Ciudad de México, 27 de mayo (Sin embargo).- La tierra batida de Roland Garros da lo mismo gloria que fracasos rotundos. Es un terreno de juego con un entorno distinto, con la presión de un público conocedor, las emociones pueden jugar un papel adverso si es que no se tiene la fortaleza mental necesaria para controlar el impulso.
El 30 de mayo de 2012, la estadounidense Serena Williams acaparó las miradas de los aficionados y de los medios de comunicación en la primera ronda del glamoroso torneo parisino. Enfrente, una francesa de 29 años que se supo local y tuvo más temple que la menor de las Williams. Virginie Razzano se paró del otro lado de la red sin mucho que perder.
Tras ir abajo 1-5 en el segundo set, Razzano mostró coraje impulsada por el público francés que la cobijó con su apoyo. La francesa logró ganar el set en tie-break y aprovechó el impulso de la adrenalina para ganar el tercero dándole al tenis la primera gran sorpresa de Roland Garros. La favorita Williams se fue llorando, cabizbaja y triste.
El pundonor de los golpes de Venus pueden compararse con su temperamento. Es habitual verla gritar eufórica después de un punto ganado. El contraste en el momento de la tristeza es a la misma altura. La frustración de la derrota es algo que la enorme sonrisa de Williams alcanza poco a disimular, una ganadora nata poco acostumbrada a descalabros monumentales como el que le propinó Razzano.
Este año Venus llega como amplia favorita para alzarse con el título del Grand Slam parisino. Luego de ganar Madrid y Roma, la estadounidense se ha mostrado imbatible. La presión del recuerdo doloroso de hace un año llenó los análisis periodísticos previos al inicio de la edición 2013 del Grand Slam Parisino. Serena llegó a París con la sonrisa de siempre.
La menor de las Williams saltó a la cancha central con un traje azul ceniza y accesorios amarillos con naranja. Compartiendo las excentricidades de su juego, la vestimenta de Venus ha impuesto moda en el mundo deportivo. Con toda la mercadotecnia y la personalidad de siempre, la estadounidense enfrentó los fantasmas del año pasado y se dispuso a jugar otra vez en la arcilla roja de París.
Virginie Razzano ya no estaba enfrente. Venus se topó con la tenista de Georgia, Anna Tatishvili, que no ha logrado afianzar su carrera a los 23 años. Con el recuerdo del debacle reciente, Serena no tuvo consideraciones y salió con el temple natural de una de las mejores del mundo.
En menos de una hora, Tatishvili pagó los platos rotos que Razzano dejó. Serena dominó el momento con un tenis avasallador que doblegó las críticas del año pasado dejando claro que 11 años después de haber ganado su primer Roland Garros, la número uno del mundo viene por la gloria parisina que tanto se le ha negado.
Williams tiene un apartamento en París. En innumerables ocasiones ha declarado su amor por la capital francesa. Al acabar este domungo su partido, soltó el jubilo del “come on” en la cancha. La emoción de una persona que siempre sonríe a flor de piel. Las ganas de revancha que tiene Venus se reflejaron en el marcador. Un apabullante 6-0, 6-1 con el mensaje claro de que Williams sonrió en la primera victoria del que parece un largo camino en Roland Garros.





