Celso Castro, escritor: O soy un artista o no soy nada

15/04/2015 - 12:05 am

El autor de Entre culebras y extraños: el secreto mejor guardado de la literatura española. Foto: Facebook de Celso Castro
El autor de Entre culebras y extraños: el secreto mejor guardado de la literatura española. Foto: Facebook de Celso Castro

Ciudad de México, 15 de abril (SinEmbargo).- En España, donde nació hace 58 años, el gallego Celso Castro es anunciado por su editorial (Destino, Planeta) como el secreto mejor guardado de la literatura nacional.

El autor de la flamante Entre culebras y extraños, obra magistral que reseñáramos recientemente en nuestra columna de opinión, tardará sin embargo poco tiempo en convertirse en uno de esos autores leídos y releídos tanto en su país de origen como en Latinoamérica.

No es que de pronto nos hayamos convertido en vaticinadores infalibles, pero es raro pensar que una prosa de tanta calidad, una voz narrativa tan original y conmovedora, puedan pasar inadvertidas entre los amantes de los buenos libros.

“Hemos leído -en el pasado- a Celso Castro (A Coruña, 1957) con mucho gusto, placer y provecho, le hemos curioseado, y después de mucho tiempo de preguntarnos en qué andaba el escritor gallego, ahora recién nos hemos enterado de que sacó nueva novela. Y, lo mejor, parece que está bien, en su línea. Que deja un vacío en el estómago y que, tras la lectura, "uno no sabe si las postreras lágrimas son de alegría o de tristeza", escribe J.S. de Montfort en hermanocerdo.com.

El comentario titulado “Queremos tanto a Celso Castro” es evidencia de ese carácter de “artista de culto” que condensa el también autor de El afinador de habitaciones y Astillas, los libros anteriores que forman parte de una “Trilogía del yo” con la que Castro busca “estimular” al lector mediante un discurso en donde no usa las mayúsculas, apela a la filosofía (fundamentalmente a Schopenhauer y Nietzsche) y, lo que es mejor, hace literatura nueva, “como si nada hubiera sido escrito antes”, según él mismo comenta en entrevista exclusiva con SinEmbargo.

El autor, nacido en La Coruña en 1957, fue cantante de rock. Foto: Facebook de Celso Castro
El autor, nacido en La Coruña en 1957, fue cantante de rock. Foto: Facebook de Celso Castro

Con un pasado de poeta y cantante de rock, hacedor de canciones, rostro afable, magra figura y exquisita sensibilidad, Celso Castro es también un gran conversador, de esos que te dejan pensando y te hacen reír en el marco de una entrevista periodística que él convierte en un diálogo cercano, como de amigos íntimos.

Entre culebras y extraños recrea el mito de la juventud de una persona cuya vida –se presume- será complicada…

–No me propongo recrear ningún mito ni nada. Hablo de un chico que está en una situación especial vital. No estoy recreando mitos, no soy un escritor literario. No hago novelas sobre novelas. Intento escribir vida.

–¿Qué es un escritor literario?

–Un escritor que escribe sobre literatura, lo que resulta una especie de palimpsesto. En pintura, podría ser Pablo Picasso, que hace serie sobre “Las Meninas”, cuadro sobre cuadro. Nabokov en Lolita se basa mucho Proust. No soy experto en literatura, pero sé que hay escritores que escriben sobre las novelas de los demás. A mí no me interesan las novelas, se tratan de emociones muy recalentadas, muy vividas…En esos casos, no hay sorpresas para el lector, son novelas sobre novelas que te pueden gustar, como les gusta a los niños que le cuenten el mismo cuento a menudo, pero para los adultos contar el mismo cuento siempre es agotador. Es como dormirse en la literatura.

–En esa especie de reciclaje está asentada casi toda la cultura contemporánea. Hace muchos años, ya Led Zeppelin cantaba aquello de “La canción es la misma”…

–“Song remains the same”…Sí, quizás todo se convierta en algo hecho, porque es muy cómodo. La gente que lee literatura, por ejemplo, lee siempre la misma literatura. Está el que lee novela negra, el que lee novela de amor, pero sólo leen ese tipo de libros, porque quieren adormecerse en la literatura, que es una forma de calmar la conciencia, de ocupar la mente con algo que nos distrae. Mi literatura es todo lo contrario: no quiero distraer sino traer a la vida, al mundo, a los conflictos que hay, a lo que tenemos que averiguar, a lo que tenemos que vivir. O soy un artista o no soy nada. O soy creativo o no soy nada. Me planteo la literatura como si nadie hubiera escrito antes. Sé que hubo gente en el pasado que escribió cosas importantes, que abrían mundos y senderos, pero no puedo recibir una herencia y disfrutar de las rentas, aprender dos o tres truquillos literarios y aburguesarme. No me interesa el juego de escritores por un lado, lectores por el otro, no es lo mío.

