Argentina llora a una de sus máximas figuras de la escena. En Buenos Aires, murió el gran Alfredo Alcón

13/04/2014 - 12:30 am

Alfredo Alcón en una de sus últimas imágenes. Foto: EFE
Alfredo Alcón en una de sus últimas imágenes. Foto: EFE

Ciudad de México, 13 de abril (SinEmbargo).- Era gigante. Era humilde. Sus más de 50 películas no hicieron más que colocarlo para siempre en la memoria emotiva de los habitantes de Argentina, país donde había nacido hace 84 años y donde este viernes 11 de abril, falleció.

Alfredo Alcón, actor y maestro de actores, dejó huérfanos a sus compatriotas que lo lloraron en un transitar incesante por el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de Argentina, donde se llevó a cabo la capilla ardiente destinada a dar el último adiós al también director teatral, una de las máximas figuras de la escena sudamericana.

Falleció en Buenos Aires a causa de una insuficiencia respiratoria y eternizó de ese modo el recuerdo de su voz grave y extraordinaria, su solvencia interpretativa y sobre todo su ética personal inclaudicable.

La capilla ardiente se llevó a cabo en el Congreso de Argentina. Foto: EFE
La capilla ardiente se llevó a cabo en el Congreso de Argentina. Foto: EFE

Considerado el mejor actor de su generación, particularmente por sus impresionantes interpretaciones de clásicos teatrales de William Shakespeare, Arthur Miller, Tennessee Williams y Henrik Ibsen, entre otros, Alcón había nacido el 3 de marzo de 1930 en Buenos Aires.

Además de su extensa trayectoria teatral en la ciudad que lo vio nacer, también había actuado fuera de su país natal, en el Teatro Nacional Español y en el Teatro Nacional María Guerrero, de Madrid.

Su último trabajo sobre las tablas fue Final de partida, de Samuel Beckett, obra que protagonizó el año pasado en el teatro San Martín de la capital argentina, junto al joven actor Joaquín Furriel, quien comentó en una entrevista radial que “haber trabajado con él fue una circunstancia extraordinaria que jamás pondría en el currículum porque no está dentro de lo convencional”.

"Estoy muy golpeado. Pero también tengo recuerdos muy lindos. Yo tenía agujeritos tras bambalinas que me habían hecho los técnicos para cuando no estaba en el escenario poder verlo bien", contó Furriel.

"Era un actor extraordinario y estoy orgulloso de nuestro país, de nuestra cultura. Todos los que trabajamos con Alfredo estuvimos muy conectados con él en esta última etapa, lo que también habla de cómo era él como persona", concluyó el actor muy compungido.

SU CARRERA EN EL CINE

La gran virtud de Alfredo Alcón, quien en su juventud supo ser uno de los hombres más bellos de la pantalla grande sudamericana, fue timonear una larga y prolífica carrera que ayudó a que su figura atravesara generaciones.

Actuó en películas como Nazareno Cruz y el lobo (1975), de Leonardo Favio, Los inocentes (1964), del español Juan Antonio Bardem y En la ciudad sin límites (2002), de Antonio Hernández.

“El arte sirve para ayudar a mirar. No es que revele nada, sino que constituye una inminencia de una revelación, que es lo que todos buscamos", supo decir este hombre que había estudiado en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático.

A poco de recibirse se sumó al ciclo Las dos carátulas, que en 1951 se emitía por Radio del Estado, hoy Nacional, donde también tenía que leer informes del Mercado de Hacienda.

En la pantalla grande fue dirigido por los más importantes realizadores argentinos, entre ellos el inefable Leopoldo Torre Nilson, para quien protagonizó películas históricas donde encarnó a José de San Martín, el héroe de la patria, en el Santo de la espada; a Martín Fierro en el filme homónimo y al gestor de la Guerra Gaucha, Miguel Martín de Güemes, en Güemes.

Con Leopoldo Torre Nilson hizo también en 1960 Un guapo del 900, uno de sus primeros filmes y considerado una verdadera joya en la historia de la cinematografía argentina. Siguieron La maffia, en 1972, y después, en años sucesivos, Los siete locos, Boquitas pintadas y El pibe Cabeza.

