El politólogo español sostuvo que Donald Trump no actuó por impulso, sino con una estrategia basada en la presión militar, la amenaza constante y la defensa de intereses económicos, en particular el control de recursos como el petróleo.
Ciudad de México, 3 de enero (SinEmbargo).- La detención del Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro y los bombardeos en Caracas no son un hecho aislado ni un arrebato del poder de Estados Unidos (EU). Para el politólogo español Juan Carlos Monedero, lo ocurrido confirma que la violencia normalizada en Gaza ya cruzó al continente americano y que la democracia mundial atraviesa una fase crítica, por la impunidad, el cálculo económico y el silencio, e incluso la celebración, de actores internacionales.
En entrevista con Alejandro Páez Varela y Álvaro Delgado en Los Periodistas, Monedero sostuvo que el ataque a Venezuela debe leerse como parte de una lógica aplicada antes en Palestina: primero se normaliza la violencia contra poblaciones consideradas lejanas o prescindibles y, después, esa práctica se traslada a territorios cada vez más cercanos y reconocibles.
“Hay muchas probabilidades de que haya un reparto imperial donde al final quien paga es la democracia. Ayer en Gaza, hoy en Venezuela y mañana vaya usted a saber dónde”, advirtió el colaborador de SinEmbargo.
Desde el inicio de la conversación, Monedero subrayó que el día de los ataques no fue sólo trágico para Venezuela, sino para toda América Latina. A su juicio, quedó claro que el Presidente estadounidense Donald Trump no actúa de manera errática ni impulsiva, sino con un plan definido que combina amenaza militar, cálculo económico y un discurso que conecta con pulsiones autoritarias presentes en amplios sectores sociales.
Para el politólogo, el mayor riesgo no proviene únicamente de quienes promueven abiertamente el uso de la fuerza, sino de aquellos que, sin asumirse antidemocráticos, compran el discurso de la intervención y justifican la violencia en nombre de la “estabilidad” o el “orden”. Esa lógica, advirtió, es la que ha permitido que prácticas antes inaceptables se integren al paisaje político global.
"Trump, desgraciadamente, habla con lo peor de los seres humanos. Está hablando con un sector de la población mundial y de nuestros sectores también, en lo que él llama el ¿hemisferio occidental, que son mala gente. Pero el problema es que también hay gente que no es mala gente y que está comprando el discurso, vaciando nuestras democracias. Hoy he visto las declaraciones de los líderes, las manifestaciones en las calles, declaraciones de diferentes actores políticos, y creo que la democracia se está suicidando. Celebrar o permitir, cualquiera de las dos cosas, el bombardeo de Venezuela nos lleva a un callejón sin salida”, apuntó.
Monedero trazó un paralelismo directo con Gaza. Durante meses, dijo, la comunidad internacional toleró el bombardeo de población civil palestina sin consecuencias reales. Esa tolerancia sentó un precedente que ahora se traslada a América Latina. La diferencia, señaló, es que hoy los misiles caen sobre ciudades y barrios que se parecen a los de México, Caracas o Madrid, obligando a mirar de frente una violencia que antes se percibía como distante.
“También ha amenazado a Colombia. Le ha dicho que cuidado, que está ayudando al narcotráfico, y con eso está invitando a la derecha colombiana, a los paramilitares, a sectores del ejército que históricamente han trabajado para Estados Unidos, a hacer algo parecido a lo que ha pasado en Venezuela”, recordó. “Hoy mismo ha vuelto a amenazar a México. México vive una relación esquizofrénica: un día te quiere, otro día te ignora, y al mismo tiempo te está vigilando”, añadió.
Álvaro Delgado citó al historiador Lorenzo Meyer, quien advirtió que el ataque marca el inicio de una nueva etapa para la región, definida por la advertencia explícita de Washington de que nadie puede desafiar su hegemonía en el hemisferio occidental. Monedero coincidió y fue más allá: Venezuela no es el punto final. Cuba, Nicaragua, Colombia y México aparecen como posibles siguientes objetivos, cada uno bajo distintos pretextos, pero dentro de una misma lógica de disciplinamiento político.
