
Ciudad de México, 3 de noviembre (SinEmbargo).- Evitar las llamadas malas compañías es unas de las principales recomendaciones hechas a lo largo de la vida de las personas. Sin embargo, cuando muchos piensan que estos acompañamientos marcan sólo en el aspecto social, también sus efectos son palpables en las tallas extra de ropa.
De esta manera, según el estudio titulado "I'll Have What He's Having": Group Ordering Behavior in Food Choice Decisions" ('Pediré lo mismo que él': Comportamiento de pedidos en grupo en las decisiones de elección de alimentos), presentado en la reunión anual de The Agricultural and Applied Economic Association en Washington, D.C, se llegó a la conclusión de que la mejor forma de evitar ingerir comida con un alto contenido calórico es rodearse de amistades que acostumbren una dieta sana.
El estudio demuestra que cuando un grupo de personas come fuera de casa y tiene que decir su elección en voz alta, tienden a seleccionar el mismo tipo de menú que sus compañeros de mesa. Esto significa, que si tu acompañante quiere una ensalada, tu no te atreverás a pedir una hamburguesa, por ejemplo, publicó el diario español ABC.
"Queremos encajar con la gente con la que compartimos mantel. No queremos ser diferentes de los demás en este sentido", dice Brenna Ellison, economista de los alimentos en la Universidad de Illinois.
Durante tres meses, Ellison analizó los tickets del almuerzo de un restaurante de Stillwater, Oklahoma. Así, una sección del restaurante fue el grupo de control, con comensales que recibían menús con los nombres de los platos y el precio, otra sección consultó un menú en el que además se incluía el aporte calórico de los entrantes y una tercera sección tenía el contador de calorías y un semáforo que indicaba el rango de calorías.

Para estos últimos, los platos con luz verde les indicaban que sus alimentos contenían menos de 400 calorías, la luz amarilla indicaba que tenían entre 401 y 800 calorías y los rojos contaban con más de 800 de estas.
Ellison acudió diariamente a recoger los recibos, por lo que tuvo oportunidad de recopilar también las vivencias de los meseros del sitio. "Me dijeron que las mesas grandes que recibían el menú con el semáforo pidieron platos menos calóricos, en promedio, lo que sugiere que hubo presión social para pedir lo más sano", dijo la investigadora.
Brenna también encontró que hay algo de esperanza para aquellos que evitan las ensaladas. "Lo más interesante que encontramos fue que no importa lo que alguien siente acerca de la categoría en un principio, aunque esta sea inicialmente una fuente de infelicidad", con lo que se refiere en especial a los elementos en la categoría de ensaladas. "Esta infelicidad se compensó cuando otros habían ordenado en la misma categoría".
"La gran conclusión de este estudio es que la gente era más feliz si hacían elecciones similares a sus compañeros de mesa. Si yo pido un plato muy calórico o gasto más dinero y mis colegas hacen lo mismo, entonces yo estoy más feliz o al menos, menos infeliz", agrega Ellison, quien considera que tal vez la mejor estrategia para una buena alimentación sería encauzar a las personas hacia amistades más saludables que hacia los alimentos y sus propiedades en sí.




