MICROHISTORIAS: LA VERDADERA ROSA DEL PRINCIPITO

20/04/2013 - 12:00 am

Autora: Claudia Espinoza

El Principito vio la luz en abril de 1943. Setenta años, millones de libros vendidos en más de 400 ediciones diferentes, traducidas a 170 idiomas, incontables adaptaciones al teatro y al cine.

El periplo del niño originario del Asteroide B-612 y sus amigos el narrador, el cordero, el zorro y la rosa son una referencia obligada en todo el mundo, pero, ¿quién es la verdadera rosa del Principito? Aquella temperamental flor resguardada bajo un capelo de cristal, igualmente frágil y vanidosa, única en su clase.

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Su nombre era Consuelo Suncín, una vivaz salvadoreña que tras quedar prematuramente viuda se trasladó a la Ciudad de México. Llegó a la oficina de José Vasconcelos, entonces Ministro de educación, empuñando una carta de recomendación.

Consuelo no obtuvo un empleo, pero sí un borrascoso romance con el escritor, que la llevó París, ciudad en donde coincidieron con el prosista guatemalteco Enrique Gómez Carrillo -considerado como el más exitoso escritor latinoamericano de su tiempo–, quien logró que Consuelo se casara con él, rompiéndole el corazón a Vasconcelos. A Suncín le fueron dedicadas varias páginas en las Memorias del “Maestro de América”.

En una suerte de condena, vuelve a quedar viuda al poco tiempo de su matrimonio y viaja a Buenos Aires en 1930 con el fin de liquidar las propiedades que tenía ahí Gómez Carrillo. Conoce entonces a un elegante piloto y escritor aristócrata del sur de Francia, que inmediatamente se prendó de ella e hizo todo por seducirla; era Antoine de Saint-Exupéry.

Intempestivamente y pese a la oposición de la familia francesa, Antoine se casó con aquella doblemente viuda aborigen, de estatura pequeña y francés con acento. Consuelo se convirtió en su musa y su cómplice. Era sensible, con gran sentido crítico y artístico, dueña de una cuantiosa herencia y de valiosos contactos con los que decidió repuntar la carrera literaria de su nuevo esposo.

“Sabes que la rosa eres tú, quizá no haya sabido cuidarte pero siempre te he encontrado bonita”, escribió Saint Exupéry. Fue matrimonio lleno de creación y de altibajos, pero el piloto siempre regresaba con su rosa,  “fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante”.

El padre del Principito murió durante la Segunda Guerra Mundial, en un vuelo frente a las costas de Provenza, el 31 de julio de 1944, dejando a Consuelo como tributaria de su obra.

“Naciste en Armenia,

Pero te fuiste a vivir al mundo.

Tres nombres:

José Vasconcelos, Enrique Gómez Carrillo y Antoine de Saint- Exupéry

Tres camas, seis piernas.

Para mí eres la mujer más bella del mundo,

La insigne guanaquita que pude amar el resto de la vida.

Ah, Consuelo Suncín, Condesa de Sonsonate,

Te comiste al mundo

Para enseñarnos tu esqueleto”.

Rubén Izaguirre Fiallos

Liga de interés:

El Principito. La rosa

Publicado por WikiMéxico / Especial para SinEmbargo

Redacción/SinEmbargo

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