El escritor y periodista habló sobre cómo desenmascarar las trampas de los medios de comunicación y crear conciencia de que "nos pueden engañar” de distintas maneras.
Ciudad de México, 31 de enero (SinEmbargo).– El escritor y periodista Óscar de la Borbolla ha empleado durante años la ucronía —un género narrativo que “imagina cosas que suceden en otro tiempo, en un tiempo ficticio”— para desenmascarar las trampas de los medios de comunicación. La ucronía, explicó en entrevista, se sitúa “a la mitad entre la Literatura y el periodismo”, pues toma los géneros periodísticos para relatar “cosas completamente fantásticas” que, sin embargo, “parecen noticias reales”.
“Son cosas completamente fantásticas. Por ejemplo, la noticia de que se acaba de inaugurar un asilo para muertos. Cuento cómo los muertos que tanto lloramos regresan un buen día a la casa y, pues, a uno le da mucho gusto su vuelta, pero la habitación que ocupaban ya la ocupa uno ahora para una biblioteca o se la asignó al hijo que ya creció”, comentó.
O, por ejemplo, en otra ucronía se descubre una estación de radio que, en lugar de transmitir con ondas hertzianas, transmite con ondas telepáticas. “Entonces a todos los seres humanos nos convierten en radiorreceptores que no nos podemos apagar, más que cuando nos anestesian de forma profunda. Es una denuncia de un servicio informativo terrible que, valiéndose de las ondas telepáticas, nos trae ahora a todos contaminados con una tendencia política y, además, con un ansia de compradores”.
Este recurso alimenta su obra reunida en Asalto al infierno e Instrucciones para destruir la realidad, compiladas por el Fondo de Cultura Económica, en un libro “que pretende justamente crear la conciencia de que nos pueden engañar con las cosas más delirantes”.
“En su momento, cuando las publiqué en diferentes medios —en Excélsior, en 1 + 1, en la revista Siempre, en la revista Playboy incluso—, yo tenía columnas en todos esos espacios y publicaba más o menos tres o cuatro entregas por semana. Todo ese trabajo, que duró más de 10 años, decidí reunirlo en estos dos libros”, ahondó el escritor.
De la Borbolla explicó que esta mixtura tiene como fin último ese “forcejeo con el lector para convencerlo de que lo que aquí se dice es cierto”, y citó casos en los que sus publicaciones “causaron un estrago tremendo, porque hubo quienes fueron a la Cruz Roja de Polanco a ver al muerto que yo había entrevistado”.
“Tengo la teoría de que desde siempre los medios informativos crean la realidad”, expuso en la plática con SinEmbargo. El problema, dijo, radica en que estamos “incapacitados de poder ir a constatar lo que los medios dicen”, lo que provoca que “nos armen una realidad a modo”.
Este fenómeno es el centro de su crítica y de la intención detrás de Asalto al infierno e Instrucciones para destruir la realidad: “Este libro lo que pretende es justamente crear la conciencia de que nos pueden engañar con las cosas más delirantes”.
Frente a la oleada de fake news y la posverdad, De la Borbolla subraya la urgencia de reaccionar, especialmente ante los nuevos desafíos tecnológicos. Si antes bastaba una mentira banal para que la gente cayera en la creencia, ahora, advirtió, “con el desarrollo de la inteligencia artificial estamos en un peligro peor, porque no solamente se suelta un mensaje escrito, se suelta un mensaje con imagen”.
Por ello, el objetivo de la ucronía es funcionar como una “contribución al pensamiento crítico, para que los lectores se vuelvan más suspicaces, más desconfiados y tengan un poco más de reserva” frente a los mensajes mediáticos. El escritor concluye que la exageración de la mentira, al estilo de sus ucronías delirantes, es una manera espléndida para que la sociedad pueda “recuperar la sensatez”.
“Este mundo, en el fondo, es bastante aburrido, porque todos tenemos una vida muy rutinaria y, en muchas ocasiones, medio infeliz. De ahí que hayan nacido estos planteamientos utópicos: la idea de tener una sociedad ideal, que era lo que movía a las utopías, o el temor de que exista una sociedad terrible, como en las distopías. Eso está latente en las personas. Las ucronías son ese deseo de que el mundo sea de alguna forma diferente, que se parezca a lo que uno desea o a lo que uno teme”, puntualizó.





