
Ciudad de México, 23 feb (SinEmbargo).- Aunque parezca mentira, Charly García es el músico más modesto de todos los músicos a la hora de analizar sus experiencias junto al grupo considerado en Argentina tan grande como los Beatles.
Sucede que el gran “bocazas” sudamericano, el tipo que es capaz de sentirse tan Dios como Maradona y de exigir a grito pelado que lo pongan en un podio al lado de Lennon y de Mc Cartney, sabe que Seru Giran fue sin dudas su proyecto más grupal.
El fruto de una comunicación formidable entre cuatro artistas irrepetibles, pero al mismo tiempo la pasión truncada por los excesos de un líder que no quería serlo y la manifestación absoluta de un entendimiento musical que no tendrá su eco, al menos entre sus protagonistas.
Nació en plena dictadura argentina. Cuando, como dice el cantautor emblemático León Gieco “el fútbol se lo comió todo”.
Eran los tiempos del Mundial, ganado con mañas criollas no del todo santas (remember el 6-0 de Argentina-Perú?) y de las desapariciones forzadas de millares de ciudadanos molestos para el mandato sangriento del teniente Videla y compañía.
Nació en Brasil, donde Charly García había ido en persecución de su segunda mujer, Zoca. Y nació con dudas de los propios convocados por el hombre del bigote bicolor.
El bajista Pedro Aznar, que dejaría luego la banda para integrar las huestes del estadounidense Pat Metheny, el guitarrista David Lebón, un músico sutil que alcanzara en Seru su mayor expresión artística de juventud y el efectivo y viejo baluarte del rock sudamericano Oscar Moro, en la batería, no creían en que el delirio de Charly fuera a alguna parte, por lo menos a algún puerto en el que el destino fuera la masividad, el dinero, la fama y la placa de oro en la historia de la música argentina.
Sin embargo, Seru Giran, cuyo nombre no significa nada, significó un hito musical que hoy se valora como uno de los más trascendentes en la memoria del rock argentino.
Un sonido particular, producto del enorme entendimiento que abonaban los cuatro integrantes, en los tiempos más gregarios de Charly, el privilegio de la canción redonda, con letras de alto contenido poético y que daban cuenta, en metáforas que lograron pasar la fuerte censura reinante, de las atrocidades cometidas por los militares de entonces hicieron de Seru la banda con la que todas las clases sociales argentinas se sintieron identificadas.
Seru Giran, el primer disco, hecho en 1978, sorprendió por su complejidad armónica y por la incorporación de una orquesta de 24 músicos en canciones como “Eti Leda”.
La grasa de las capitales, un compendio de canciones directas que denunciaban la frivolidad de los medios de comunicación argentinos, opuesta a la ola de crímenes a cargo de una dictadura feroz que ya empezaba a mostrar sus debilidades, dividió aguas y puso a la agrupación en el centro del interés periodístico.
Luego llegó Bicicleta, grabado en 1980, un disco prodigioso con ocho canciones que hoy son clásicas. ¿Cómo elegir la mejor entre “A los jóvenes de ayer”, “Desarma y sangre” o “Encuentro con el diablo”?
El álbum trae el tema que luego se convertiría en un himno de la resistencia contra la opresión militar “Canción de Alicia en el país”, una de las tantas letras veladas de García para protestar por el estado de las cosas con metáforas imposibles de comprender por los censores de la época.
En 1981 fue el turno de Peperina, llamado así en “homenaje” a una periodista de la provincia de Córdoba con la que García se había enfrentado mediáticamente. Con temas como el que da título al disco y “Cinema Verité”, la mayoría de ellos compuesta por Charly y Lebón, la placa representó el principio del fin de la agrupación.
Luego de eso, publicarían No llores por mí, Argentina, en 1982, el último disco del cuarteto antes de su disolución, grabado en vivo en el estadio de Obras Sanitarias. En este disco se dio a conocer “No llores por mí Argentina”, un tema paradigmático en la obra de García y uno de los más populares en la historia del rock sudamericano.
Pasó una década y Seru Giran volvió con Serú’92, un álbum de la medianía creativa, muy pop y bastante decepcionante para sus seguidores, con hits como “Mundo agradable” y que resultaría un éxito comercial, con más de 200 mil unidades vendidas.
El disco doble en vivo, con el concierto en River Plate de la reunificada agrupación en 1993, certificaron el fin de una banda gloriosa e inolvidable, destinada a perdurar generación tras generación en la historia del rock en español.
EL REGRESO 2, SIN OSCAR MORO, CON CHARLY GARCÍA, PEDRO AZNAR Y DAVID LEBÓN
La noticia que llegó de Argentina no alcanzó como es lógico la relevancia de un titular de periódico. Es más, en nuestro país ni siquiera ocupó un lugar en las secciones de breves, pero hace 10 días se dio el segundo regreso de Seru Giran.
Según los cronistas de aquel país, el breve reencuentro de la agrupación, sirvió para “recordar, aunque sea por unos minutos, la época dorada del rock nacional”.
Fueron solo dos temas, en el marco del Festival Cosquín Rock 2013, en la provincia de Córdoba, “Perro andaluz” y “Seminare”.
“Falta nuestro baterista, Oscar Moro, pero hoy vuelve Serú Girán”, dijo García, tras lo cual invitó al escenario a David Lebón y Pedro Aznar.
Como se sabe, Oscar Moro falleció el 11 de julio de 2006, a los 58 años, dejando un legado inigualable como baterista en las mejores bandas del rock argentino, Los Gatos, Color Humano, La máquina de hacer pájaros y la nombrada Seru Giran, entre otras.
Charly García tiene hoy 60 años y ya no es el de entonces. Pero aun lo que haya quedado de Carlos Alberto García Moreno, tras su paso por las clínicas que lo resucitaron de su prolongada adicción a la cocaína, da de sí cuando se trata de un músico extraordinario, como es sin dudas la leyenda del rock sudamericano.
Así lo comprobaron las 40 mil almas reunidas que vivieron un momento inolvidable e histórico.
Seru Giran volvió, por un ratito. Y con ese regreso volvió también nuestra juventud, una banda que no fue comprendida en su momento pero que hoy es el paradigma de, como bien lo dijo Charly García, debe ser una banda de rock.
Es cierto que sin Oscar Moro ya no hay Seru Giran, pero parafraseando la letra de “Perro andaluz”: no somos tontos en seguir a Charly, porque nuestro amor por su música no acabará una de estas noches. Seguirá y seguirá, porque así está escrito.






