
Cómo decirle que su dolor es el de muchos,
que se reservan el amor para la otra vida;
la certeza de una antigua promesa,
que habla de la resurrección de los cuerpos.
Cómo decirle que no hay prueba alguna,
solo la palabra que hereda y apunta,
como una flecha perdida,
al saberse distante y sola
en una trama nocturna
cuya autoría es un enigma y una locura.
Si pudiera escuchar algo diferente,
si las sombras que acompañan esta vida,
por instantes, por segundos, se fueran;
tal vez así reconocería,
que lo único que tiene y queda,
es su fugaz presencia desconocida.
Cómo preguntarle,
si el abismo nos separa a unos de otros,
y la voz no alcanza siquiera
a ser el viento que despeje
del encuentro sus temores.
Cómo tocar sus hombros y abrazar los años;
y en esta frágil estructura de los cuerpos,
reconocer la razón del silencio y sus huecos
Es el día el estruendo de la noche
y del corazón el entusiasmo
en busca de creer en algo
que ataje la humillación de lo siniestro.








