¿Qué pasa con Pussy Riot? Un breve recorrido para entender el caso de las rusas más famosas en la actualidad

08/08/2012 - 2:05 am

Esta fue la gota que derramo el vaso para el gobierno de Rusia:

El 26 de febrero de este año en la Catedral de Cristo Salvador, de Moscú el grupo de rock femenino Pussy Riot realizó una especie de concierto/performance/protesta/oración, para pedirle a la virgen que quitara a Vladimir Putin de su cargo.

Días después Nadezhda Tolokonnikova, Maria Alyokhin y Yekaterina Samutsevich fueron detenidas y desde entonces no han abandonado la prisión. Actualmente se les acusa de provocar el odio entre religiones, tomando como base la naturaleza ortodoxa del recinto en donde decidieron manifestarse, además de las protestas de diversos grupos religiosos.

No obstante, cada vez son más las personas que creen que el prolongado encierro de las tres artistas de 23, 24 y 29 años, respectivamente, se debe más a fines políticos que a un intento por preservar la paz social en Rusia.

Mientras tanto, en la capital del país europeo las opiniones están divididas respecto a las acciones de las integrantes de Pussy Riot y, poco a poco, el mundo entero comienza a centrar más su atención en un caso que llama la atención por las complicaciones que adquirió, cuando -en teoría- debería ser un asunto legal rutinario.

MUJERES ENFOCADAS

A grandes rasgos: Pussy Riot es una banda de punk de Rusia. Las identidades anónimas de sus integrantes podrían recordarnos a otras agrupaciones como Slipknot o Brujeria. Sin embargo, más allá de la teatralidad y abierta pirotecnia de ambas bandas masculinas, la propuesta de las rusas tiene un objetivo específico. Al menos a partir de septiembre de 2011.

Pussy Riot tuvo sus orígenes en Moscú a partir de la segunda mitad de 2011,luego de que Vladimir Putin, actual presidente, anunciara entonces sus intenciones de volver a ocupar el puesto que había dejado cuatro años atrás en manos de Dmitri Medvédev.

A partir de entonces, Pussy Riot se dedicó a hacer una serie de performances en la capital rusa, organizando sus actos en tiendas de ropa, publicidad o desfiles de moda, con lo que el carácter contestario de la banda se hizo notar en un periodo muy corto de tiempo.

LAS MIRADAS AJENAS

Ha pasado ya casi medio año desde que Tolokonnikova, Alyokhin y Samutsevich fueron encarceladas y a pesar de que en un inicio se hablaba de una probable condena de siete años, los últimos informes indican que sólo podrían ser tres, en caso de que se les encontrara culpables del delito de vandalismo.

A medida que pasan los días son más las organizaciones civiles y grupos de derechos humanos los que se suman a la causa de las tres activistas, e incluso figuras de la música como Pete Townshend de The Who y Neil Tennant de los Pet Shop Boys han pedido su liberación.

Asimismo, la cantante Madonna manifestó su apoyo a Pussy Riot, declarando que sería una tragedia que las tres detenidas fueran a prisión por tanto tiempo. "Estoy en contra de la censura, a lo largo de mi carrera siempre he promovido la libertad de expresión... creo que el arte debe ser político, creo que el arte a través de la historia siempre ha reflejado lo que ocurre socialmente, así que para mí es muy difícil separar la idea de ser un artista y ser político", declaró.

EFECTO BÚMERAN

Destaca que sea precisamente un grupo feminista quien ponga en entredicho a Putin, aun más allá de las políticas del actual presidente ruso, sobre todo si tomamos en cuenta que una de las cosas que más recuerda el mundo entero de su campaña es a un sujeto tocando los senos de mil mujeres como una táctica para conseguir votos.

Hay que aclarar que las protestas contra el actual mandatario ruso vinieron de diversos frentes que se oponían a su regreso, sin embargo es Pussy Riot quien ahora paga los platos rotos. No obstante, resulta irónico que después de una campaña de toques tan abiertamente sexistas como la de Putin, sean tres chicas las que precisamente se estén convirtiendo en su más grande dolor de cabeza en esta recién iniciada administración.

Redacción/SinEmbargo

Redacción/SinEmbargo

Lo dice el reportero