–Daniel Sada, un gran escritor mexicano, decía que había que incomodar a los lectores, sacarlos de su zona de tranquilidad, había que desafiar al lector…

–Bueno, no quiero incomodar, no soy de los que gusta dar un puñetazo en la cara del lector, pero tampoco se trata de hacerle una felación. Entre el puñetazo y la felación debe haber puntos intermedios. Tampoco es incomodar, me gusta más una frase de Nietzsche que decía que había que estimular. Estimular me gusta más incluso que inquietar. Mostrar a los demás cosas nuevas y mostrármelas a mí, porque tampoco es que yo sea como una especie de maestro. Mi novela plantea dudas más que certezas. Es una novela que estimula a pensar. Una novela que te trae a la vida, no te distrae de la vida.

Entre culebras y extraños, una historia fascinante sobre el amor y la barrera de los sentimientos. Foto: Especial
Entre culebras y extraños, una historia fascinante sobre el amor y la barrera de los sentimientos. Foto: Especial

–El incesto sobrevuela toda la novela y hay un juego de identidad con las tres mujeres de la historia…no sé si es una lectura posible para ti

–Podría ser, no la descarto. Es una labor que ya no es mía. La novela es muy abierta. Al final de la novela, empiezo a verla, empiezo a ver el tema. Habla de la superación de las barreras para conseguir el amor, en ese sentido, quizás sea una novela de amor. Esas dificultades, esos muros que levantamos a nuestro alrededor, quizás también nos protejan. Al final, no existen las barreras y estamos totalmente desprotegidos, que es cuando el narrador tira abajo el tabú del incesto. Ahora lo interpreto así, tal vez mañana me llames y lo interprete de otra manera. La novela es un estuche que guarda algo, pero yo sólo escribo el estuche, en realidad no sé qué guarda. Como los niños que cuando juegan recrean situaciones de los adultos para entender algo de lo que pasa, escribo mis novelas para superar ciertas cosas, momentos de mi vida que han sido muy agresivos para mí y que intento superar de alguna manera.

–¿Te completa el lector? Solía decir Adolfo Bioy Casares que la historia termina completándola el lector…

–No, es algo bonito de escuchar, suena bien, pero no. El lector es el lector y tú eres tú. Para completarse deberían hacer el amor, pero el escritor que hace una obra, sobre todo aquellos que no han tenido nunca éxito, no saben nunca nada del lector. Uno no sabe nada, el lector no te completa en realidad. Tal vez el lector tenga una relación más fuerte conmigo que yo con él.

–¿Te importa lo que te dicen?

–Me fastidia mucho cuando no me comprenden. Me fastidian las críticas malintencionadas…

–¿Las has tenido?

–Sí, claro que las he tenido, esas críticas malintencionadas que comienzan por hacer ironías acerca del uso de las minúsculas y que me molestan mucho. Se trata en ese caso de una lectura perdida. Qué mal. Es como haber hecho un cuadro con colores muy bonitos e intentar mostrárselo a los ciegos. Sé que hay cosas que la gente no aprecia dentro de lo que escribo. Un párrafo, la fluidez de la ideas, el empleo de ciertas palabras que pueden tener un tono irónico…las siente, pero no es capaz de apreciarlas.

No soy experto en literatura, pero sé que hay escritores que escriben sobre las novelas de los demás. A mí no me interesan las novelas, se tratan de emociones muy recalentadas, muy vividas. Foto: Facebook de Celso Castro
No soy experto en literatura, pero sé que hay escritores que escriben sobre las novelas de los demás. A mí no me interesan las novelas, se tratan de emociones muy recalentadas, muy vividas. Foto: Facebook de Celso Castro

–¿Eso significa que tu literatura requiere lectores especiales?

–¡No! Mis novelas anteriores eran de prosa muy poética y muy rebuscada. No era fácil leerme. No se las recomiendo a nadie, son novelas muy antipáticas con el lector. No hay contemplaciones. Algo así como “Yo soy un genio y los demás que se jodan”. A partir de la cuarta novela empecé a escribir de otra manera, porque me di cuenta de que la dificultad de la novela no está en su prosa, en su léxico, sino en la cantidad de facetas que puedes pulir en la historia. Escribo de la manera más sencilla posible y de forma liviana. Hay una manera rápida de leer mis novelas, siguiendo el ritmo del narrador, pero también es cierto que de ese modo dejas de lado cosas muy importantes que el narrador dice como de pasada. Para un lector no avisado puedo resultar muy gracioso, divertido, ligero, como que he escrito poco la literatura. Lo cierto es que podría escribir como un escritor sudamericano, dicho esto no peyorativamente, claro, pero en la tercera novela cambié mi forma de escribir.

–Para mí la complejidad de una novela está dada en si encuentras o no la voz narrativa

–Para mí lo más importante de una novela, tanto estos relatos del yo como Un insecto de color café y Sylvia, estas dos últimas todavía sin editar, es la voz narrativa. Son novelas con un narrador en primera persona que está contando una historia. La complejidad está en esa voz que se dirige al lector muchas veces. Lo que trato es de traer esa voz al oído del lector, al que llamo “el escuchador”. Hay una gran dificultad en conseguir esa voz. A menudo se me compara con Salinger, porque se trata de un narrador de 16 o 17 años, inadaptados que hablan en primera persona. Pero si tomas un pasaje de El guardián entre el centeno y lo comparas con algún pasaje de Entre culebras y extraños, por ejemplo, te das cuenta de la diferencia que hay. En realidad, la primera persona de Salinger o de De Lillo es una tercera persona que no está cerca del escuchador. A esa voz la tienes que interiorizar mediante un lenguaje ligero y formas espontáneas de la narración, como contar algo que no tiene ninguna relevancia mientras va contando la historia principal.

