
Ciudad de México, 3 de abril (SinEmbargo).- “Si esto no es rock, ¿el rock dónde está?”: una de las frases contundentes con que el argentino Fito Páez le dio contexto discursivo a su demoledor concierto en el Plaza Condesa, ofrecido este martes en medio de un debate tácito que tiende precisamente a dirimir cuánto queda del rock en español en un país como México que parece haber renunciado al género musical que otrora supo dar grandes e importantes artistas.
Más allá de no poder adivinar como es lógico si hay vida después de Café Tacvba y Caifanes en un territorio inclinado a ponderar y a darle más relevancia a representantes de otras corrientes, por caso Los Tigres del Norte, Juan Gabriel, Los Ángeles Azules, paradigmas de lo que se considera música tradicional, encargada de esbozar lo más parecido a una identidad nacional, parece haber todavía público para las propuestas del rock en nuestro idioma.
Del rock en español Rodolfo Fito Páez, de 51 años, es sin duda baluarte y gestor, voz principal merced a un enorme puñado de canciones que hoy son joyas clásicas en la historia de la música latinoamericana y que convocaron a una gran cantidad de personas que abarrotó las instalaciones del Plaza Condesa.

Fito es sólido en sus conciertos en vivo. Es, por qué no decirlo, devastador, de-mo-le-dor. Y aunque el tiempo hoy lo muestra como un maduro padre de familia, como un artista inquieto que lo mismo escribe una novela (La puta diabla) o prepara otra película para alimentar su incipiente pero siempre estimulante filmografía, la música es su sino esencial y las actuaciones su droga mágica, envolvente.
YO TE AMO Y MARGARITA
Acompañado por músicos extraordinarios entre los que sobresalieron la guitarra de Diego Olivero y la batería de Gastón Baremberg, Páez abrió el concierto con “Yo te amo”, tema de su reciente disco homónimo, del que también interpretó “Margarita”, dedicada a la hija que tuvo con su ex mujer, la actriz Romina Ricci y quien aparece en el videoclip respectivo.
Siguieron la conmovedora “11 y 6”, “El chico de la tapa”, “Llueve sobre mojado” y la magistral “Tumbas de la gloria”, que el público coreó a voz en cuello con su autor, quien le otorgó un giro distinto a su interpretación, que estuvo sin duda entre lo mejor de la noche.
Luego de la portentosa “Naturaleza sangre”, en donde Fito hizo gala de una energía inusitada, propia de un verdadero héroe rockero como siempre ha sabido ser el argentino, llegó el momento de “La canción del soldado y Rosita Pazos”, interpretada cuando en su país de origen ya era 2 de abril, día de la conmemoración de la Guerra de Malvinas.

“Como toda guerra fue absurda y yo pude haber ido. Soy de la generación de Malvinas”, dijo Páez, quien por otro lado anunció el estreno de un clip dirigido por su ex Romina Ricci “no apto para personas impresionables”.
“La canción del soldado y Rosita Pazos” hace una referencia a la novela Los pichiciegos, del escritor Rodolfo Fogwill (1941-2010) y constituye sin duda un gran homenaje a los veteranos de una guerra provocada para acendrar una dictadura en retirada y que, como gran paradoja, estimuló a límites impensados el crecimiento del rock argentino en una época donde se había prohibido pasar música en inglés en la radio.
El video, con guión y dirección de la actriz argentina Romina Ricci, relata el drama interior de un combatiente que regresa de la guerra y que no logra ahuyentar los fantasmas de la muerte, pese al amor y al calor de hogar. Termina por suicidarse, trágica opción que tomaron cerca de 400 soldados argentinos tras el conflicto bélico con el Reino Unido. "Fue una filmación conmocionante desde la primera hasta la última toma", dijo Páez en un comunicado sobre el video que protagoniza él mismo, filmado en Argentina. El soldado regresa de Malvinas a los brazos de Rosita Pazos, quien intenta cambiar su mundo sin conocer que la guerra asesina, aún después de concluida.
"Te quiero mucho, Rosita Pazos, te juro que no es con vos, soy un soldado", canta el soldado en su despedida trágica.

“Un vestido y un amor”, “Cadáver exquisito”, “La rueda mágica”, “Circo beat”, “Al lado del camino”, “Polaroid de ordinaria locura” y “Ciudad de pobres corazones” fueron desgranándose una a una para darle más vértigo si cabe a un enorme autor de himnos rockeros imprescindibles en la historia de la música latinoamericana.
“A rodar mi vida”, “El amor después del amor”, “Dar es dar” y “Mariposa Technicolor” fueron las últimas ofrendas del músico, que luego de sacarse la playera y mostrar el torso desnudo al personal, lució un abrigo blanco sin mangas y se fue cantando alto y moviéndose de un lado al otro del escenario, del que es rey absoluto, por derecho propio, gracias a un talento inconmensurable.




