
Ciudad de México 21 de junio (SinEmbargo).- "Un mundo a punto de desaparecer, que se volvió inolvidable cuando llegó ella."
A mediados de 1989, existía un mundo que ahora es ajeno para muchos, e incluso desconocido. Una época en la que el planeta estaba divido en dos bloques que separaban a los seres humanos, pocas veces voluntariamente y en la mayoría de las ocasiones por el simple hecho de haber nacido en el lado equivocado de la frontera.
En Corea del Norte, por otra parte, mucho antes de Kim Jong-un e incluso antes de Kim Jong-il, las cosas no han cambiado demasiado en los últimos 24 años.
"La chica del sur" nos remonta a una época en la que muchos de los jóvenes de eran demasiado pequeños para recordar y de la que otros tantos conocen sólo por anécdotas.
Sin embargo, para los que estuvieron ahí, en ese momento de la historia en el que grandes cambios estaban por ocurrir, este documental es también una máquina de tiempo que renueva los recuerdos y los dota de un nuevo significado.
El Festival Internacional de Jóvenes y Estudiantes celebrado durante el verano de 1989 en Pyongyang, Corea del Norte, es el marco en donde se gesta el relato que cuenta José Luis García.

Es en ese punto tan alejado de su patria que el director conoce a la militante pacifista Im Su-kyong, de Corea del Sur, quien se convierte en una obsesión para García a medida que pasan los años.
De esta manera, José y su fiel amigo y traductor, Alejandro, se embarcan en un viaje a las antípodas como dos detectives que saben exactamente todo y al mismo tiempo nada.
O, como dice el sitio oficial de la película: "El colapso de las ilusiones de la juventud guían la búsqueda del cineasta, fascinado por el recuerdo de una joven activista coreana, la 'Flor de la Reunificación'".
El pretexto del viaje es entrevistar a la mujer que en el verano del 89 cautivó al mundo, entró (al menos la mitad socialista) con el anhelo de una nación unificada; una chica que recibió el nombre de una flor y cuya ausencia sirvió para alimentar la fascinación de José Luis.
José y Alejandro arriban a Corea del Sur, quizás sin saber con exactitud los motivos de su largo viaje, incluso conociendo a detalle a Lim Sukyung. Este viaje se despliega como una revelación para el mismo José quien, a medida que pasan los días, va descubriendo los motivos de su intrigante búsqueda, los cuales quedan registrados en este documental.
"Concluyo la película en un punto que es esa línea gris en medio de ese gran país en blanco y negro, con un personaje que intenta tender puentes", dice García.
El olvido de los lugares comunes, el destino que puede cambiar drásticamente de un momento a otro, son tópicos que el director argentino desarrolla a lo largo de los 94 minutos que dura el filme.
Sin embargo, más allá de crear una especie de moraleja, García utiliza como ejemplo su recorrido; una travesía que más que resultados tangibles sirvió para crear un nexo.
El documental recibió en 2012 el premio del público y mención especial del jurado en el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente, además de formar parte de la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Toronto el mismo año.
Ahora "La chica del sur" hace su arribo a diversas salas de cine de México, a través de la distribuidora ND Mantarraya, en donde además de las obvias esperanzas de obtener resultados favorables, el director da pie a la reflexión.
"Creo que la responsabilidad de todos, en nuestros países, es tender puentes y no cortarlos", concluye el director.