–También echas mano del humor…

–Sí, claro, hay muchísima ironía en la novela. Esto es algo que no se suele apreciar. Al lado de una línea emocional que atraviesa la novela, hay otra línea irónica. No son líneas separadas, sino entrelazadas, que crean una tercera más expresiva. Lo que intento así, al menos ese es mi mayor propósito, dotar a la literatura de una naturalidad que se ha perdido.

Celso Castro junto a Oscar López, conductor de Página 2, de la TVE. Foto: Facebook de Página 2
Celso Castro junto a Oscar López, conductor de Página 2, de la TVE. Foto: Facebook de Página 2

–Pienso que Entre culebras y extraños no es una novela para ser leída, sino para ser releída…

–Creo que sí. Hay gente que lo ha hecho así, como dices. Siempre que me dicen que me van a leer doy con un consejo: -Lee despacio. Porque el narrador en primera persona no te puede aburrir y al mismo tiempo te dice: no te duermas, esto no se acaba aquí. Aquí no hay pausas, fluye, no tienes momentos de reposo, por eso a veces corres el riesgo de perder detalles importantes.

–Un personaje entrañable es Vincent, el pintor. ¿Crees que las artes plásticas lograron en nuestra cultura expresar mejor los sentimientos?

–Creo que son más directas, no son tan racionales, no pasan por tantos filtros. Es una forma de ser más directa. De hecho, la diferencia entre el pintor y el narrador, es abismal. El narrador es una persona muy racional, aunque con el amor a Sofía se le viene abajo todo el edificio que tiene construido…en cambio Vincent es un pintor típico, alguien que vive para afuera, su vida es más hedonista, fuma, folla, se droga…hay una gran diferencia entre ambos. El narrador se burla del pintor, sólo al final se reconcilia con él.

–¿Practicas alguna otra actividad artística?

–Yo era cantante de rock, era compositor y todo eso…

–¿Tenías una banda de rock?

–Sí

–¿Cómo se llamaba?

–Pues no me acuerdo…tenía un nombre muy feo (risas)

–¿Por qué lo dejaste?

–Porque me estaba convirtiendo en una especie de payaso para adultos. La gente del rock es el payaso de la gente mayor. Hay payasos para niños pequeños y hay otros para los adultos. Me parecía más serio ser poeta.

En Guadalajara tiene un pequeño ejército de admiradores. Foto: Facebook de Página 2
En Guadalajara tiene un pequeño ejército de admiradores. Foto: Facebook de Página 2

–¿Escribes de día o de noche?

–Cambié mucho mi rutina. Antes escribía de noche, completamente drogado. No escribí sereno hasta los 30 años. Era incapaz de ello. Tenía que tomarme un montón de martinis, de anfetaminas, de otro modo no podía escribir. Además era un poeta surrealista, así que para el automatismo necesitaba cierta locura, cierto desarreglo de los sentidos. Después de los 30 años pasé de ebrio a sobrio y comencé a escribir sin tomar absolutamente nada, de noche, porque es un momento muy especial. Un momento como este, cuando aquí en La Coruña son las dos de la mañana y sólo se oye mi voz. Ahora escribo de tarde, tomo un té de manzanilla, tomo vitaminas, pero no le doy ninguna importancia a los ritos de los escritores. Son cosas que te van encaminando hacia el altar que es el escritorio, pones música, te vas como preparando. Pero todas esas son bobadas, lo único que importa es el grado de profundidad que alcances escribiendo, la intimidad.

–¿Vas a venir a México a presentar tu libro? Me decías que tenías amigos en Guadalajara…

–Por el español Borja Criado, que vive en Guadalajara, conocí a un grupo de poesía de allí, formado por chicos muy jóvenes que me enviaron una foto donde había dos libros sobre una mesa y uno de ellos era Astillas. Me hizo mucha ilusión. Llegué a escribirme con una de las chicas del grupo, Vivian Cárdenas, quien me dijo algo muy bonito: - Aquí somos un puñito de gente y dentro de poco seremos un pequeño ejército “celsocastrista”. Con lo de ir a México, no sé. No sé si estaré en la Feria del Libro de Madrid, si habrá presupuesto por parte de la editorial para ello…no lo sé.

 

Mónica Maristain

Mónica Maristain

Es editora, periodista y escritora. Nació en Argentina y desde el 2000 reside en México. Ha escrito para distintos medios nacionales e internacionales, entre ellos la revista Playboy, de la que fue editora en jefe para Latinoamérica. Actualmente es editora de Cultura y Espectáculos en SinEmbargo.mx. Tiene 12 libros publicados.

Lo dice el reportero