El ego es un globo que necesita inflarse constantemente, cualquier ladrido lo puede desinflar con una aguja en un santiamén. Necesita palabras de alquiler para musicalizar el valor propio en tiempos difíciles. El yo es un monstruo que toma fuerza y provoca que de nuestra boca migren los zancudos del bloqueo humano.
Con el brazo cruzado y una copa de vino en la mano derecha, deambula por el mundo en las almas que se dejan dominar por el alto mando. Yo, yo y solo yo. Rascacielos indigente que presume ser único y superior al resto de los edificios corporales.
Parte de su naturaleza es demoler al resto de las esencias. Una mirada de reojo hacia abajo caracteriza a los poseídos por esa fuerza maligna que necesita ser exorcizada de emergencia, antes de que la soledad lo termine noqueando.
Cuestionamiento más, cuestionamiento menos, buscar refutar al otro en una complicada epifanía de una sinrazón aparente, donde se muestran los milímetros de vulnerabilidad o desesperación al lidiar con ese monstruo alimentado de otros espectros vencidos con esa insolencia falaz, manifestada de maneras alternativas, como un castigo a los excesos y un correcto discernimiento de las posesiones arrogantes:
Prestigioso: Que el ego se avive de latigazos en vez de aplausos que aquejen al condenado y lo obliguen a dejar de buscar ese aspaviento del exterior. Pavorreal en ciernes. El estatus es el oxigeno de su existencia.
Insaciable: Que la invisibilidad se destile por sus poros y los movimientos que produzca su ser, se reduzcan a una sombra percibida por nadie, ni siquiera por sí mismo.
Sabelotodo: Que los errores y la ignorancia sean la túnica griega que homenajea a sus antepasados burlándose de él
Interruptor: Que la mudez sea el caudal de las ideas por salir en el tránsito del silencio.
Egoísta: Que el amor en exceso se transfiera a un odio infinito, capaz de dar nacimiento a las culebras desde el ombligo hasta la cabeza.
Pre mental: Que cada sátira en forma de observación cree una nueva verruga en la espalda. Si su crítica no tiene argumentos, mas que solo desprestigiar unas piscas de ideas, desaparezca por siempre.
Competencia: Que las comparaciones amputen las labios ansiosos de soberbia a punto de escupirse en el actuar de otros.
El ego toma control de las funciones del poseído, mientras grita parloteos y no quiere escapar de esos ingenuos que guardan esa fuerza maligna llena de altivez. El ego es un globo que necesita desinflarse a tiempo antes de que la incomunicación lo haga explotar en un cielo que no necesita del gas soberbia.
Exorcicemos el ego.
@taciturnafeliz




