GP de Mónaco, el dominio de los Rosberg regresa a la Fórmula 1 después de 30 años de ausencia

27/05/2013 - 12:30 am

Ciudad de México, 27 de mayo (Sin embargo).- El finlandés Keke Rosberg se subió a un bólido de Fórmula 1 cumpliendo el sueño de ser campeón del máximo circuito automovilístico en 1983. La vida de Rosberg tomó un impulsó que duró hasta el año siguiente cuando Keke se consagró ganando el Gran Premio de Mónaco.

Treinta años después, el apellido Rosberg se viste de glamour y encabeza los titulares periodísticos pendientes de cada fecha en la Fórmula 1. Nico Rosberg nació en Alemania pero lleva en la sangre a Finlandia y a la velocidad. A los 28 años, Nico obtuvo la Pole Position en las pruebas de clasificación previas al domingo pasado. Fiel a la tradición del circuito del principado, Rosberg ganó la carrera de principio a fin.

Mónaco fue lo de siempre. Un recorrido corto y lento con muchísimos incidentes entre los pilotos. Alejada de la emoción de las gradas donde figuras públicas de la farándula mundial se hacían fotografiar, la carrera mantuvo un ritmo pausado y hasta un poco aburrido. El principado vio cómo la agresividad de unos cuantos provocaron accidentes que le quitaron ritmo a la adrenalina que normalmente despierta una carrera.

En 1983, con mucha menos tecnología, Keke se las ingenió para quedar en primer lugar luego de quedar quinto en la clasificación. Como regalo, Mónaco entrega la posteridad a quien sale mejor librado en las calles cerradas ya sea con un poco de suerte o con habilidades natas de piloto de élite. Hace 30 años, Keke quedó en la historia tras ganar el campeonato y en Mónaco se terminó de bañar en gloria.

En 2013, las cosas han cambiado mucho. Los artilugios de los coches permiten una competencia que la Federación Internacional del Automóvil (FIA) ha catalogado de justa. Grandes avances que ponen a la Fórmula 1 como uno de los eventos más rentables y espectaculares del mundo. Nunca exenta de polémica por grandes premios realizados en suelos complicados, políticamente hablando, la máxima categoría automovilística propone adrenalina cada 15 días a lo largo y ancho del mundo.

En medio de tanta burocracia elegante, se presentan historias que sobrepasan las estadísticas y los puntajes que determinarán el ganador del resto. Son recurrentes las imágenes de las parejas de los pilotos dignas de desfilar en cualquier pasarela de moda que pueda existir. Es normal ver la champaña con la que se bañan los primeros tres lugares en un pódium a lo alto de la pista.

El elitista mundo de la Fórmula 1 se ha ganado enemigos preocupados por la carencia de recursos en algunas partes donde el campeonato ha hecho parada para celebrar un gran premio. Miles de circunstancias alrededor del talento al frente de un volante que unos seres humanos poseen y demostrándolo a casi 300 km/hora.

Ayer Mónaco no perdió ni su glamour, ni el desfile de múltiples celebridades que adornan el ambiente con flashes de cámaras por doquier. La esencia se mantuvo intacta. Fue la vida la que se interpuso en medio del espectáculo. Cuando Nico Rosberg cruzó la línea de meta en la vuelta final, no estaba ni la champaña, la fama o los flashes de la cámara en su mente. Era su padre Keke quien acaparaba sus pensamientos. Keke y Nico son los primeros padre e hijo que ganan Mónaco. La carrera en el principado tuvo final familiar.

Francisco Espinosa

Lo dice el reportero