Donald Trump insiste en instalar, desde la cumbre del poder, narrativas discriminatorias y fascistas para convertirlas en políticas y formas de gobernar abiertamente supremacistas.
Ciudad de México, 11 de febrero (SinEmbargo).- Hace unos días, en los primeros días del Mes de la Historia Negra para Estados Unidos (EU), algo impensable apareció en la plataforma oficial de redes sociales del ultraderechista Presidente Donald Trump: un video donde se insertaban los rostros de Barack y Michelle Obama en simios animados. La canción: “El león duerme esta noche”. Apareció al final de un montaje más amplio que promovía teorías conspiracionistas sobre las elecciones de 2020 en ese país y permaneció en línea durante aproximadamente 12 horas antes de ser eliminado.
George Cassidy Payne, en el sitio alternativo Common Dreams, dice que la publicación de la ofensa contra los Obama, como otros gestos fascistas de la administración, no son descuidos. “Atacó directamente a una larga y cruel tradición de caricaturas racistas utilizadas para degradar y deshumanizar a las personas negras. Que estas imágenes vinieran del más alto cargo del país exigía más que vergüenza, exigía rendición de cuentas. Pero lo que siguió fue predecible: desvío desdeñoso, minimización y ninguna consecuencia. La Casa Blanca inicialmente etiquetó la crítica como ‘indignación falsa’, afirmó que era ‘sólo un meme’ y luego dijo que fue ‘publicada erróneamente por un miembro del personal’. Ningún miembro del personal ha sido nombrado, y el Presidente declaró públicamente que nadie enfrentaría repercusiones. Cuando se le presionó para que se disculpara, dijo que ‘no cometió ningún error’ porque no había visto la parte ofensiva”.
Pero el hecho ha abierto un debate intenso en Estados Unidos sobre la decadencia de ultraderecha instalada en la Casa Blanca. Hoy, en The New York Times, un texto de Jamelle Bouie (que titula: “Tenemos que mirar directamente a la cara en lo que nos hemos convertido”) dice:
“Cualquier esfuerzo serio para rendir cuentas por las acciones de este gobierno —para abolir el ejército privado del Presidente [ICE, Patrulla Fronteriza], reestructurar la aplicación de la Ley migratoria y castigar a los responsables de irregularidades— debe incluir la compensación y la reparación para sus víctimas. Y de cara a una Cámara de Representantes, un Senado o ambos liderados por los demócratas, el primer paso en ese camino debe ser una mayor investigación pública y testimonios como los que ya hemos visto en Los Ángeles, Minneapolis, Chicago y dondequiera que la administración [Trump] haya dejado su huella. El pueblo estadounidense necesita conocer la historia completa de lo que se ha hecho en nuestro nombre. Y las personas a las que hemos perjudicado merecen la oportunidad de hablar y ser escuchadas”.
EEUU —ESCÁNDALO Trump difunde un video en el que aparecen Michelle y Barack Obama como simios. Miembros del partido de gobierno y opositores lo han tildado de racista y exigen se disculpe públicamente con Michelle, Obama y la comunidad afroamericana #InformaciónParaTi pic.twitter.com/XaNjkqctue
— 𝗦𝗘𝗖𝗥𝗘𝗧𝗢 𝘈 𝘝𝘖𝘊𝘌𝘚 𝗣𝗥𝗘𝗡𝗦𝗔 (@ruidiaz_ddhh) February 9, 2026
“La retórica no puede borrar la historia”, agrega Cassidy Payne. “Este episodio, por impactante que fue, es más significativo como espejo: refleja un patrón de larga data de negación, ofuscación y daño racializado que se extiende mucho más allá de cualquier meme o publicación en redes sociales”.
Mucho antes de que apareciera este video, dice, la vida pública de Donald Trump estaba envuelta en controversia racial. “En 2011, saltó a los titulares nacionales al exigir a Barack Obama la publicación de su certificado de nacimiento, cuestionando incluso si el primer Presidente negro había nacido en Estados Unidos. Calificó a Obama de ‘fraude nacido en el extranjero’, a pesar de la clara evidencia de lo contrario. Esta campaña sobre el lugar de nacimiento de Obama no fue un desliz de juicio; fue un esfuerzo deliberado y sostenido para deslegitimar y menospreciar al primer ocupante negro de la Casa Blanca, una estrategia que avivó la desconfianza racial y alimentó el resentimiento nativista en todo el país”.
