
De acuerdo con estudios recientes, las familias ampliadas representan 23 por ciento del total en México, mientras que Estados Unidos posee la tasa más alta del mundo con el 40 por ciento.
Por lo anterior, las académicas Laura Elena Martínez Lara y María Antonia Cerna Trujillo de la Universidad Iberoamericana, han realizado una desmitificación de las familias reconstruidas en México en el libro Nuevas formas de relación en la sexualidad humana, editado por la casa editorial de la Ibero.
Existen muchos mitos y falacias, sobre todo provenientes de la sociedad tradicional, alrededor de las nuevas familias o familias ampliadas, y son creencias que surgen por el desconocimiento y el miedo al cambio, entre otros factores. Aquí te presentamos los once mitos más frecuentes:
La familia tradicional es la única que funciona. FALSO.
La realidad nos demuestra que la familia tradicional no es el único modelo que existe ni que funciona. Cada día vemos más variedad en los tipos de familia.
Las familias reconstruidas difícilmente pueden afrontar los conflictos que involucran a todos los nuevos miembros, por lo que suelen terminar en otro fracaso. FALSO
Las familias ampliadas o reconstruidas pueden afrontar y resolver los conflictos igual que una familia original. Esta resolución de conflictos será más fácil cuando el duelo por las pérdidas anteriores haya sido elaborado, las culpas hayan quedado resueltas, y se tengan claros los papeles que ocupa cada uno de los integrantes, así como también la relación y el lugar que ocupará el ex cónyuge como padre o madre de los hijos que conforman la nueva familia.
La nueva pareja será la puerta de entrada para una nueva vida, un comenzar de cero. FALSO.
La nueva pareja no comienza de cero, inicia teniendo como base la pareja inaugural con quien se comenzó la representación de sí mismo en su papel de pareja o parental.
Se logrará la felicidad eterna e instantánea. FALSO.
Los lazos de amor y cariño se van construyendo, además nada es para siempre y se requiere de adaptación y trabajo para consolidarlos.
Las relaciones con los nuevos integrantes suelen ser conflictivas. FALSO.
Un segundo matrimonio trae consigo nuevas y variadas relaciones afectivas no consanguíneas. Para que estas relaciones cobren importancia emocional y adquieran una presencia en el mundo interno de cada uno, se requiere de un tiempo considerable y una convivencia constante. “Si entre los hermanos de sangre suelen haber conflictos y rivalidades, se espera que también existan rivalidades y conflictos que sean manejables entre los miembros de la familia ampliada”.
La aceptación y el cariño serán de forma instantánea.FALSO.
La aceptación instantánea suele ser una fantasía idealizada, sobre todo cuando se pretende recuperarse de la sensación de dolor y frustración que se vivió durante la ruptura anterior. Es la fantasía de volver a pertenecer a una familia inaugural y tener a todos los miembros contentos. Los adultos suelen esperar una aceptación inmediata, por lo que, cuando no es así, suele vivirse con una sensación de desánimo y, en ocasiones, de rabia y rivalidad o arrepentimiento de haber conformado la nueva relación. Para los hijos, a veces la nueva pareja es generadora de cierta angustia de no pertenencia al no saber quién es qué para quién, ni qué representa cada uno para el otro, por lo que suelen manejarlo con rebeldía, aislamiento o enojo.
Los hijos criados en familias ampliadas tienen más dificultades en los aspectos emocional, social, físico y psicológico que los criados en la familia original o los inaugurales. FALSO.
Los hijos que tienen claros los papeles parentales, y donde la sensación de traición o deslealtad hacia alguno de los progenitores ha sido elaborada, suelen presentar buenos niveles de adaptación; similar o mayor a los que viven dentro de la familia original. Si bien algunos hijos de familias ampliadas suelen ser más sensibles, en ocasiones suelen contar con mayores recursos para enfrentar y adaptarse a las dificultades.
Las familias ampliadas o reestructuradas son menos cohesionadas y funcionan con un nivel de estrés mayor que las familias inaugurales u originales. FALSO.
Si bien el nivel de estrés que se vive, sobre todo al inicio de la conformación de la familia, suele ser alto, el establecimiento claro de límites y reglas de funcionamiento permitirá una más rápida adaptación y menor nivel de estrés.
Por tener más experiencia, el segundo matrimonio no fracasará. FALSO.
La práctica nos enseña que el porcentaje de fracaso suele ser mayor en el segundo matrimonio, lo cual puede deberse a varios factores como, por ejemplo, la falta de elaboración de la ruptura anterior. También el no tener claridad en cuanto a la participación en el fracaso previo aumenta la probabilidad de que se presente una nueva ruptura; además pueden haber dificultades en cuanto a las habilidades de negociación, acoplamiento y de evitar la fusión y los estilos que llevaron a la ruptura con la anterior pareja.
La familia reconstruida funciona mejor cuando el progenitor ha fallecido. FALSO.
Este mito puede basarse en el hecho de que ante una pérdida por muerte se incrementan los procesos de idealización. La realidad nos demuestra que no siempre es así, además el solo hecho de sufrir la pérdida, incluso por divorcio, puede generar idealización del objeto perdido y anhelado.
Los hijos de familias reconstruidas tienden a fracasar en sus relaciones de pareja. FALSO. La experiencia dolorosa de la ruptura de su familia puede promover en los hijos la búsqueda de mecanismos reparatorios que ayuden a preservar la estabilidad de la familia que ellos construyan.




