La violencia vino de El Norte de Carlos Pérez Ricart sostiene que el problema de la violencia en México es un factor transnacional impulsado por el flujo masivo de armas desde EU.
Ciudad de México, 25 de enero (SinEmbargo).– El problema de la violencia en México no es exclusivamente doméstico, sino un factor transnacional impulsado por el flujo masivo de armas provenientes de Estados Unidos. Esta es la premisa de La violencia vino de El Norte (Debate), obra de Carlos Pérez Ricart, quien sostiene que el camino hacia la pacificación de México pasa por una acción decidida en casa: "desmilitarizar a las organizaciones criminales".
Pérez Ricart refiere que la militarización de los grupos delictivos ha generado una "carrera armamentista" que, a su vez, ha provocado una respuesta de militarización de la seguridad pública. Por ello, el académico es enfático al proponer la estrategia para salir del círculo de violencia:
"Hay una suerte de carrera armamentista y si no desmilitarizamos primero los grupos criminales, no vamos a poder desmilitarizar también la seguridad pública. La discusión sobre seguridad pública y control de armas no está disociada y creo que este libro hace un buen argumento para señalar que si queremos avanzar hacia la pacificación de México, tenemos que comenzar por desmilitarizar a las organizaciones criminales impidiendo que se hagan de más armamento que proviene de Estados Unidos."
Carlos Pérez Ricart subraya la magnitud del desafío que representa esta tarea, particularmente frente a un actor de poder como la industria armamentista estadounidense cuyo tamaño es de 400 armas de fuego al día que cruzan la frontera entre Estados Unidos y México y de unas 135 mil al año, lo que equivale a una cada cuatro minutos.
El autor critica la visión que limita la explicación de la violencia a causas únicamente mexicanas: "Sostenemos que la violencia que vive el país desde 2007 se debe a causas únicamente, por así decirlo, mexicanas. Cuando lo que yo sostengo en este libro es que estamos hablando más bien de un factor transnacional".
Pérez Ricart sostiene en su obra que la violencia devastadora que afecta a México no es un fenómeno meramente interno, sino que tiene como condición necesaria el flujo masivo de armas ilegales provenientes de Estados Unidos. Plantea que, sin este acceso estable y barato a armamento de alto poder, las disputas criminales y la corrupción institucional en México no habrían derivado en la "masacre" que comenzó a escalar a partir de 2007.
“Este libro lo que hace es reunir 12 años de investigación que yo he ido publicando en diferentes libros, artículos académicos, casi siempre en inglés para un tipo de público más especializado. Y lo que yo intento hacer aquí es en 200 páginas reducir el argumento, simplificar un poco el argumento para intentar ponderar de manera distinta el papel de las armas de fuego de Estados Unidos en México. No solamente se trata de hacer una nueva historia del presente, saber qué diablos nos llevó hasta acá, sino que también hay un intento por encontrar las claves de cómo salir de aquí”, indicó.
En el texto, Pérez Ricart da cuenta de una serie de factores que han permitido a los grupos criminales contar con un mercado negro de armas prácticamente ilimitado. Habla, en ese sentido, del desmantelamiento del marco regulatorio estadounidense, destacando dos momentos críticos: la expiración de la Prohibición Federal de Armas de Asalto (AWB) en 2004 y la firma de la Ley de Protección del Comercio Lícito de Armas (PLCAA) en 2005.
La primera permitió que rifles de asalto, como el AR-15, volvieran al mercado civil sin restricciones, mientras que la segunda creó una "zona de inmunidad legal" que blindó financieramente a los fabricantes frente a las consecuencias de sus productos. Estas decisiones políticas convirtieron a la industria armamentista en un sector "intocable", permitiendo que el mercado estadounidense se transformara en el principal abastecedor de armamento al narcotráfico.
El mecanismo de tráfico hacia México se describe como un "comercio hormiga", compuesto por miles de transacciones pequeñas y repetidas realizadas por ciudadanos o "compradores de paja" que adquieren armas legalmente para entregarlas a terceros. Estas armas cruzan la frontera principalmente en vehículos particulares, aprovechando que casi no existen inspecciones sistemáticas para los autos que salen de Estados Unidos hacia el sur. El estudio más riguroso citado en las fuentes estima que cada año cruzan ilegalmente unas 135 mil armas, lo que equivale a una cada cuatro minutos, alimentando un río de acero que las autoridades de ambos países no han logrado detener.
Lo cierto es que el principal flujo de armamento ilegal no proviene del mercado formal a gran escala, sino de pequeñas tiendas con licencia que operan en Estados Unidos y que, a través de vacíos legales o controles laxos, alimentan este circuito. A ello se suma un segundo fenómeno particularmente preocupante: el de las llamadas armas fantasma. El libro expone al menos dos casos de personas que actualmente enfrentan procesos judiciales en Estados Unidos por el tráfico de piezas de armamento que, una vez cruzada la frontera, terminan ensamblándose en México.
Ambos elementos permiten dimensionar la magnitud del desafío. No se trata únicamente del volumen de armas que circulan de manera ilegal, sino de un negocio altamente rentable, con ganancias millonarias, que opera en una zona gris de la legalidad y que representa un reto mayúsculo para las autoridades de ambos lados de la frontera.
“Hablamos de una industria que hoy no se parece en nada a la industria que yo revisé cuando escribí el libro. Hoy envían partes, componentes directamente a México para que se manufacturen aquí las armas. Imprimen en tercera dimensión. Es capaz de saltarse las regulaciones a partir del internet, de la dark web. Es una industria en constante movimiento pero que tiene como característica su simplicidad, su falta de sofisticación”, comentó. “Una sola persona puede hacer mucho daño al producir esas armas”.
Ante la evidencia de que la regulación en Estados Unidos es compleja y retrocede como pasa hoy en día con Donal Trump, el investigador Pérez Ricart argumenta que la estrategia mexicana debe cambiar de enfoque. "Hay poco que hacer en Estados Unidos, casi nada. Eso me lleva a pensar que México tiene que hacer algo. Es hora de que México cree una política estatal de violencia armada".





