
Ciudad de México, 10 de octubre (SinEmbargo).- Tal vez vuelvan los pájaros (Castillo Ediciones), la tercera novela de la también psicoanalista Mariana Osorio Gumá, no es sobre los 43 normalistas desaparecidos en Iguala, pero podría ser.
No trata sobre los desaparecidos en la Argentina, Chile, Guatemala o México, pero sí trata sobre los desaparecidos en la Argentina, Chile, Guatemala o México.
La historia de Mar que vive entre palabras inventadas y travesuras, hasta que decide guardar silencio y sólo volver a hablar cuando su padre inexplicablemente desaparecido vuelva a estar en su vida es, desafortunadamente, muy habitual en nuestra historia reciente. No parece, además, que vaya a resolverse en el futuro inmediato en nuestro continente.
Escrito echando mano del delicioso argot chileno y recalando en lo más dulce del hablar mexicano, Tal vez vuelvan los pájaros es una novela que vuela alto, porque como bien dice una hermosa canción de Alejandro del Prado: “siempre pondré pan en las veredas, para que los gorriones vuelvan”.
El libro obtuvo muy merecidamente el Premio Lipp La Brasserie en 2013 y será presentado hoy a las 19 horas en la librería Rosario Castellanos, Colonia Condesa.
“Siempre digo que lo primero que hice en la vida fue escribir”, afirma Mariana Osorio Gumá, en entrevista con SinEmbargo. De profesión psicoanalista, como dijimos, fue un curso intensivo en la Escuela Dinámica de Escritores lo que le permitió ordenar las ideas y dar a luz su elogiada novela.
“Luego estuve durante mucho tiempo en el taller literario de Daniel Sada (1953-2011) y él fue muy importante para mí, al igual que Mario González Suárez al que le aprendí también muchísimas cosas”, cuenta la escritora nacida en La Habana en 1967 y quien vivió en Chile entre 1970 y 1973.
El Golpe Militar de Augusto Pinochet contra el gobierno democrático de Salvador Allende, obligó a la también autora de Las esencias de Sabina (novela corta para niños editada por Nostra) El paraíso de las moscas, editada en México y reeditada en España, por EdicionesB, a exiliarse en México.
–Digamos que tienes buen gusto a la hora de elegir maestros
–Afortunadamente me los fui encontrando en el camino y me ayudaron mucho. Mario González Suárez, por ejemplo, es un gran lector, una cualidad que no necesariamente tienen todos los escritores. También es muy generoso y te ayuda a que seas consciente de la técnica, de los recursos.

–¿Ya escribiste tu nueva novela?
–La verdad sí. Ya está acabada. La tengo en el congelador, para que repose un poco y luego ver dónde y cuándo publicarla.
–¿Hay temas que te interesan particularmente más que otros?
–Sí. He ido descubriendo que aunque quisiera escribir sobre otras cosas se me imponen temas como la infancia, la violencia, el exilio y la locura. Son temas que siempre aparecen en mi escritura y hacen su gran esfuerzo por permanecer.
–¿Cómo es esto de ser escritora y psicoanalista?
–Me nutro de ambas corrientes de pensamiento, una actividad se relaciona con la otra en forma inevitable
–Además los que se psicoanalizan se ponen en manos de escritores, sin saberlo
–Y sí. Sigmun Freud fue un gran escritor. Él quería ganar el Nobel como escritor. Sólo obtuvo el Goethe, que también es un premio literario muy importante.




