Guillermo Fadanelli dialogó sobre el regreso de su personaje Benito Torrentera, y las complejas reflexiones que plantea en torno al individuo y al poder político en México.
Ciudad de México, 23 de enero (SinEmbargo).– Guillermo Fadanelli trajo de vuelta a su personaje Benito Torrentera en su nueva novela Fango (Random House), una secuela de Lodo que escribió hace dos décadas, “por una especie de remordimiento subjetivo” que lo sitúa en medio de una trama en la que tendrá que confrontar su concepción del individuo a partir del otro, del pesimismo y del distanciamiento moral en un entorno en el que yace debajo del peso asfixiante del poder político en México.
“Pasaban los años y yo recordaba a mi personaje, Benito Torrentera, enclaustrado en una cárcel, en un penal en Michoacán (en donde es recluido en los hechos que narra en su novela Lodo), y pensé que sería una buena acción sacarlo de la cárcel y traerlo otra vez a la Literatura y a la vida cotidiana, que siempre están confundidas”, comentó Fadanelli en entrevista.
En Fango, Benito Torrentera, vuelve a la Colonia Roma en la Ciudad de México tras haber estado en prisión por el asesinato de dos hombres. Desde su viejo departamento, entre botellas vacías, lecturas inconclusas y conversaciones decadentes, relata su descenso a un mundo que trata de descifrar desde una “melancolía nihilista”, un mundo que tendrá que confrontar a partir del encargo que le impone su hermano, Esteban, un político de moral ambigua: escribir la biografía de José Nemesio Santos Degollado, “el general derrotas” en quien encuentra un espejo para reflejarse como “el profesor de derrotas”.
Así, Benito Torrentera, quien pasa de enfrentarse al narcotráfico en Lodo a tratar con los “tentáculos del poder político” en Fango, se ve obligado a escribir una monografía para su hermano, un político pragmático. “Algo que detesta Benito Torrentera es al político corrupto, al político que desde el poder solo mira sus intereses. Y lo ve retratado en su propio hermano, que además es quien lo saca de prisión para usarlo”, explica Fadanelli. Esta relación crea un “contrapunto” constante entre “el nihilista contra el pragmático que utiliza el poder para enriquecerse”.
“Son dos morales distintas (la de Benito y su hermano Esteban). Pero aun así, a través del escarnio, la ironía, la paradoja o el comentario mordaz, siguen conversando. Incluso se ayudan mutuamente. Al hermano político le interesan las reflexiones de su hermano, el profesor de derrotas”, ahondó Fadanelli en la charla.
Esa relación, de hecho, se configura como un microuniverso de cómo funcionan las relaciones de poder a mayor escala entre la clase política, los gobernados y el resto de la sociedad. “Yo considero que la política es conversación entre contrarios, construcción de contratos sociales que beneficien a todos. En todo contrato siempre perdemos algo, y hay que estar dispuestos a perder”.
“Eso me reafirma en la idea de que la oposición política extremista no nos lleva a ningún lado. En la novela aparecen figuras del siglo XIX que buscaron la paz en medio de la guerra, como Ignacio Comonfort o Santos Degollado, degradado por Benito Juárez cuando intentó edificar una paz por su cuenta”, apuntó. “Ahí está lo trágico de lo humano. No soy historiador, pero me interesaba rescatar esa complejidad”.
En medio de su pesimismo, Torrentera se convierte en un “héroe anónimo” que hace justicia por su propia mano. “No es un hombre que crea en el bien y el mal; yo mismo creo que son construcciones humanas, contratos morales. Y él no titubea para convertirse en una especie de héroe anónimo. Digo ‘héroe’ para acentuar un poco el ridículo”, afirma el escritor, señalando la “ambigüedad moral que corroe a Benito Torrentera”.
En ese sentido, indica el reflejo que existe entre Benito Torrentera y él mismo: “No es una novela autobiográfica, obviamente, pero hay una cercanía ética: el pesimismo, el distanciamiento moral que Benito tiene hacia su sociedad. Y sin embargo resulta ser una especie de héroe anónimo. En el fondo subyace una ética encaminada al bien social, pero él no la acepta porque prefiere partir de la idea de la derrota, del pantano, para comenzar desde abajo, sobre todo de manera individual”.
Fadanelli refiere que si algo tiene Benito Torrentera es un amor al individuo. “Pero no hay individuo sin los otros: uno es también lo que son los demás. Incluso si los detestas —si eres nihilista, pesimista o amargado— no puedes ser tan mezquino como para no desear el bienestar de tu comunidad, porque eso fortalece al individuo”.





