
Ciudad de México, 22 de abril (SinEmbargo).- El anuncio estrujó el corazoncito de sus fans mexicanos: Muse, la gran banda británica liderada por Matt Bellamy, regresa a México para ofrecer dos conciertos, el 17 y el 18 de noviembre próximos, en el Palacio de los Deportes.
Se trata sin duda de un acontecimiento musical que refleja el estatus privilegiado que ostenta la agrupación entre los cultores de un género que suele vivir más de las glorias pasadas que de las propuestas presentes.
Muse, que agotó las entradas en sus cuatro presentaciones de 2013 en nuestro país, se ha hecho grande en un sistema donde no hay muchas bandas de envergadura y donde los “jóvenes de ayer” (al decir de Charly García), por caso los septuagenarios Rolling Stones, disfrutan y ofrecen un rock pretérito y no por ello menos luminoso y agraciado.
Lo interesante, además, es que Matt Bellamy, Chris Wolstenholme y Dominic Howard llegan con nuevo disco bajo el brazo, el reciente Drones, que con temas como “Psycho” y “Dead Inside”, refleja el buen momento creativo que atraviesa la agrupación.
“Para mí los drones son unos psicópatas metamórficos que permiten comportamientos psicopáticos sin recursos. El mundo está dominado por drones. Utilizan drones para convertirnos en drones.
Este álbum explora el viaje humano desde su abandono y la pérdida de su esperanza pasando por el adoctrinamiento del sistema para ser un drone humano y hasta su eventual deserción ante sus opresores”, afirmó Bellamy en un lenguaje críptico y rebuscado que no quita de todos modos brillo al nuevo disco de Muse, cuyo contenido íntegro conoceremos en junio próximo.
CON SEIS DISCOS DE ESTUDIO
Con seis discos de estudio: Showbiz (1999), Origin of Symmetry (2001), Absolution (2003), Black Holes and Revelations (2006), The Resistance (2009) y The 2nd Law (2012), la banda británica nacida en 1994 en Teignmouth, una ciudad costera en el suroeste de Inglaterra en el condado de Devon, recorrió un camino empeñoso donde luchó para imponer sus canciones en lugar de los covers que caracterizaron sus inicios, hasta ser fichada por Maverick, el sello discográfico de Madonna en 1998.

Destellos de Radiohead –la influencia principal de Muse-, Nirvana, Jeff Buckley, Smashing Pumpkins, Queen o Pink Floyd, conforman el entramado estético que da como resultado esas atmósferas oscuras y melodramáticas que a pocos dejan indiferentes desde que la agrupación diera la nota en un mercado musical que los recibió con los brazos y oídos bien abiertos.
Y si Muse se caracteriza por los buenos discos, no es menor su relevancia arriba del escenario, donde todo gira alrededor de la locura irrefrenable de su líder, el inclasificable Matthew Bellamy, nacido en Cambridge en 1978, un tipo que a pesar de haber estado en pareja con la mega estrella de Hollywood Kate Hudson –madre de su hijo, además-, descree de la fama con una pasión furibunda.
“Disfrutamos dando grandes conciertos, siendo una gran banda de directo. Disfrutamos de nuestra buena relación con nuestros seguidores desde el escenario. Nos gusta la idea de tratar de llevar el directo a un nivel superior. No estoy nada interesado en ser famoso, sino en estar sobre un escenario. Ahí sí puedo entretener. Fuera no. Ninguno de los tres queremos comprometernos con nada que no sea hacer música”, ha declarado en 2010 a la revista Rolling Stone.
Como Jack White, como el ya veterano Dave Gröhl, Bellamy pertenece a esa nueva raza de músicos que rescata por encima de todo la música de garaje, los sonidos orgánicos que se constituyen en material sensible de privilegio a la hora de tocar el lado profundo de oyentes que no hacen tanto caso a la parafernalia del rock como sí a su esencia sonora e ideológica. En el caso de la agrupación británica, además, lo notable es que llevan ese discurso mínimo a un escenario grandilocuente, a una propuesta escénica de dimensiones gigantes y estruendosas.
“Queremos devolverle a la juventud los conciertos de estadio. Son una experiencia energética que genera una gran comunión entre la gente. Ahora que los jóvenes son abandonados por los políticos y los economistas, es importante que al menos tengan la música”, ha dicho Matt a la RS.

Para tal propósito Muse ostenta el raro título de ser considerada -en una encuesta organizada por NME- la mejor banda en vivo de la historia del rock, con una cantidad de votos que superó a Led Zeppelin, The Rolling Stones, AC/DC y David Bowie entre otros, un hecho que ha relativizado el propio cantante de Muse, al aceptar la influencia musical de Queen y darle el primer lugar en la estadística.
"La mejor banda del mundo es Queen, definitivamente. Pienso que hay muy pocas bandas en el mundo que se les puedan poner al lado. Ellos trajeron sofisticación y riqueza a la música y tienen los elementos más interesantes en lo que podríamos denominar 'música popular'. En definitiva, le abrieron la puerta a un sonido musical más interesante y rico”, ha dicho Bellamy al periódico argentino Clarín.
Más allá de las encuestas, existe un amor especial entre Muse y el público mexicano, un pacto de cariño mutuo que se refrendará en noviembre próximo cuando en el Palacio de los Deportes los británicos se pongan a la tarea de deslumbrar una vez más no sólo con su música, sino también con el armado de escenario con el que vestirán el concepto de Drones.




