giménez es otra. No es aquella. Sin renegar de su pasado ni mostrarse demasiado ansiosa frente a su futuro, la intérprete, vestida con un hermoso vestido de pana con un hombro descubierto y que realzaba su figura perfecta, desplegó su aquí y ahora con una pasión por adueñarse de canciones clásicas, hacerla suyas y luego transmitirlas a sus fans.
Hay que decir en este punto que la abultada cartelera metropolitana no impidió que el Plaza Condesa estuviera abarrotado la noche del viernes y que la cantante, nacida en realidad en París hace 51 años, contara con una gran cantidad de seguidores la noche en que “Rien de Rien” abrió un show inolvidable.
UN BUEN GUSTO PARA LAS CANCIONES
Como bien supo decir la querida Negra Mercedes Sosa, una de las cantantes más importantes del mundo, gran parte de una carrera exitosa de una intérprete obedece a su capacidad para elegir un buen repertorio.
En ese sentido, Sole, criada en Murcia, no ha fallado desde que dio inicio a su camino en solitario, empeñada en convertirse en una vocalista de carácter, al estilo de las grandes divas de la canción.
Por grabar llegó a grabar por ejemplo el hermoso tema de Santiago Auserón, “La estatua del jardín botánico” o “El sitio de mi recreo”, del fallecido Antonio Vega.
La primera parte de su show consistió en ofrecer los temas de su reciente disco El cielo de París, homenaje a la ciudad en que nació y a las canciones que escuchaba desde niña.
“Bajo el cielo de París”, la evocación al legendario Charles Aznavour en una versión muy personal de “La Boheme” y el infaltable Charles Brassens en la deliciosa “La mala reputación” fueron calentando el ambiente y entusiasmando al personal.
Sin miedo a Édith Piaf, Sole mostró convicción y estilo propio en la interpretación de “La vie en Rose”. El fragmento parisino concluyó con “Aquella tarde”, de autoría de Giménez.
La noche abrió paso a la presencia del mexicano Edgar Oceransky, quien cantó con guitarra en ristre su tema “Qué tristeza”, a dúo con Sole, quien a esa altura ya tenía la garganta en su máximo punto, la voz perfecta para deleitar al público con temas como “Cuando quiero sol”, “Toda una vida” y “Un tren perdido” (propio).

Su magnífica recreación de la canción un tanto machista pero subyugante de Cecilia (cantautora española fallecida en un accidente automovilístico cuando apenas tenía 27 años) , “Un ramito de violetas”, marcó un punto alto en una velada en la que merece mención aparte el desempeño del cubano Iván Lewis.
Gran intérprete de jazz y profundo conocedor de la música tradicional de su país de origen, el pianista apodado “Melón” es un virtuoso, sin que esa cualidad resulte un lastre a la hora de acompañar a una cantante que, va de suyo, es la que tiene que brillar esencialmente en la escena.

Medido, entregado, sutil y generoso, Lewis es de esos pianistas que todo intérprete quisiera tener a la hora de un espectáculo de tanta exigencia como el que encaró Sole Giménez el viernes pasado en nuestro suelo.
Su trayectoria demuestra que no le teme a las cantantes de carácter como la española Buika o la portuguesa Maritza, ambas colaboradoras en su disco en solitario, Travesía.
Lewis y Giménez formaron un dúo que se entiende a las maravillas, en beneficio de un cancionero que evocó la presencia de la inigualable Elis Regina con la interpretación del tema de Jobim “Aguas de marzo” y la de Armando Manzanero en una tal vez demasiado libre versión de “Esperaré”.
El conocido tema de Presuntos Implicados “Cómo hemos cambiado” dio fin al encuentro de la española con un público variopinto que la adora. Los bises estuvieron teñidos de profunda melancolía, sobre todo por la interpretación a dúo del tema de Fito Páez, “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, con la cantante mexicana Rosalía León.

Integrante del dúo Gliese 229, Rosalía se ha quedado sola merced al fallecimiento, el pasado 1 de abril, de su compañero Miguel Ángel Losana. Tanto Giménez como León decidieron cumplir el compromiso de cantar a dúo un tema que pensaban hacer en trío y protagonizaron así uno de los momentos más conmovedores de la noche.
“Fallen”, “Mi pequeño tesoro”, “El manisero” y “Alma de blues” fueron cerrando el show y dejando en la memoria de los presentes la dulce sensación de armonía que sólo saben hacer germinar los artistas verdaderos.




