México, 20 Feb (Notimex).- Como la voz del México postrevolucionario que concebía la buena educación como condición para ejercer la democracia, recordó el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), al escritor Javier Barros Sierra (1915-1971) en el centenario de su natalicio.
En un comunicado, el INAH describió a Barros Sierra como el constructor del espíritu contemporáneo, quien tenía la esperanza de que la educación fuera una condición para la igualdad de oportunidades en una sociedad.
La memoria histórica de Javier Barros, se sitúa en su fecha de nacimiento, el 25 de febrero de 1915, año difícil, ya que fue el año del hambre, donde México fue absorbido por una guerra civil.
Barros Sierra estudió ingeniería civil y ciencias matemáticas; fue profesor prestigiado y director de la Escuela Nacional de Ingeniería, dirigió el Instituto Mexicano del Petróleo y posteriormente fue secretario de Obras Públicas, pero su espacio confortable, eran los espacios burocráticos.
Algunas personas cercanas a él lo describían como un hombre de gran energía, quienes también afirmaron que se desprendía un contagio de valor y felicidad por la lucha, al estar cerca de él, esto quedó probado por la rectoría de la Universidad Nacional.
Asumió el cargo de rector de la Universidad Nacional Autónoma de México el 5 de mayo de 1966, y lo entregó el 20 de abril de 1970, periodo en el que la Universidad requería de actualización de sus programas de estudio y pedagogías.
Tuvo la visión de planear y practicar las reformas educativas, para que regresaran a la Universidad el espíritu de creación y conocimiento, capaces de fincar al diálogo, como principio de convivencia y equilibrio, señaló el INAH.
Imaginó a la Universidad como un ser vivo, inteligente y generoso, confesó a Gastón García Cantú, en una de sus conversaciones, aplicó reformas académicas y administrativas, elevó el rango de facultades profesionales e introdujo las materias Estéticas y Bellas Artes en la enseñanza media superior.
El propósito principal era preparar al profesional que la sociedad de la segunda mitad del siglo XX demandaba, siempre defendió a la Universidad, su rectitud y valentía nutrieron su fama, que sería su verdadera huella.
Gracias a su reforma educativa universitaria, unió lo que la generación porfiriana abismó, y desde entonces se aceptaría sin crítica la enseñanza de las ciencias y humanidades como perspectivas de una sola realidad, asegura el INAH.
Los historiadores y antropólogos del INAH aprovecharon la coherencia intelectual que logró convertir Javier Barros, la enseñanza científica de la antropología y de la historia gracias a la libertad de pensamiento e investigación.
Barros Sierra murió a los 56 años de edad y se le recuerda como el constructor que regeneró la enseñanza superior de la generación del final del siglo XX, su legado se cifra en la educación superior competitiva, con la mirada hacia el futuro, concluyó el INAH.




