En 2025, las colonias de buitres se han multiplicado. Los buitres se alimentan de carroña y la carroña se expande donde hay cosas rotas. Hay gente que se dedica a romper cosas, incluidos países, y luego se enriquecen como buenos carroñeros. Cuando algo se rompe, sea intencionadamente o por accidente, siempre surgen los que quieren ayudar y los que se ponen su mejor traje de carroñeros. 2025 deja un rastro de carroñeros insoportable. Que se vaya ya.
2025 ha sido el año del declive de Europa, del auge de China, del pataleo peligroso de unos EU decadente, del despertar convulso de África, del genocidio en Asia y de la disputa abierta en América Latina entre soberanía y sumisión. Quien más daño hace en el mundo es Occidente y quienes representan esa idea de Occidente -hombres, blancos, ricos, atlantistas, racistas, supremacistas- y donde más ignorancia hay en la población del daño que se hace es en Occidente.
Es evidente en este 2025 que el desarrollo tecnológico está generando una nueva fractura. La mitad de los adultos en EU no leyó ningún libro el año pasado. Trump ganó las elecciones gracias a Elon Musk, que se compró Twitter para ponerlo al servicio del Presidente que odia a los inmigrantes. No deja de ser curioso que, al tiempo que el pueblo norteamericano se embrutece, las élites están educando a sus hijos lejos de las pantallas, regresando a la lectura, a la reflexión y lejos de los teléfonos celulares. A las élites les interesa tener hijos inteligentes, pero que una mayoría se acostumbre a videos cortos, a entretenerse, a divertirse, a no hacerse muchas preguntas. Que no puedan concentrarse, conectar ideas, que estén embrutecidos, lo que les justificará despreciar a esas mayorías. Te dan de comer mierda y luego te desprecian porque estás gordo y mal alimentado.
Lo mejor de Occidente ya no lo puede representar Europa. ¡Atentos América Latina! Quien conozca la historia de Europa tiene necesariamente que vivir en la paradoja de ver al viejo continente como parte de la historia de la civilización y, por lo mismo, de la historia de la barbarie. Ciudadanos que apoyan genocidios y que persiguen inmigrantes en suelo europeo, y ciudadanos que se juegan ir a la cárcel para protestar por esos comportamientos.
Pero no podemos mirar para otro lado. En el ADN europeo está el colonialismo, que es la fuerza más relevante para la intranquilidad mundial sembrada por Europa desde el siglo XV.
En 1823, el Plan Monroe dijo que América pertenecía a los norteamericanos. Simón Bolívar vio con claridad que los EU iban a ser una plaga para el continente. No podía imaginar que después de la Segunda Guerra Mundial, esa plaga iba a extenderse por todo el planeta. Sustituirían a Gran Bretaña como imperio. Hoy ven zozobrar esa hegemonía y dan zarpazos, dirigidos por un amedrentador profesional que amenaza y asusta para conseguir mejor precio. Los imperios siempre tienen paredones de fusilamiento y mazmorras.
El año de 2025 que despedimos nos ha vuelto a traer las pretensiones imperiales norteamericanas, la insignificancia de Europa, la emergencia de China que no pasa una a EU y despide el año haciendo maniobras en la costa de Taiwan como respuesta al envío de armas norteamericano, la masacre en Gaza que nos debe abochornar a todos, la desestabilización de Oriente Medio, las guerras en África -con el bombardeo reciente de Nigeria por parte de EU, en su estrategia de frenar la descolonización del Sahel-, la disputa entre la izquierda y la derecha en América Latina, Bad Bunny en la Superbowl y la crisis del certamen Miss Universo. Eso último es una ironía para soportar tantos desafíos.
