Tlalpujahua, Mich. 9 Feb. (Notimex).- Considerada una de las productoras más ricas en oro y plata de todo el mundo, cuya época de bonanza se dio de 1908 a 1913, la mina Las Dos Estrellas está ubicada en el pueblo mágico de Tlalpujahua.
Es actualmente sede del Museo Tecnológico Minero Siglo XIX, cuyo principal interés es consolidarse como un espacio abierto a la cultura y la educación.
Fue descubierta en 1899, por el ingeniero francés Francisco J. Fournier, quien a pesar de los problemas económicos y la nula inversión, inició la excavación del primer túnel, sin imaginar la riqueza que había en el interior de la montaña, situada en el límite entre Michoacán y el Estado de México.
En su mejor época, Las Dos Estrellas contó con una planta laboral de hasta cinco mil trabajadores, que perforaron por lo menos mil metros de túnel en un mes, hasta llegar a la capa superior de la montaña, lo que representaba 200 kilómetros de socavones, cruceros y tiros.
En plena época de la Revolución Mexicana, se extraían de la mina hasta dos mil toneladas diarias de roca, que se procesaba para separar el oro del cuarzo, consiguiendo por lo menos tres kilogramos de oro y 50 de plata por tonelada.
Se estima que la producción total de la mina fue de 145 mil kilogramos de oro y dos millones 338 mil, de kilogramos de plata.
Sin embargo, a partir de 1915, los valores del metal bajaron y para mantener las ganancias se explotó a los trabajadores, por eso se dice que la mina fue una moneda de dos caras: por un lado, luminosa por su riqueza, y por el otro, oscura por la dureza del trabajo y la explotación del minero.
Los mineros tenían que trabajar largas jornadas a cambio de un salario muy bajo, además de que lo hacían sin ningún tipo de protección, sólo algunos tenían la oportunidad de comprar un casco y una lámpara.
Además, en 1937 una inundación destruyó parte de la mina y un desplome de lama sepultó a la tercera parte del pueblo de Tlalpujahua, aunque siguió operando, la situación fue empeorando hasta provocar su cierre en 1958.
Víctor Bernal, actual director del Museo, explicó a Notimex que luego del cierre de la mina se desmantelaron los talleres y se vendió la maquinaria para poder liquidar a los trabajadores, dejando en el abandono el lugar, “tuvieron que pasar 40 años para que se concretara el proyecto del museo”.
Fue hasta marzo de 1999, cuando Gustavo Bernal pudo reabrir las puertas de la mina al público para que visitara el recinto, que alberga 18 salas de exhibición permanente, tres temporales, un espacio escénico, siete talleres originales que datan de 1907 y tres almacenes de modelos de antiguas piezas de fundición.
Víctor Bernal indicó que fue una labor titánica recuperar los espacios de la mina, ir recolectando el acervo, fotografías, documentos, talleres y herramientas, que ahora se exhiben en las más de cuatro hectáreas que comprende el museo de sitio.
Actualmente, en el Museo sólo trabajan ocho personas, quienes ofrecen a los visitantes, sin costo, aunque se pide un donativo voluntario, un recorrido por uno de los socavones de la mina, así como por los talleres y salas de exposición.
“Nos interesa que el museo se convierta en un espacio de alta calidad para atraer a no sólo a los turistas, sino a los estudiantes de universidades e investigadores, que se convierta en un área de estudio”, apuntó.
Entre los proyectos contemplados destaca la creación de un taller botánico, el rescate de una planta de energía eléctrica y la reactivación del parque ecológico, “hay muchas cosas por hacer, pero confiamos que este museo se convierta en un espacio que sea de utilidad no sólo a los turistas, sino a los habitantes del pueblo”.
Cabe señalar que Tlalpujahua fue durante más de tres siglos, un sitio de bonanza minera con vetas de oro y plata, hoy, es un lugar que sobresale por su cultura, tradiciones e historia, por tal motivo fue designado Pueblo Mágico el 27 de junio del 2005.