Trump y la política de la amenaza
En su análisis, Monedero describió a Trump como un negociador que utiliza la amenaza como herramienta central. Los bombardeos en Venezuela, explicó, no tuvieron sólo un objetivo militar, sino estratégico: enviar un mensaje al resto del continente. La amenaza funciona, dijo, como una moneda de cambio para negociar ventajas económicas y políticas desde una posición de fuerza.
Uno de los ejes centrales de la intervención fue el petróleo. Monedero subrayó que el propio Trump reconoció abiertamente que la operación respondió a intereses energéticos. El mandatario estadounidense, afirmó, buscó proyectarse como un líder fuerte ante su electorado, asegurar el acceso a los recursos venezolanos y negociar directamente con el chavismo, al que reconoce de facto como el poder real, dejando de lado a una oposición que ya no considera un interlocutor viable.
El saldo de esta operación, advirtió, es devastador para el orden internacional. Las reglas surgidas tras el fin de la Guerra Fría, impulsadas por EU y sus aliados, fueron erosionadas por quienes las crearon. Naciones Unidas, los acuerdos multilaterales y el principio de soberanía quedaron reducidos a formalidades sin capacidad real de freno frente al uso de la fuerza.
“Eso lo han dinamitado. Ya no vale nada Naciones Unidas, no vale ningún tipo de acuerdo. Pueden entrar en embajadas, bombardear centrales nucleares, entrar en países, secuestrar a presidentes. Da igual absolutamente todo”.
Monedero fue especialmente crítico con la Unión Europea, a la que calificó como irrelevante y convertida en un actor decorativo. Frente a un hecho de fuerza, la captura de un Presidente y el bombardeo de un país, la respuesta europea se limitó a declaraciones tibias, lo que, a su juicio, confirma su pérdida de peso político.
También cuestionó el papel de Rusia y China. Aunque con discursos distintos, señaló que ambas potencias actúan de manera pragmática y están dispuestas a negociar zonas de influencia, recursos y territorios. El riesgo, advirtió, es que el mundo entre en una fase de reparto imperial en la que la democracia sea el principal daño colateral.
"La gran pregunta es: ¿se están repartiendo el mundo entre Rusia, China y Estados Unidos? En el documento de estrategia de seguridad nacional dice que Europa está muerta, que Europa ya no pinta nada, Europa ya es un cero a la izquierda. Y lo hemos visto con la alta delegada de la Unión Europea, ha dicho: estamos monitoreando. ¿Cómo que estamos monitoreando? Si acaban de pegarle una patada al artículo 2 de Naciones Unidas, que es el núcleo por el cual nació Naciones Unidas para evitar hechos de fuerza", indicó.
¿Venezuela como advertencia regional?
La discusión de fondo, insistió Monedero, ya no es si Nicolás Maduro cae o se mantiene en el poder, sino qué significa que un Presidente pueda ser capturado y un país bombardeado sin consecuencias legales ni políticas. Ese precedente, afirmó, afecta a todos los gobiernos y sociedades, sin importar su signo ideológico.
Sobre la captura de Maduro sin un enfrentamiento armado de gran escala, evitó especular, pero consideró evidente que se priorizó evitar una masacre. La respuesta limitada ante los bombardeos y la ausencia de resistencia militar sugieren, dijo, que existieron negociaciones para impedir un baño de sangre, aun a costa de un golpe profundo a la institucionalidad venezolana y al derecho internacional.
Hacia el cierre, lanzó una advertencia que atravesó toda la entrevista: hay sectores que celebran lo ocurrido en Venezuela y que, llegado el momento, también aplaudirían una intervención en sus propios países si eso implica derrotar a gobiernos que no aceptan electoralmente. Para Monedero, dijo, esa postura no sólo es antidemocrática, sino profundamente autodestructiva.
Finalmente, advirtió que Venezuela difícilmente será un caso aislado y que otros países de América Latina también enfrentan presión del gobierno estadounidense.




