¿Apocalipsis analógico?

Alicia González

01/06/2013 - 12:02 am

La caja parlante se quedó en silencio al menos para 14 mil familias en Tijuana. Puntiagudos seres copularon en la pantalla gris cuasi rata, burlándose desde las primeras horas del 28 de mayo con una leyenda por parte de Cofetel que invitaba a los “desconectados de la realidad” a acercarse al Ayuntamiento para reclamos o aclaraciones.

Cofetel, cual si fuera un hurtador de la señal analógica, le robó la esencia de la vida a esos hipnotizados de la pantalla que vivían a través de ella y las tramas siempre novedosas que habitaban en sus transmisiones: la Cenicienta moderna que se venga de quienes la trataron mal por su condición humilde, el programa de concursos empalagoso y salpimentado de colores en exceso que provoca una cacofonía visual.

Minutos después los noticieros que declaman falacias en forma de noticias, hechos intrascendentes que pasan como los titulares del día, envenenan el colectivo imaginario, y harían falta como las tortillas y la Coca Cola, ¡oh alimento cerebral, lo que darían porque tomaras posesión de la voluntad mexicana de nuevo!

Y lo más seguro es que así sea, ya que como anuncian los pañuelos desechables, “yo sin ellos no puedo vivir”. Ausencia de contenido audiovisual que enloquece a los que no cuentan con pasatiempos o aficiones más allá de la  televisión,  falta de un insecticida contra la soledad o el apagamiento de unas neuronas en caravana que comienzan a renacer tras el apagón analógico del aparato receptor.

Sin televisión y sin cerveza, Homero pierde la cabeza. ¿Sería el mismo ejemplo para los mexicanos? Un adiós temporal a las reflexiones filosóficas de Laura o Rocio y sus mediaciones en las problemáticas familiares, que gran pérdida para los ilustres televidentes.

Pero nadie se quedó callado. La locura se encendió en los burlados por la broma televisiva que dejaría ciegos a los que no pueden prescindir de la visión a distancia, ni pueden pagar el servicio de  televisión por cable. No se escucharon clamores por el alza a los precios, la violencia, la corrupción, pero si por el apagón analógico. Prioridades del pueblo mexicano, ser los espectadores de la caja parlante.

Las voces del poder tomaron ventaja y aseguraron que en plena pasarela electoral regalarían cajas digitales a las familias desprotegidas, sin intención claro de ganarse votos, sino cubrir una necesidad realmente esencial, la sed de informarse y entretenerse en los hilos de la señal abierta.

Unos polvos de conciencia se lanzaron sobre los receptores para combatir esa hipnosis mediática que pone en perspectiva el pensamiento del común denominador o al menos otorgó la oportunidad para hacer la diferencia en actitud. Menos agresividad, complejos corporales, dramas baratos, ingenuidad publicitaria e informativa, otro tipo de ceguera.

¿Este fue el comienzo del fin? ¿Un nuevo romance se sembró? Quizá la lectura pudiera ser la solución, una nueva ventana que genere adicción en los antiguos televidentes y sea capaz de hacerles creer que no piensan, cuando en realidad comienzan a hacerlo de otra manera con más frecuencia.

@taciturnafeliz

Alicia González

Lo dice el reportero