
Ciudad de México, 15 de abril (SinEmbargo/La Opinión).– Matilda Kahl tomó la decisión luego de que un día estuvo mucho tiempo pensando qué ropa usaría para una reunión importante y cuando llegó, se sintió frustrada por la vestimenta que había elegido. Además, se dio cuenta que sus compañeros hombres no eran juzgados por lo que se ponían, y que no tenían que pasar por el mismo proceso frustrante que ella vivía todas las mañanas.
Fue allí cuando decidió que no era necesario soportar semejante estrés y que iba a adoptar un uniforme que tuviera la suficiente versatilidad para usarlo todos los días, tanto para ocasiones formales como informales, y para las distintas estaciones del año. Eso fue hace más de 720 días.
El uniforme consiste de un pantalón negro, camisa blanca con un moño y una chaqueta de cuero. El look es simple pero elegante, clásico y actual, y apropiado para cualquier situación. Cuando hace mucho calor en verano, Matilda lo combina con dos faldas negras muy sencillas.
Para armar el uniforme se compró 15 blusas de seda iguales con un corte actual y moderno, y varios pantalones negros simples. Para aportar un toque personal le puso a las camisas un moño en el cuello, inspirada en los que le hacía su madre cuando era chica. Hace poco volvió a adquirir algunas camisas porque tuvo que renovar otras que ya estaban viejas.
Después de que escribió un artículo en una revista femenina, su historia dio la vuelta al mundo y se hizo famosa en las redes sociales. Aunque entre los hombres ya conocíamos casos de personas que hacían esto, como el fundador de Apple, Steve Jobs, y de Facebook, Mark Zuckerberg, entre las mujeres no existían muchos antecedentes similares.
Pero, aunque ahora recibió mucho apoyo, durante mucho tiempo fue criticada. Fueron muchas las personas que le preguntaban por qué se vestía siempre igual, si estaba en una secta o si había perdido alguna apuesta.
Cuando la gente le preguntaba por qué no elegía la ropa el día anterior, ella les contestaba: "Eso es sólo trasladar el problema a unas horas antes, me iría entonces más tarde a la cama y perdería un valioso tiempo de sueño", escribió sin vacilar.
Matilda terminaba su artículo defendiendo su decisión: "Hoy no sólo me siento genial con lo que me pongo sino que no tengo que pensar en lo que me pongo".




