Para escribir este pequeño texto, tuve que remontarme a las veces que he roto la regla de no tener sexo en la primera cita, por supuesto, basándome en las tres reglas que tengo para las citas:
1. No sexo en la primera cita.
2. No atenciones extras en la segunda cita (flores, chocolates, insistir en pagar la cuenta, etc.)
3. Si en la tercera cita no están compartiendo una cama, no tiene ningún sentido volver a salir.
He roto las tres como si fueran barras de galletas crujientes, pero hablemos de la primera. Si la rompemos, entonces es posible que no existan las dos restantes porque el suspenso se agota como en las películas, como el crédito de prepago del celular.
Y ahí vamos a la famosa cenita acompañada de vinito, tequilita, vodkita, como si el diminutivo fuera a disminuir los errores inmediatos. Como aquella vez que me acosté con un hombre francés guapísimo ajeno a mi país que residía en la capital por causa de trabajo.
Habíamos ido a cenar, era la primera vez que nos veíamos y platicábamos. Él hablaba inglés y francés; sabía contar hasta el cinco y podía decir “Hola” y “Adiós” en español, entonces nos entendíamos con el inglés, y besándonos.
Habíamos decidido ir a un bar, pero todo se complicó cuando, dentro del taxi, él dio la dirección de su casa y yo accedí besándole la mejilla.
Entonces, la algarabía dentro de mí: ¿Qué ropa interior me puse? ¡Me depilé ayer, no hoy! Traigo mayones debajo de los jeans, ¿qué tan antisexy es?
Pensando, por supuesto, en el completo aspecto físico, no en la ruptura de la regla (error inmediato). En la cena no se había dicho mucho (y eso era un pequeño problema): él tenía 2 roomies, le gustaba su trabajo, no era poligámico, amaba a sus hermanos y olía bien. Un francés bastante decente y apuesto, sobre todo apuesto. Allá vamos:
—Oh oh, your baby boobs are awesome — ¿Baby boobs? Lo que menos quiere una chica es que le recuerdes el pequeño tamaño de sus senos por muy contenta que esté con ellos.
—Also you have baby butts, so cute — ¿So cute? Okey, ¡basta!
Estábamos pasando una buena noche a pesar de mi baby body y su cuarto de baño absolutamente desordenado. Nos besamos mucho, su barba le venía bien a mis mejillas aunque me parecía que sus jadeos venían a destiempo. Nos desnudamos por completo acariciándonos también las ganas. Le acaricié el pene.
Baby dick.
Pensé que no me debía enfocar en eso, entonces le besé la espalda y después de ciertas caricias el baby dick conoció a la baby pussy.
—Oh good girl good girl — ¿A qué viene el good girl y por qué tengo siempre una pregunta?
Duramos teniendo sexo un tiempo bastante considerable, tan considerable que se me ocurrió fingir un orgasmo no sé bien por qué, no me pregunten.
—Did you come?
—Yep.
—Are you lying?
—No.
Me tocó y ni una sola gota.
—Oh my God, I really tried, I’m sorry.
Oh-oh.
Ninguno de los dos pudimos dormir, tampoco sé bien por qué, incluso a las 5 de la mañana tomamos unas pastillas para el sueño, pero ni así. Nos abrazamos mucho y yo fingía cansancio cuando sentía una erección en baby dick. Lo que yo quería era ver el techo como si estuviera estrellado, no volver a tener sexo.
—You leave me in the morning?
—No baby, don’t worry ’bout that.
Ya casi era el amanecer y yo sí quería abandonarlo como me había abandonado meses antes quien yo sí amaba. Era como una venganza injusta para un cuerpo hermoso y distinto, pero mantuve la calma y no me fui.
9 am. Me llevó desayuno a la cama y me besó los hombros.
Me enamoro de todas las personas con las que me acuesto porque me parece injusto dejarles algo menos que eso. Divinamente mentirosa.
Me fui después, no le permití acompañarme, necesitaba caminar. ¿Por qué hay quienes en su primera cita se comportan como si te quisieran? Romper la regla puede resultar un completo desastre natural en una sola noche o la llegada de la primavera. No lo sé, al menos después de la segunda cita se ven mejor el tamaño de las tetas y las nalgas, una se da cuenta si es fácil fingir orgasmos e incluso amor, si será bueno platicar en la cama, si el departamento será un asco porque son tres hombres viviendo en un mismo espacio. Recuerdo que le dije que nos escribiría una historia de amor y después se la leería, pero le mentí.







