En esta entrega, se analizó la reaparición de un sector del conservadurismo mexicano, sus viejos rostros y la disputa que mantiene por la llamada “batalla cultural”.
Ciudad de México, 9 de febrero (SinEmbargo).- La reaparición de viejos actores políticos, ahora bajo nuevos membretes y discursos reciclados, abrió un debate sobre el futuro de la derecha en México y el papel que jugó durante décadas un grupo que se asumió como guardián de la democracia. En VERSUS, Alina Duarte, Ana Lilia Pérez, Alejandro Páez y José Hernández, coincidieron en que lo que hoy se presenta como una “nueva oposición” es, en realidad, la reedición de los mismos intereses que administraron la transición democrática sin romper con un sistema de privilegios.
Alejandro Páez señaló que los recientes desplegados firmados por personajes históricos del poder político evidencian una recomposición de la derecha carente de pudor. Para el periodista, lo relevante no es sólo el contenido del mensaje, sino quiénes aparecen juntos por primera vez.
“Lo que vimos ahora, el desplegado este, es muy padre, es muy bonito, porque había muchos de esos personajes que se mantenían ocultos, que no firmaban desplegados y que ahora están firmando desplegados. Había otros personajes que no se dejaban ver juntos, por ejemplo, Vicente Fox y Labastida. No se dejaban ver juntos y ahora firman juntos un desplegado. Maravilloso”, ironizó.
Páez subrayó que esa convivencia revela una lógica profunda del sistema político mexicano pues desenmascara a quienes cometieron o validaron fraudes electorales y a quienes se presentaron durante años como defensores de la democracia.
“Conviven junto con los defraudadores, los que cometen fraudes electorales conviven junto con los que supuestamente cuidan la democracia, al mismo tiempo porque con los que son los beneficiarios de los fraudes electorales, o sea, ya es un caldo tremendo y ese caldo tiene mucha lógica”.
El periodista señaló que no se trata de actores nuevos, sino de los mismos beneficiarios de un régimen que se reproduce desde hace décadas.
“Los que siguen bailando es esta reserva son los mismos de 1988 que validan el fraude del 88, que validan el fraude del 2006, que son los mismos beneficiarios de un sistema corrupto y podrido que beneficia a Ricardo Salinas Pliego, pero que también beneficia a una enorme nata de empresarios que han financiado esta transición infinita”. Ese grupo, añadió, sólo cambia de nombre y de máscara, pero mantiene intacto su objetivo: conservar un coto de poder que se traduce en negocios y privilegios.
En esa misma línea, Ana Lilia Pérez apuntó que la derecha mexicana se ha caracterizado por reciclar membretes sin modificar el fondo de su proyecto político.
“Tenemos un nuevo membrete con que hoy se anuncia a la derecha. Pasaron por ser Marea Rosa o defensores abajo firmantes con consignas como el 'INE no se toca', 'la Corte no se toca', todos los membretes de Claudio X. González y ahora se anuncian como el frente angosto por México, o algo así”.
Para la periodista, basta cruzar los nombres para confirmar que no hay renovación real. “Cuando uno hace el cruce de lista de quienes conforman este frente angosto por México, pues te encuentras que son los mismos de la marea rosa, te encuentras que son los mismos membretes. Ahora es el último reducto de la derecha o la nueva versión de quienes, también se llamaron generación Z”.
Pérez subrayó que durante años ese grupo convirtió la democracia en un negocio y no permitía que otros actores, que no fueran de su grupo, intervinieran.
“Todo esto se traduce en el negocio de la democracia y el negocio de la supuesta transición que administraron durante décadas porque todos esos que participaban en esa pista de baile que se fue haciendo más pequeñita, pues eran beneficiarios de ese enorme pastel”. Desde instituciones que simulaban ser garantes democráticos, explicó, se colocaron “cadeneros” que impidieron la entrada de otros actores y concentraron el poder.
En tanto, Alina Duarte coincidió en que la derecha atraviesa una crisis de identidad y de proyecto.
“Yo creo que estamos ante esos reductos de una derecha que no logra pegar, que lo más exitoso que han tenido ha sido creo que la canción del PAN y después se nos olvidó a los dos días”.
Para Duarte, el problema es que la oposición se limita a cambiar de imagen sin construir una propuesta de fondo. “Vimos el relanzamiento de logo diciendo que era el nuevo, nuevo, nuevo PAN, pero no hay un proyecto, que esa ha sido la gran incógnita de hacia dónde se puede gestar una nueva derecha en este país”. Ni siquiera, agregó, logran convencer a sus propias bases: “No logran permear ni en las propias bases del PAN, no logran convencer a la gente de que es bueno ser panista, no logran afiliaciones”.
Alina remarcó que la oposición sigue atrapada en una lógica reactiva frente a la Cuarta Transformación y no se han enfocado en cambiar su discurso.
“No logran generar un proyecto que no sea anti cuarta transformación. Lo que significó el knocaut del 2018 lo seguimos viendo todos los días, no logran recuperarse”. En ese contexto, dijo, su horizonte se reduce a la presencia mediática y digital. “Lo único a lo que pueden aspirar es a tener likes, de bots, además, porque ni siquiera son de militantes o de afiliados”.
Finalmente, José Hernández ofreció una lectura histórica del fenómeno, remontándose a 1988. “En 1988 pasó algo pues inédito que fue que el PRI perdió la presidencia de la República. Y este grupito este que hablas que la administró la democracia, pero ni siquiera la democracia. Lo que se pusieron a administrar fue la transición democrática”.
El monero Hernández explicó que, ante el riesgo del partido único, se simuló un proceso democrático controlado.
“Ellos se autonombraron, pues los guardianes, no de la democracia, sino de la transición a la democracia, lo que iba a suceder en algún momento del futuro”. Recordó el coloquio de 1990 en el que Mario Vargas Llosa calificó al PRI como “la dictadura perfecta” y cómo esa frase incomodó a quienes cuidaban ese equilibrio.
Durante tres décadas, señaló, ese grupo toleró fraudes y abusos en nombre de la estabilidad institucional. “No tenía ningún empacho en aceptar fraudes electorales, compras de votos, tranzas por todos lados, la toma de todas las instituciones”. En 2006, recordó, negaron el fraude para “cuidar las instituciones”, y en 2012 justificaron el regreso del PRI bajo el mismo argumento.