La Flotilla de la libertad de Gaza, la Relatora de Naciones Unidas para los territorios palestinos, Francesca Albanese, y el coraje del pueblo palestino forman parte de la esperanza de un mundo que, pese a todo el dolor, no se rinde. Y lo mismo vale para el pueblo de Venezuela, que amenazado por Donald Trump con la intención declarada de quedarse con el petróleo del país, no se ha rendido ni le ha retirado el apoyo al Gobierno de Nicolás Maduro, que ha decidido jugársela con su pueblo.
En Europa sólo hay malas noticias. La guerra de Ucrania, que debía haberse terminado hace tres años (que podía no haber comenzado), continúa porque a EU le interesó que los europeos rompieran con Rusia y garantizar así la insignificancia de la Unión Europea. Las relaciones comerciales entre Alemania y Rusia, con el gas como vehículo de unión, iba contra los intereses norteamericanos. Volaron el Nordstream II. En el documento de Estrategia de Seguridad Nacional norteamericano presentado este mes de diciembre, donde se recupera el Plan Monroe con un “corolario Trump”, se apuesta por apoyar a las fuerzas de extrema derecha europeas. Porque romperían la Unión Europea, igual que la derecha latinoamericana rompe la UNASUR y la CELAC, se comprometen a comprar todo a los EU y multiplicarían la presencia militar norteamericana en Europa.
La división de la izquierda y la falta de coherencia ideológica le puso alfombra roja a la extrema derecha. El panorama europeo se vistió con correajes en Italia, Hungría, Polonia, Austria, Bélgica, y son primera fuerza en Francia, Alemania y España.
En la Conferencia de Seguridad de Múnich de este año, el Vicepresidente católico JD Vance, que odiaba al Papa Francisco que se ha ido este año, dijo que sólo la extrema derecha europea -la que recupera el fascismo- comparte valores con los Estados Unidos de Trump. Los europeos, tras ser abochornados en una reunión en el Despacho Oval, con estética de colegio donde el director regaña a los alumnos, asumieron gastar el cinco por ciento del PIB en gasto militar, rematando el ridículo con una Ursula von der Leyen reuniéndose en un campo de golf en Escocia, propiedad de Trump, para rendirle pleitesía al que se cree el amo del mundo, y prometerle cientos de millones de dólares para compras de bienes norteamericanos. La recompensa de Trump a tanta humillación ha sido el apoyo a la extrema derecha señalada en la Estrategia de Seguridad Nacional.
Al tiempo, en Alemania se está persiguiendo, con comportamientos que recuerdan al nazismo, a quien critique el genocidio en Gaza o explique la responsabilidad europea en la estrategia de acorralamiento a Rusia que desembocó en la invasión de Ucrania. En Rumanía, el Tribunal Supremo anuló las elecciones por, se argumentó, injerencia rusa. En Honduras, dos días antes de las elecciones Trump mandó tres millones y medio de mensajes a celulares hondureños diciendo que si ganaba la izquierda no llegarían las remesas de los trabajadores de Honduras emigrados en los EU. Europa calló, igual que los hipócritas de la derecha latinoamericana (y, tristemente, también el Chile de Gabriel Boric), pese a que desde el partido LIBRE se pidiera la publicación de las actas (¿Ya no os importan las actas?). Cuando la izquierda se alinea con EU, desaparece.
Quien conozca la historia sabe que Europa siempre se ha guiado por intereses coloniales. Por eso ha protagonizado todo tipo de masacres en África y Asia durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, cedió en Múnich ante Hitler en 1938, rescató a los oficiales nazis, sostuvo a la dictadura de Franco, no protestó por los golpes de Estado en el cono sur, toleró masacres contra la izquierda en Indonesia, no reconoció la victoria del FIS en Argelia, secundó la mentira de las armas de destrucción masiva en Irak, reconoció a Guaidó como Presidente Interino o ha terminado fomentando la guerra en Venezuela dándole el más criticado de los premios Nobel de la paz a la violenta y guerrerista María Corina Machado.
