
Ciudad de México, 3 de mayo (SinEmbargo).- Buey solo bien se lame, dice el refrán. Pero el británico Damon Albarn ni es tan buey ni está tan solo, aun cuando el martes 29 de abril haya lanzado mundialmente su tan esperado disco Everyday Robots.
Fuera de Blur, fuera de Gorillaz, aunque adentro de todo lo que le interesa y, como sabemos, siempre le importa mucho: desde la música cubana a los sonidos antiguos, sin dejar los adelantos tecnológicos aplicados a la música, sin olvidar sus raíces en el brit pop.
Su primer trabajo en solitario ofrece 12 nuevas canciones que han resultado en su mayoría catárticas para el artista nacido en Londres en 1968. “Es mi relato, es mi voz y son mis temas, pero la producción de Richard Russell creó una atmósfera especial que me hace sentir que en un sentido no es del todo mi disco”, ha declarado Albarn con su habitual modestia a la Rolling Stone.
Con la colaboración de Brian Eno (su vecino, a quien se encontraba a menudo en el gimnasio), de Natasha Khan (Bat for Lashes) y de la iglesia de su infancia, cuyos miembros del coro accedieron a participar en el disco, Damon se muestra profundo y verdadero.
Su voz, sensual y evocadora como pocas, se oye clara y sugestiva en medio de letras y melodías que privilegian su lado melancólico, su afición a la nostalgia y, sin duda, el compromiso con la crisis existencial de un hombre que en la mediana edad admite saber poco, casi nada de la vida.
El también líder de The Good, The Bad & the Queen y Rockey Juice and the Moon esgrime una tristeza traducida en sonidos extraordinariamente densos y ligeros a la vez, como si la insoportable levedad del ser fuera menos insoportable gracias a la música, siempre salvadora, sanadora.
LAS CANCIONES
En "Lonely Press Play”, Damon Albarn canta: “si te sientes solo, dale al play y no sólo esa, sino casi todo el disco es una profunda reflexión sobre las relaciones humanas y el efecto que la tecnología produce en ellas.
“Somos casi todos robots controlados”, afirma en la canción que da nombre al disco.
Los viajes que hizo por África, en los que recorrió Nigeria y Mali, se concretaron en grabaciones musicales junto al batería africano Tony Allen y le han brindado ahora la inspiración para escribir una de los 12 temas de su primer trabajo sólo al micrófono.
"El señor Tembo en su camino por la colina...", entona un alegre Albarn, de 46 años, acompañado por un ukelele y un coro de góspel en la canción más divertida del álbum, "Mr. Tembo", dedicada a una cría de elefante que conoció durante un viaje al Congo en 2011.

La esencia biográfica se encuentra, a juicio de la crítica británica, en el título "Hollow Ponds" que recorre alguno de sus recuerdos de la infancia, como la ola de calor que azotó el Reino Unido en el verano de 1976, cuando tenía ocho años.
"You and Me", dos canciones que se unieron en una, recoge su faceta más polémica, el consumo de heroína que lo convirtió en un compositor "increíblemente productivo" durante los ‘90, según relató recientemente, al tiempo que desveló que la droga llegaba a su casa de la mano de su novia, Justine Frischmann, solista del grupo Elastica.

Las notas cortas y rápidas de "Parakeet", una canción que dedica a los periquitos de Londres, la melodía nostálgica de "Seven High", un tema que escribió mientras contemplaba los rascacielos del horizonte londinense, o la tristeza que desprende "Photographs (You Are Taken Now)" conforman su carta de presentación como artista en solitario.
"Selfish Giant" cuenta con la colaboración de Natasha Khan, de Bat for Lashes, mientras que "Heavy Seas Of Love", más alegre, reúne al micrófono al músico británico Brian Eno y a un coro infantil, que animan la melodía y cierran el álbum con una despedida optimista.
Con información de efe




