Ciudad de México, 10 de mayo (SinEmbargo).-Juan Villoro se hizo necaxista por geografía. La calle donde salía a jugar de niño estaba repleta de fanáticos rojiblancos. El escritor pronto se dio cuenta que el Necaxa no era un equipo que generaba un paro nacional cada vez que salían a jugar en alguna cancha. El club de los 11 hermanos no presumía muchos más fieles.
El futbol en los noventa convirtió a México en una tormenta eléctrica. Los Rayos del Necaxa dominaron la década con un señor de boina fina sentado en el banco. Manuel Lapuente dirigió a un grupo que hizo historia y catapultó a los contados necaxistas directo a la élite de los aficionados orgullosos de sus equipos.
A pesar de los logros deportivos, el Azteca parecía un estadio fantasma cuando Alex Aguinaga ganaba partidos con su lento trotar y respirando con la boca abierta. En 2002, el gobierno de Aguascalientes derrumbó el viejo estadio municipal donde los Gallos habían jugado desde 1994, siempre en categorías de ascenso. En su lugar se construyó uno con colores rojiblancos y fachada europea. El Victoria nacía para albergar a un Necaxa que salía del Distrito Federal en busca de cariño masivo que dejara las cuentas bancarias sanas.
En el primer partido los hidrocálidos, el inmueble estuvo abarrotado. Las Chivas ganaron el partido inaugural, un presagio de lo que después vendría. Las gradas se fueron vaciando conforme a los jugadores se les veía más en acción en antros y bares que en la cancha. La nueva estirpe de futbolista profesional en Aguascalientes dibujó un paisaje de carros último modelo y mujeres despampanantes, sin mucho compromiso deportivo.
Dos descensos fulminaron la fiebre rojiblanca que había contagiado a jóvenes y niños que se entregaron al nuevo huésped. Con uno de los estadios más modernos del país, además una visita de Maradona a la casa club del equipo comparada con las mejores de Europa, Necaxa se fue perdiendo en la indiferencia de los aficionados que veían un juego aburrido en la cancha.
La lucha en el ascenso ha sabido poner a Necaxa como un equipo protagonista, desde su último descenso en 2011, los esfuerzos por volver se han quedado en esperanza con personas cabizbajas saliendo del estadio. Cada vez que los Rayos anotan un gol, unas fuentes de colores se activan atrás de la portería sur. Sin embargo, ninguna empapada al público cercano ha sido de ascenso.
El 8 de mayo los Rayos se metieron en la final de ascenso del clausura 2013 frente a Toros Neza. En el juego de ida en tierra mexiquense, Necaxa fue borrado del campo perdiendo 3-0. Villoro nunca aprobó la marcha de su equipo al centro del país. Para el escritor, se llevaron al club para que los japoneses, trabajadores de la planta Nissan ubicada en la ciudad, fueran al estadio y no se aburrieran. Hoy en el juego de vuelta, las gradas estarán repletas. Japoneses e hidrocálidos verán a su equipo intentar revertir el marcador. Matar la indiferencia y reconvertirla en fe, es el objetivo.