Ese patrón continuó. En 2018, “Trump supuestamente se refirió a Haití, El Salvador y varios países africanos como ‘países de mierda’, expresando su preferencia por los inmigrantes noruegos. Este lenguaje deshumaniza a naciones enteras y a sus poblaciones predominantemente no blancas, moldeando la percepción global y las actitudes nacionales por igual”, dice el autor del texto en Common Dreams y recuerda un episodio en el pasado de Trump:
A finales de la década de 1980, durante el caso de los Cinco de Central Park, Trump publicó anuncios a página completa en periódicos pidiendo la pena de muerte para cinco adolescentes negros y latinos, posteriormente exonerados mediante pruebas de ADN. Incluso después de demostrarse su inocencia, insistió públicamente en su culpabilidad, reforzando narrativas falsas que avivaron el miedo y la desconfianza raciales.
“El video de Obama, los ataques a los defensores de la teoría del lugar de nacimiento de Obama, los intentos de deslegitimar el liderazgo negro, los anuncios de los Cinco de Central Park, la demanda por discriminación en la vivienda y los comentarios sobre ‘país de mierda’ no son incidentes aislados. Forman un patrón en el que el daño racial se desestima, se desvía o se minimiza constantemente, incluso cuando las políticas siguen afectando desproporcionadamente a las comunidades de color”, señala George Cassidy Payne en el sitio alternativo.
Pasar la página
Jamelle Bouie, en The New York Times, cuenta en su texto una historia reciente: El 4 de octubre, Marimar Martínez, asistente de maestra en una escuela Montessori, conducía por Chicago cuando vio a agentes federales de inmigración patrullando. Había empezado a tocar la bocina para advertir a sus vecinos de su presencia cuando chocó contra un vehículo de la Patrulla Fronteriza. Momentos después, el agente en el vehículo, Charles Exum, disparó varias veces contra el coche de Martínez, impactándola repetidamente.
“Más tarde, Exum presumiría ante sus colegas que había ‘disparado cinco balas y que ella tenía siete agujeros’”, dice. Añade: “Los fiscales del gobierno acusaron a Martínez de agredir a un agente federal y la acusaron de intentar embestir a Exum con su vehículo. El Departamento de Seguridad Nacional calificó sus acciones de terrorismo doméstico, una acusación que la agencia reiteraría tras la muerte de Renee Good en enero a manos de otro agente de inmigración”.
Sin embargo, “el caso del gobierno se desmoronó cuando se hizo evidente que su historia no encajaba con las pruebas, pruebas que los funcionarios de Aduanas y Protección Fronteriza intentaron ocultar. El gobierno retiró la demanda contra Martínez un mes después, y el viernes pasado un Juez federal autorizó la publicación de las imágenes de la cámara corporal para que el público pudiera presenciar el incidente”.
Black History Month is a time to recognize the lived, shared experience of all Black folks who have fundamentally shaped, challenged, and ultimately strengthened America. It’s about taking an unvarnished look at the past so that we can create a better future. As we mark 100 years… pic.twitter.com/WLZ5EpHK1K
— Barack Obama (@BarackObama) February 1, 2026
Bouie cita a Kidada E. Williams, en su libro Vi venir la muerte:
“Las sociedades que sufren atrocidades luchan por detenerlas y abordarlas de forma significativa. Los perpetradores quieren alcanzar sus objetivos y propagan mentiras infundadas para lograrlo. Las víctimas quieren que cese la violencia y exigen justicia. Un pequeño grupo de observadores cree en la justicia y la rendición de cuentas. El resto, especialmente quienes están a salvo de ser perseguidos y los beneficiarios pasivos de las atrocidades, simplemente quieren pasar página y borrar la historia”.



