
Publicado en la colección Círculo de Arte de la Secretaría de Cultura, con la coordinación de Pablo Ortiz Monasterio, en el citado volumen Daniel Lezama reconfigura los mitos e imágenes de la cultura mexicana, basándose en la idea de matria como el lugar por construir, maquinación de la imaginación que se reúne con la historia.
Ciudad de México, 13 de agosto (SinEmbargo).- ¿Qué pintores corresponden al árbol genealógico de Lezama? Entre otros y desde luego, Caravaggio, el creador de los grandes paisajes anímicos que inauguran y cierran etapas fundamentales, el heterodoxo que creó una ortodoxia perdurable; a momentos don Francisco de Goya, el responsable del otro siglo español poblado de monstruos y duquesas, la centuria que se localiza entre el siglo XVIII y el siglo XX; muy probablemente, o así lo percibo, Edward Hopper, el gran artista de la melancolía como el sitio de encuentro entre un personaje y el infinito pictórico de la tristeza. Hopper es la saga de la ciudad a las horas del abandono; Lezama es el recuento de la ciudad a la hora en que nadie se acuerda de la televisión”.
Son palabras de Carlos Monsiváis (1938-2010) para definir a uno de los mayores artistas mexicanos de la nueva generación, nacido en México en 1968, ganador en 2000 de la Bienal de Pintura Rufino Tamayo.

Lezama, que ha realizado más de 20 exposiciones individuales, entre las cuales destaca La madre pródiga en el Museo de la Ciudad y quien ha participado en más de 60 muestras colectivas en México y en el extranjero, incluyendo la Bienal de Beijing, Imperium en Leipzig y Las imágenes de la patria, en el Museo Nacional de Arte en México, presentó a principios de año su libro Suave Matria.
Publicado en la colección Círculo de Arte de la Secretaría de Cultura, con la coordinación de Pablo Ortiz Monasterio, en el citado volumen Daniel Lezama reconfigura los mitos e imágenes de la cultura mexicana, basándose en la idea de matria como el lugar por construir, maquinación de la imaginación que se reúne con la historia.
Se trata de su reinterpretación de la figura femenina, en un libro con prólogo del escritor Sergio González Rodriguez acerca de la estrategia creativa del artista y las "ficciones" de sus cuadros que fluctúan entre lo natural y lo onírico.
Escribe Erik Castillo: "He hablado antes del protagonismo que adjudican las pinturas de Lezama, al tema subterráneo del retorno de la vida del cuerpo a las fuerzas de la tierra. Añado también que se manifiesta en ellas una inclinación al canto de la ociosidad tropical y al ofrecimiento sexualizado de los habitantes de su ficción; una inercia carnal que conduce al despeñamiento de las energías sociales políticamente correctas y, lo más importante, el cumplimento, aunque sea en el reino de la fantasía, de la promesa de la luz plena."




