Damasco, 6 mar (EFE).- Tras un año de revuelta popular contra el régimen de Bachar al Asad, la seguridad no es lo único que ha empeorado en Siria, sino también la economía de los ciudadanos, afectada por la inflación, un alto índice de paro y las sanciones internacionales.
Los precios de la mayoría de los productos, sobre todo los importados, han aumentado entre un 20 % y un 30 %, mientras que, a finales de enero, la bombona de gas experimentó una subida del 60 %, de 250 libras sirias a 400 (4,2 y 6,8 dólares), y el litro de gasolina pasó de 40 libras sirias a 50 (de 0,7 a 0,85 dólares).
El Banco Central del país fijó la semana el precio del dólar en 58,55 libras sirias y el del euro en 78,86, aunque en el mercado negro la divisa estadounidense oscila entre las 72,5 y las 73,5 libras sirias.
Según los economistas, estas cifras reflejan que la moneda nacional ha perdido al menos un 30 % de su valor desde el inicio de las protestas, a mediados de marzo del año pasado.
El tendero Ahmed, dueño de una tienda de ultramarinos en Damasco, considera que la subida del precio del dólar en el mercado local es la principal razón de la inflación.
"El dólar está ahora a más de 70 libras sirias, lo que significa que el valor de nuestra moneda está bajando y, como importamos en dólares, las precios aumentan de manera automática", explicó a Efe el comerciante.
Ahmed se quejó de que cada vez que compra mercancía al por mayor los precios son más altos.
A los comerciantes de mercancías importadas, la subida del dólar en Siria, junto al reciente aumento de los aranceles, les han obligado a incrementar los precios de los productos.
El empresario Mamduh Sukar explicó a Efe que durante años ha importado ropa de la vecina Turquía y que todo iba bien hasta que Damasco aumentó las tasas un 30 % para los bienes traídos de ese país.
"Me gustaría que no se hubieran impuesto esos aranceles o al menos no a ese nivel. Estamos forzados a subir los precios de los productos importados para compensar los impuestos", aseguró.
Otro signo de la penuria económica es que las autoridades han anunciado una campaña de ahorro de energía, con cortes de electricidad de seis horas diarias en la capital y otras ciudades.
A ello se suma que, si en el pasado la tasa de desempleo no superaba el 8 % según las estadísticas oficiales, ahora alcanza entre el 30 % o el 40 %, ya que la violencia ha obligado a muchos a abandonar viviendas, negocios y granjas para dirigirse a zonas más seguras.
El régimen de Al Asad cuenta con su aliado Irán, rico en petróleo, para prestarle ayuda financiera si es necesario; con el vecino Irak para encontrar nuevos socios económicos y comerciales; y con el respaldo diplomático y militar de Rusia.
Sin embargo, se espera un deterioro mayor de la situación económica por el efecto de las sanciones internacionales, que se han sentido hasta ahora más en las capas pobres que en el régimen de Damasco, objetivo último de estos castigos.
El último paquete de medidas fue impuesto el pasado día 27 de febrero por los países de la Unión Europea, y contempla la congelación parcial de los intereses y las transacciones del Banco Central sirio, además del veto europeo al comercio con oro y metales preciosos con el régimen de Al Asad, entre otras.
El gobernador del Banco Central Sirio, Adib Mayaleh, acusó recientemente al "mercado informal" de beneficiarse de esas sanciones "para causar pánico entre la población y obtener beneficios".
En declaraciones a la agencia oficial siria Sana, Mayaleh advirtió de que su organismo "espera el momento adecuado para intervenir y restaurar las tasas de cambio (de moneda) a sus niveles normales". EFE




