Los investigadores concluyen que resultados “pueden estar relacionados con la compresión venosa yugular inducida por la flexión del cuello, lo que podría comprometer potencialmente el retorno venoso y la salida del humor acuoso”.
MADRID, 29 Ene. (EUROPA PRESS).- Dormir sin almohadas puede ayudar a reducir la presión ocular interna elevada, cuya acumulación causa daño al nervio óptico y glaucoma (la principal causa de ceguera irreversible en todo el mundo) en personas con esta afección, tal y como sugiere una investigación preliminar de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zhejiang, China, publicada en el British Journal of Ophthalmology.
¿Por qué las almohadas influyen en la presión ocular?
Las almohadas apiladas alteran la posición del cuello, lo que puede comprimir la vena yugular, impidiendo así el drenaje natural del humor acuoso, explican los investigadores. Este líquido nutre los tejidos oculares sin irrigación sanguínea, como la córnea y el cristalino, y ayuda a mantener la forma y la presión oculares.
La presión ocular interna, formalmente conocida como presión intraocular (PIO), fluctúa en respuesta a los cambios en la postura corporal, y la transición de una posición erguida a una supina durante el sueño representa el principal contribuyente a su aumento durante la noche, señalan los investigadores.
Para explorar esta cuestión más a fondo, analizaron el efecto sobre la PIO de dormir con dos almohadas de tamaño normal, que proporcionaban una elevación de la cabeza de entre 20 y 35 grados, en 144 adultos con glaucoma (84 de hasta 44 años; 41 de entre 45 y 59 años; y 19 de 60 años o más).

Setenta participantes tenían glaucoma de tensión normal; nueve presentaban presión ocular elevada, y 65 padecían glaucoma primario de ángulo abierto, la forma más común y de progresión más lenta de la enfermedad, a menudo debida a un drenaje obstruido del humor acuoso.
Entre octubre de 2023 y abril de 2024, cada participante proporcionó información detallada sobre su historial médico, incluido el tratamiento del glaucoma, además del consumo de tabaco y alcohol, y se sometió a un examen ocular completo.
Se les midió la PIO del ojo derecho cada dos horas durante 24 horas, tanto sentados como acostados. En decúbito supino, se les elevó la cabeza a una altura de entre 20 y 35 grados con dos almohadas de tamaño normal, y se les midió la PIO 10 minutos después.
Posteriormente, volvieron a dormir boca arriba hasta la siguiente medición.
Resultados principales del estudio

Se obtuvieron cuatro series de mediciones completas para cada participante, con y sin almohadas. En total, 96 participantes (67 por ciento) presentaron un aumento demostrable de la PIO al pasar de una posición supina a una elevada, con un incremento promedio de alrededor de 1.61 mm Hg. La presión ocular interna fue significativamente mayor en la posición elevada (17.42 mm Hg frente a 16.62 mm Hg), con mayores fluctuaciones durante el periodo de 24 horas.
Al mismo tiempo, la presión de perfusión ocular (PPO), que mide la presión disponible para impulsar la sangre a través de los diminutos vasos del ojo, se redujo significativamente al usar dos almohadas: 54.57 mm Hg frente a 58.71 mm Hg en decúbito supino. Una PPO reducida indica una disminución del flujo sanguíneo que transporta oxígeno y nutrientes al ojo.
Cuando los resultados se estratificaron aún más, mostraron que los adultos jóvenes tenían muchas más probabilidades de presentar una PIO significativamente mayor que los adultos mayores, al igual que aquellos con glaucoma primario de ángulo abierto.
El flujo sanguíneo postural de la vena yugular se evaluó en 20 voluntarios sanos, con y sin almohadas. La cavidad interna de las venas (lumen) fue mucho más estrecho con almohadas que sin ellas, mientras que el flujo sanguíneo fue significativamente más rápido.

“Las estrategias tradicionales para el manejo de la PIO nocturna se limitan principalmente a aumentar el tipo y la frecuencia de los medicamentos para reducir la PIO o a la terapia láser complementaria”, explican los investigadores. “Dada la influencia bien documentada de los cambios posturales en la PIO, la modificación postural se perfila como una estrategia plausible que justifica una mayor investigación”.
Este es un estudio observacional y, por lo tanto, no se pueden extraer conclusiones definitivas sobre una relación causa-efecto. Los investigadores también reconocen diversas limitaciones en sus hallazgos, entre ellas el reducido número de participantes en cada uno de los grupos de glaucoma.
Se necesitan más investigaciones para validar estos hallazgos preliminares, enfatizan, pero, no obstante, concluyen que los resultados “pueden estar relacionados con la compresión venosa yugular inducida por la flexión del cuello, lo que podría comprometer potencialmente el retorno venoso y la salida del humor acuoso”.
Por lo tanto, los pacientes con glaucoma podrían beneficiarse de evitar posturas al dormir que induzcan compresión venosa yugular para mitigar la elevación postural de la PIO. Estos ajustes conductuales representan una estrategia complementaria sencilla, pero potencialmente eficaz, para optimizar el control de la PIO a largo plazo en la práctica clínica.




