Ciudad de México, 1 de junio (SinEmbargo).- El verano 2013 será un simulacro de lo que será el esperado 2014. Con la Copa Confederaciones como eje central, la actividad de la selección mexicana arrancó ayer un camino largó y tortuoso que implicará tres partidos eliminatorios para el mundial de Brasil. Ante 60 mil personas, México enfrentó a Nigeria queriendo despejar dudas serias que los últimos meses tienen preocupados a los aficionados de este país.
Con la misma actitud y estilo agresivo de juego, el problema pasa por la única estadística que determina el éxito o el fracaso en este deporte. México no logra ganar. Después de un inicio prometedor en la era Chepo de la Torre, la vuelta que da el futbol ha llegado demasiado pronto al seleccionado azteca. Con distracciones, errores arbitrales o la famosa mala suerte ha tenido que convivir México y acabar partidos cabizbajos.
Más allá de cualquier análisis, la falta de victorias que dan calma, empieza a provocar comentarios de incertidumbre respecto a la actitud de los jugadores cuando se visten de verde. El año pasado fue espectacular. La clasificación al hexagonal, buen funcionamiento y, sobretodo, una medalla dorada olímpica fue el resultado de la selección nacional. Hoy las cosas son distintas. Los halagos al carácter recio de José Manuel de la Torre hoy es visto como arrogancia por parte de la prensa.
Ante un equipo parchado que tuvo problemas para armar su convocatoria, México se quedó con diez tras la expulsión a Pablo Barrerá por un penalti que no existió. El carácter y el buen futbol regresaron por momentos en Houston. Fue Javier "Chicharito" Hernández quien con el oportunismo de siempre anotó un doblete que lo coloca como quintó goleador en al historia de la selección. Con buenas sensaciones en el trato del balón, la estadística fría de no ganar continúa.
Con el grupo concentrado de aquí a un mes, con apenas par de días de entrenamientos con plantel completo, el amistoso de hoy pintaba para reavivar el fuego y la satisfacción que queda en el cuerpo cuando se gana. Hoy otra vez las declaraciones de los jugadores vuelven a ser sobre tranquilidad y confianza al futuro. Un futuro que ya está encima. El martes 4 de junio, Jamaica recibe a México por eliminatoria.
El Caribe suele ser un cliché de paraíso, no así para el futbol nacional que no logra adaptarse a las condiciones adversas como el clima, la cancha y la gente. Sin embargo, es menester exigirle a una selección que, bajo el argumento que sea, paraliza a gran parte del país cuando se juega algo importante. Las adversidades han estado desde siempre en este mundo bizarro llamado CONCACAF. Con el mote de "gigante" ganado a lo largo de los años, México deberá hacer valer la superioridad que en teoría tiene frente a Jamaica.
A lo largo de la historia, la selección mexicana ha partido como favorita. Con la excepción de un par de fracasos monumentales y un problema de cachirules, México es un invitado constante a las citas de cada cuatro años mundialistas tanto en lo deportivo como en lo comercial. Dejando fuera el proceso con Ricardo Lavolpe, las últimas eliminatorias han puesto a los aficionados a convivir con los nervios que todo amante del futbol preferiría evitar.
Con el verano en la puerta, la Copa Confederaciones parece quedar muy lejos por los compromisos vitales que se aproximan. El Caribe es la escala hacia Brasil con una parada rápida en el Azteca. Con la bandera del buen trato a la pelota, México se meterá a suelo inhóspito donde importa poco el buen juego. A México se le puede amargar el simulacro mundialista en tierras brasileñas si no empieza a hacer lo único que da campeonatos e historia en el futbol: Ganar.