Nos quedamos con los pueblos europeos impidiendo la vuelta ciclista a España, manifestándose en todas las capitales aunque los gobiernos les acusen de terroristas por pedir que no se asesine a más gente en Palestina, mostrando su repulsa a la presencia militar norteamericana en el Caribe, o presionando para que no se compren más armas a los asesinos israelíes ni se participe en Eurovisión u otras competiciones si ondea la bandera bajo la cual se está masacrando a seres humanos.
Tampoco ha sido un buen año para el medio ambiente. Hay menos planeta para vivirlo -nosotros y los que vengan detrás-. Y el mundo sigue ardiendo, como ha pasado en Los Ángeles o en España. Un planeta que se está desertizando, quedándose sin agua, perdiendo biodiversidad, calentándose a niveles invivibles, mientras las Cumbres del COP para frenar el calentamiento global, como la de Belém do Pará en Brasil, volvieron a ser un fracaso.
El año nos dejó la tristeza de la marcha del Papa Francisco y la llegada de un nuevo Papa, que estuvo a punto de generar un cisma porque la derecha estadounidense amenazó con romper con el Vaticano si volvía a ser elegido un Papa como Francisco. Al final, Trump se tranquilizó porque es norteamericano. Pero su tarea evangélica siempre la hizo en Perú. Hay esperanzas. Aún está pendiente saber cuál va a ser su legado, pero su cercanía con Bergoglio le dejó, sin duda, una compasiva huella. Tiene todavía el beneficio de la duda. Dudas, dudas, dudas. Las preguntas más repetidas en Google este año no dicen mucho del avance de la inteligencia humana: por qué la feria de abril de Sevilla fue en mayo, por qué los Papas cambian de nombre, cómo hacer caca en el trabajo -millones de seres humanos se hacen esa pregunta- o cómo quitar el maquillaje de la almohada. Preguntas que seguro no se hicieron los griegos clásicos cuando empezó a despuntar el pensamiento, pero que hoy ocupan nuestras inquietudes.
Quizá la prohibición del uso de redes sociales a los menores en Australia puede dar también alguna esperanza, aunque los menores luego crecen y ya podrán usarlas y quién sabe qué es peor. De momento sabemos que el detonante del levantamiento de la generación Z en Nepal (también protestaron en más sitios), que llevó a que le prendieran fuego al Palacio Presidencial después de que la represión causara decenas de muertos y miles de heridos, fue precisamente el anuncio de que se iba a restringir el uso de las redes. La protesta, que se extendió a críticas a la corrupción y la demanda de trabajo, quedó en nada. Esas explosiones de ira sin organización son como las olas en el mar, que sólo existen cuando hay viento. Dijo Gramsci que las ideas sin organización no vuelan. Y los actos tampoco.
El continente latinoamericano despide el año con la tristeza del Caribe militarizado, el asalto electoral en Honduras, la pelea de la izquierda en Bolivia y Perú que permitieron o permitirán el regresó a la derecha y que un admirador de Pinochet ganara las elecciones en Chile. Tristeza aumentada por el mal gobierno de Gabriel Boric, que arrastró en su desconcertante gestión a la candidata del Partido Comunista. Janet Jara, que heredó ese desconcierto, renegó, como San Pedro, de su propio gobierno, de Venezuela, de Cuba y casi, asustada, de toda la izquierda. Parece que la izquierda sólo no reniega de la izquierda cuando nos matan. Pero cuando la izquierda se asusta, hay más ideología en los anticomunistas que en la propia izquierda. Y la izquierda pierde.
Si el mundo está convulso es porque hay gente protestando, porque hay pueblos que no se resignan, porque hay suficiente gente como para importunar a los poderosos. No perdamos eso de vista. Si no existiera esa gente, todo aparentaría estar mejor. No te van a contar que hay una parte de la humanidad que cree en el ser humano y que está dispuesta a pelear para que no le roben su humanidad.
De la mano de esa gente, entramos en el 2026. Feliz año nuevo a todas y todos los que no se resignan.





