“A veces de noche, enciendo la luz para no ver mi propia oscuridad".
Antonio Porchia.
La noche es una alfombra que siempre espera a los pensantes para dormir en las nubes del misterio que la oscuridad corroe en los ronquidos de las estrellas.
Algunos te temen diosa de lo placentero e inexplicable, que entre siluetas arcaicas unes a los trotamundos rivales que se enfrentan sin conocerse en la artillería del sudor. Caminante hacia el confesionario de orgasmos. Dos extraños se vuelven los mismos de siempre en los resortes compinches capaces de unir a mojigatos vueltos una caja de pandora, rastreadora de pieles estrenándose.
Oscuridad, cárcel del insomnio donde los pensamientos se vuelven patógenos desbordando desesperación en todas partes. Presente, pasado y futuro se ponen en contra del esquizofrénico nocturno encerrado en las paredes de una sabana que lo condena a moverse hasta refugiarse en el país de la somnolencia patrocinado por valerinox.
Sede de los monstruos que buscan el almacén de felicidad para no sucumbir en la soledad que la medianoche trae, cuando la consciencia es un aparato imposible de desconectar, ni siquiera cuando la ansiedad lo suplica en agitaciones del uno al mil.
Memorándum de que los ojos deben sucumbir a la muerte de seis a ocho horas, sino la reencarnación laboral será dura como una hojalata exponiendo sus sentimientos. El arcoíris de la psique pide autorización para entrar al descanso en medio de la nada. Nada ni nadie se reconoce, solo la imaginación funciona como guía para los ciegos temporales.
La oscuridad es un mar negro, en el que las olas son el canto de una melancolía o sonrisa profunda que ha de transformar a los temerosos en audaces que combaten en guerra o buscan la libertad tras el aislamiento. Siempre las determinaciones llegan después de la medianoche, cuando los demonios despiertan y están listos para atacar a las indecisiones.
Nadie puede huir de ti, heroína del descanso, aunque los ojos sean traidores y se nieguen a cerrarse como un libro que apenas termina un capítulo más. ¿Por qué la humanidad le teme a las tinieblas del abismo? ¿Por qué temen enfrentarse a sí mismos con tu manto negro?
Heraldo del futuro que anticipa una metamorfosis, dispuesta a conducir a los seres hacia el descubrimiento de su Edén a través de los sueños polisémicos, víctimas de las sombras nocturnas que parecen encerrarse cada vez más, al igual que el alma a punto de sumergirse en las aras de la luz oscura.
@taciturnafeliz