Hizo también Saverio el cruel, Pubis angelical, El amante de las películas mudas y la premiada El hijo de la novia.

Sensible, fuerte, sabio, soberbio. Sus actuaciones variaron con cada personaje. La de actor "es una profesión donde uno es muy frágil porque depende mucho de la opinión de los otros, de estar en boca de los demás", admitió.

En el teatro tuvo notables interpretaciones en Yerma, El farsante más grande del mundo, La muerte de un viajante, Las brujas de Salem, Panorama desde el puente, De pies y manos, Los caminos de Federico, Peer Gynt, Hamlet, Ricardo III y Escenas de la vida conyugal, donde compartió cartel con la argentina Norma Aleandro, quien fue su pareja.

Con enorme éxito fue uno de los protagonistas de Filosofía de vida, la obra del mexicano Juan Villoro. Foto: EFE
Con enorme éxito fue uno de los protagonistas de Filosofía de vida, la obra del mexicano Juan Villoro. Foto: EFE

SU HUMILDAD PROVERBIAL

A menudo pedía no ser canonizado y en varias entrevistas apabullaba a su interlocutor con elogios que lo desarmaban, como la que probablemente fue una de sus últimas intervenciones televisivas frente a Osvaldo Quiroga, uno de los más reputados periodistas culturales de Argentina.

"No existe trayectoria que me proteja del miedo. Antes de cada función, siento que voy a salir a enfrentar mis propios sueños, a mostrar el alma y quiero escapar", admitía.

“Con vos se fue la parte más luminosa de mi vida”, escribió en su cuenta de Twitter la actriz Graciela Borges, quien trabajó por primera vez con Alfredo Alcón en la película Zafra, de 1959, una unión que repetirían en varios filmes posteriores.

Fotograma de Nazareno Cruz y el lobo. Foto: Especial
Fotograma de Nazareno Cruz y el lobo. Foto: Especial

Su modestia era histórica y queda reflejada en esta anécdota relatada por el periodista Diego Grillo Trubba: “Voy a contar una anécdota que tuve con Alfredo Alcón que, creo, pinta de cuerpo entero quién era y cómo era.

Yo había empezado poco tiempo antes en el periodismo, muy poco. Y surge la noticia de que (Rodrigo) De la Serna tenía que hacer de San Martín. Obvio, me encargan comunicarme con Alcón para consultarlo al respecto porque él había hecho El santo de la espada.

Lo entrevisté por teléfono, esa primera vez. Amabilísimo. Se extendía en todas las respuestas, diciendo cosas inteligentes.

El fin de semana siguiente estrenaban una obra en el Paseo La Plaza y al final me acompañó mi vieja (madre). Nos ubicamos, y al toque, al lado mío, se sienta Alcón. Yo no quería molestarlo, y mi vieja empieza a romper los huevos. La cosa es que lo saludo y le digo que yo era quien lo había entrevistado por teléfono dos días antes. Primero me empezó a agradecer, y luego se inclinó hacia mi vieja. La saludó efusivamente. Al toque, le dice "tiene que estar muy orgullosa de su hijo, señora". Y estuvo varios minutos elogiándome.

Obviamente, Alcón exageraba. Lo que me asombró fue su calidad humana para haber detectado y complacido a una madre. Luego, cada vez que lo entrevisté, sin que le dijera nada él me preguntaba por mi vieja. "Su madre lo quiere mucho", me decía.

Así, era Alfredo Alcón. Así.”

Con información de agencias

Mónica Maristain

Mónica Maristain

Es editora, periodista y escritora. Nació en Argentina y desde el 2000 reside en México. Ha escrito para distintos medios nacionales e internacionales, entre ellos la revista Playboy, de la que fue editora en jefe para Latinoamérica. Actualmente es editora de Cultura y Espectáculos en SinEmbargo.mx. Tiene 12 libros publicados.

Lo dice el reportero