
Ciudad de México, 31 de octubre (SinEmbargo).– Las explosiones de hidrógeno en la central Fukushima Dai-ichi o Fukushima I pueden llevar a pensar que, a consecuencia de ellas, escaparon a la atmósfera ingentes cantidades de radiación letal. Sin embargo, estas emisiones pudieran no ser tan peligrosas e incluso hasta podrían ser menos letales que otros factores a los que la población aledaña a la planta nuclear se somete diariamente como el estrés al que han sido sometidos desde hace meses.
Así lo afirma Yotaro Hatamura, profesor emérito de la Universidad de Tokio y expresidente de la Comisión de Investigación del accidente nuclear de las centrales de Fukushima, quien impartió una conferencia sobre las lecciones aprendidas en ese desastre nuclear ocurrido el 11 de marzo de 2011.
De acuerdo con el profesor, el Gobierno de Japón se centró demasiado en lo que pasaba dentro de la central y no tanto en las consecuencias de las medidas tomadas con la población circundante, publicó el diario español ABC.
A juicio del experto, las consecuencias para la salud de esas partículas dispersadas serían, para la población de la zona, comparables a las del consumo de tabaco, alcohol u otras sustancias potencialmente cancerígenas. Sin embargo, lo que considera que es la peor de todas las consecuencias del accidente de Fukushima es el "estrés mental" sufrido por los habitantes de la región, el cual es uno de los aspectos que las autoridades japonesas menos han dedicado esfuerzos en disminuir.
Las cifras oficiales son sorprendentes, y hablan de mil 121 personas fallecidas después de un año y medio del incidente como consecuencia de las causas físicas y mentales derivadas del accidente. No obstante, Hatamura se atreve a asegurar que aproximadamente dos tercios de estos decesos se deben a los efectos mentales y psicológicos que provocó en la población "el haber sido repentinamente desarraigados de sus hogares". Algunos incluso para no poder volver.

"160 mil personas tuvieron que ser evacuadas, y todavía hoy 150 mil permanecen sin regresar a sus casas, y no se sabe cuánto tardarán en poder hacerlo", afirma el japonés. Así, ninguno de estos evacuados, murió por exposición directa a la radiación, afirma. Aunque reconoce que es pronto para conocer todos los efectos que la contaminación de la tierra de esta zona tendrá en las personas, lo cual es otra de las lecciones que debería extraerse del desastre de Fukushima, según el profesor.
Para el gobierno japonés, la inmensa ansiedad colectiva sufrida por la población creó una enorme presión, tras lo cual se precipitó en medidas técnicas aparatosas dentro de la central nuclear. Sin embargo estos esfuerzos fueron en detrimento de unas tareas de descontaminación del suelo circundante que habrían sido laboriosas, pero no complejas.
"Lo que el Gobierno debería haber hecho es cavar y extraer la tierra contaminada, y rellenar esos huecos con tierra limpia. Algo que técnicamente no es complicado. No se hizo, y ahora los habitantes no pueden regresar a sus casas", dijo Hatamura.
Por otra parte, estos mecanismos de presión surgen de nuevo cuando muchos se preguntan sobre el futuro de la energía nuclear en el país asiático y el profesor es tajante al respecto: "No en Fukushima, allí es impensable que la población aguantase semejante presión", e incluso afirma que en el resto de Japón la opinión pública está demasiado sensibilizada como para considerarlo siquiera como una opción.




