Ante la intervención de Estados Unidos en Venezuela, especialistas canadienses han comenzado a barajar los posibles escenarios en los que tendrían que lidiar con un nuevo embate de Trump para convertir al país en el estado número 51 de la Unión Americana.
Ciudad de México, 6 de enero (SinEmbargo).– Canadá ha pasado de los nervios que le causó el secuestro de Nicolás Maduro, a analizar escenarios en su propio territorio. El Gobierno dice que está siguiendo de cerca los acontecimientos para identificar amenazas mientras que académicos diseñan escenarios. La pregunta es: ¿Hasta dónde puede llevar el neoimperialismo de Donald Trump?
Thomas Homer-Dixon, catedrático de la Royal Roads University y profesor emérito de la Universidad de Waterloo, así como Adam Gordon, exasesor del Ministro de Asuntos Exteriores de Canadá e investigador del Cascade Institute, advierten en un texto publicado hoy que en su segunda investidura, Trump ha ordenado acciones militares en Siria, Yemen, Somalia e Irak; ha bombardeado los complejos de armas nucleares de Irán; y ha hecho estallar más de una veintena de barcos que presuntamente transportaban drogas en el Caribe. En tan solo las últimas dos semanas, ha lanzado misiles contra terroristas islámicos en el norte de Nigeria, ha declarado que Estados Unidos está "listo para atacar de nuevo a Irán" y ahora ha decapitado al gobierno de Venezuela.
En este contexto, dicen en este texto publicado en The Globe and Mail, “los canadienses deben reconocer el riesgo real de que Trump utilice la coerción militar contra nuestro país”. El ensayo no da espacio para la duda: “Debemos prepararnos para la posibilidad de que Estados Unidos utilice la coerción militar contra Canadá”, se llama.
El Ministro de Defensa de Canadá, David McGuinty, había advertido desde antes del secuestro de Nicolás Maduro que estaba “tomando nota” sobre la nueva estrategia de seguridad estadounidense. Hace poco más de un año que Donald Trump hablaba de anexar Canadá y volverlo “el estado número 51”. Fue entonces que maltrató al Primer Ministro Justin Trudeau, llamándolo “Gobernador”. Luego vinieron los golpes comerciales, uno tras otro.
En otro texto, citando a un alto funcionario del gobierno canadiense, The Globe and Mail dice que el gobierno canadiense está “en modo de esperar y ver” el ataque militar de Trump en Venezuela. Intenta determinar si el Presidente de Estados Unidos planea acciones unilaterales en otros países.
“Canadá se encuentra en una posición particularmente vulnerable en este momento porque se espera que en breve comience la renegociación del Acuerdo trilateral Estados Unidos-México-Canadá, donde se espera que la administración de Trump busque cambios que beneficien a las empresas estadounidenses y perjudiquen a las industrias canadienses. En una declaración cuidadosamente redactada, Ottawa se abstuvo de criticar el ataque del Presidente estadounidense contra Venezuela el 3 de enero y la detención de su Presidente, Nicolás Maduro. La declaración provocó que algunos expolíticos y otros canadienses exigieran un lenguaje más contundente al Primer Ministro Mark Carney”, agrega.

“Pero el alto funcionario afirmó que sería incómodo para Canadá haber criticado duramente a Trump por destituir al líder venezolano cuando la propia Ottawa pasó seis años instando públicamente al fin del régimen de Maduro. En 2019, Canadá calificó de ilegítimo el gobierno de Maduro y exigió su dimisión”, dice.
“El gobierno canadiense está siguiendo de cerca los acontecimientos, dijo el funcionario, tratando de determinar si la acción contra Maduro es un hecho aislado o si Trump continúa con sus amenazas de actuar contra Cuba o los cárteles de la droga dentro de México. Trump dijo el domingo que quiere anexar Groenlandia y agregó que Dinamarca no está gastando suficiente dinero para protegerla de los rusos y los chinos”, señala.
Escenarios de guerra
Los catedráticos alertan que es importante conectar tres datos recientes. “Primero, en su conferencia de prensa del sábado, Trump declaró explícitamente que el objetivo de la operación en Venezuela era asegurar el acceso al petróleo del país. Luego, en una entrevista con The Atlantic el domingo, se negó a descartar una acción militar para apoderarse de Groenlandia —a pesar de que Groenlandia es una democracia y, a través de Dinamarca, miembro de la OTAN—, afirmando: ‘Necesitamos a Groenlandia, sin duda’. Desde la perspectiva de Trump, tres potencias dominantes —Rusia, China y Estados Unidos— están estableciendo una hegemonía coercitiva en sus respectivos territorios. Con su petróleo, minerales y agua, Canadá es un territorio vital en el interior de la región que pertenece a Estados Unidos.
“En segundo lugar –agregan Thomas Homer-Dixon y Adam Gordon–, la recién publicada Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos describe el ‘corolario Trump’ de la Doctrina Monroe e identifica la ‘preeminencia’ estadounidense en el Hemisferio Occidental como un objetivo geoestratégico principal. Pero Canadá no puede contar con la exclusión del ámbito de aplicación de la doctrina. Entre las décadas de 1950 y 1980, cuando Estados Unidos intervino en Guatemala, Cuba, República Dominicana, Chile, Nicaragua, Granada y Panamá, miraba hacia el sur y nos trataba más como algo irrelevante que como un vasallo. En cambio, hoy la administración Trump siente poco afecto por Canadá y está claramente preocupada por las inseguridades geoestratégicas en zonas tan septentrionales como el Ártico”.
En tercer y último lugar, dicen, nada en el derecho internacional protege a Canadá que no debiera haber protegido a Venezuela. “Como nación, nos regimos por las mismas normas —la obligación de respetar la soberanía estatal, la prohibición del uso de la fuerza y el principio de no intervención— para nuestra propia seguridad”.
Conectando estos puntos, dicen en su ensayo, “un escenario plausible para el uso de la fuerza militar por parte de Estados Unidos contra Canadá para apoderarse de nuestros recursos petroleros sería algo así. Un referéndum de independencia en Alberta, durante el cual los separatistas reciben una enorme inyección de dinero gris del MAGA, da como resultado una mayoría de votos a favor de permanecer como parte de Canadá, pero con un 30 por ciento o más votando a favor de la separación. Trump declara que el resultado es ‘falso’ y que el apoyo real a la separación superó ampliamente el 50 por ciento. Los separatistas de Alberta piden entonces ayuda a Estados Unidos, alegando diversos tipos de opresión. Estados Unidos desplaza tropas a la frontera norte de Montana y le dice al resto de Canadá que se debe permitir que Alberta se una a Estados Unidos como el ‘estado 51’”.





