Universitarios investigan la historia gastronómica de Milpa Alta

17/01/2015 - 3:15 pm

México, 17 Ene (Notimex).- La comunidad de Milpa Alta está de fiesta permanentemente y en resistencia ante el crecimiento urbano que se ha comido a los pueblos originarios de la cuenca de México, aseveró María de la Luz del Valle, estudiosa de las costumbres de estos lugares.

Del Valle Berrocal es egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), miembro del Grupo Mexicano de Antropología Alimentaria e investigadora de las costumbres de pueblos originarios de Milpa Alta, Tláhuac y Xochimilco.

En un comunicado expuso que en ellos prevalece la algarabía, cohetes y comilonas. En sus barrios y colonias se celebran cerca de 700 fiestas anuales, es decir, de dos a tres al día en promedio.

Acerca de los milpatenses, indicó, pueden vivir con tanta fiesta porque son dueños del llamado oro verde. “Sí, en Milpa Alta se cultiva el nopal-verdura y se vive de él. Esta delegación política abastece de tal producto a gran parte del Distrito Federal e incluso lo exporta a Japón”.

Las nopaleras son un gran negocio pues en poco tiempo este cultivo les genera ganancias porque a diferencia de otras verduras requiere menos cuidados.

No necesita riego, por ejemplo y el tiempo para cosechar se da prácticamente todo el año. Cuentan con 300 recetas para su preparación y la de mayor demanda es la de escabeche.

“Pero no sólo viven de nopales. En esa delegación también hay toda una industria establecida para la producción de carnitas y barbacoa, que se ramifica al resto del Distrito Federal”, señaló Luis Alberto Vargas Guadarrama, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la máxima casa de estudios del país,

En efecto, 99 por ciento de los milpatenses son comerciantes que venden carnitas y barbacoa en mercados establecidos y sobre ruedas.

Milpa Alta es una comunidad bilingüe, pues todavía se habla náhuatl y español, con tradiciones arraigadas que datan de la época prehispánica. Aquí, por ejemplo, está vigente el parto prehispánico, pues hay mujeres que siguen dando a luz en cuclillas, en casa.

También persiste la costumbre de ofrecer el recién nacido a los distintos puntos cardinales. Además de ser defensores de sus tradiciones, son meticulosos en lo que se refiere al cuidado del ambiente.

Se han opuesto a que cadenas transnacionales de pizzas y hamburguesas establezcan negocios en su comarca, pues creen que podrían acabar con sus tradiciones, entre ellas, la culinaria.

Aunque en esta delegación se lleva a cabo la Feria Nacional del Mole, las comidas de sus fiestas son muy especiales. No consumen mole con pollo o guajolote sino con carne de puerco o de res.

Les conviene matar una vaca que muchos pollos o guajolotes, porque es práctico y obtienen carne suficiente para atender a cientos de personas.

La mayordomía principal es en honor del Señor de Chalma y por ese motivo se organiza una peregrinación al santuario que lleva su nombre, ubicado en el Estado de México.

Durante su ciclo de fiestas se realizan algunas celebraciones en las que se atiende a 500, 800, incluso hasta mil comensales. Las otras mayordomías llegan a reunir hasta 300 participantes y casi todos se llevan su itacate. Desde el punto de vista económico, esto duplica los gastos, indicó Vargas Guadarrama.

Del Valle Berrocal señaló, “en cuanto a la dieta diaria, se incluyen quelites, calabacitas y chilacayotes”.

“Lo que comen también depende de la temporada. En época de lluvias, por ejemplo, hay una amplia variedad de hongos: escobeta, clavito, trompa de cochino, tejamanilero, guajitos, panza, ojo de venado, mezayale, duraznillo y temita, entre otros”.

Igualmente, consumen un chile de temporada el chicuarote, que se da en el mes de julio. Junto con habas y carne de puerco preparan un guiso. Y el 1 y 2 de noviembre elaboran su pan de muerto.

Redacción/SinEmbargo

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