
Ciudad de México, 1 febrero (SinEmbargo).- El Festival Internacional de Cine de Acapulco, que concluyó este viernes, sigue sin encontrar su mejor forma, tras una novena edición que tuvo sin embargo momentos inolvidables para la historia del séptimo arte en nuestro país.
Sin duda, un hecho relevante del encuentro fílmico creado y dirigido por Víctor Sotomayor fue la visita que hiciera a la hermosa zona balnearia el astro de Hollywood Sylvester Stallone.
Llegó a recibir el Jaguar de Plata, la máxima distinción que entrega el festival conocido por sus siglas, FICA y ofreció una accidentada conferencia de prensa, donde el tono lo marcó la presentadora Verónica del Castillo, incapaz de transmitir en forma precisa las preguntas que le hiciera al actor de Rocky y de Rambo la prensa especializada.
Tras 40 minutos en los que la mujer resultó un verdadero obstáculo en la comunicación con el protagonista de Grudge Match, la película junto a Robert de Niro que Stallone llegó a presentar a Acapulco, el comentario generalizado fue la imposición de algunas figuras de segunda y tercera fila que lleva a cabo Televisa, de gran predicamento en el Festival.
Ese es un desafío que pesa con vistas al décimo aniversario y que el FICA no superó en esta edición: cómo democratizar la información, darle al encuentro fílmico un carácter más profesional, sin que productores totalmente ajenos al pulso del presente como Luis de Llano, le otorguen un estilo decadente y barato, propio de tiempos idos.
¿Quién quiere un festival donde las máximas figuras en la alfombra roja sean Maxine Woodside y José Pepillo Origel?
¿Un festival de cine que se pretende internacional, pero que lleva a su seno la disputa entre Televisa y Televisión Azteca, poniéndole el pie a esta última y negándole los privilegios de los que goza la empresa de Emilio Azcárraga?
Ahora bien, si el FICA después de todo optara con derecho legítimo a ser el Festival de Cine de Televisa, no habría problema en verlo así, sólo que entonces tendría que ser aclarado tanto en sus siglas como en sus materiales informativos.

Dicho esto. No sólo es Televisa lo que atrasa el reloj. La realidad compleja del Estado de Guerrero, que impidió entre otras cosas que el gobernador Ángel Aguirre Rivero participara de las actividades del FICA, con las autodefensas en crecimiento, los microbuses de la prensa acreditada escoltados por fuerzas armadas de seguridad, crearon una atmósfera donde el presente resulta difícil de descifrar y entender en un festival de cine.
En ese contexto, la nostalgia se vuelve un instrumento político. Inservible, de poca eficacia, pero instrumento al fin.
La omnipresencia de Miguel Alemán, ex gobernador de Veracruz y productor de cine durante la época de oro, refrendó la mirada al pasado que hizo en forma constante la novena edición del Festival.
Como si el pasado tuviera todas las respuestas para el presente y como en un mágico túnel del tiempo pudiéramos retroceder a esa época en que las estrellas de Hollywood hacían sus grandes fiestas en Acapulco, el PRI reinaba en su “dictadura perfecta” y los clavadistas de la quebrada hacían las delicias de los visitantes que los miraban arriesgar la vida desde sus cómodos asientos en tierra firme.
ACAPULCO NO ES TAN FUNNY
Los fuegos artificiales explotan en la quebrada de Acapulco. Un perro desesperado corre a esconderse entre las escaleras del restaurante que está repleto. Los 50 años de la película de Elvis Presley, Fun in Acapulco (USA, 1953; Richard Thorpe), resultan sin duda un acontecimiento que el FICA debe conmemorar.
Pero lejos de proyectar el filme o de llevar a cabo una mesa de críticos en la que se analice el legado de una película en la que el Rey del Rock estuvo acompañado por Ursula Andrews y la estrella local Elsa Cárdenas, los organizadores deciden “revivir” el ayer.

En lo que se denomina “Un tributo a Elvis Presley”, el imitador Héctor Ortiz, acompañado por la Orquesta Filarmónica de Acapulco, dirigida por el maestro Eduardo Álvarez, y su grupo The Classics, conformado por 5 músicos y cinco coristas, ofrece un concierto con los éxitos del intérprete estadounidense.
Como fondo, los clavadistas acapulqueños se disponen a dar una función a los presentes. No pudo venir el hombre que hizo de doble en el filme de Presley: está ciego de tanto tirarse al mar.
A cambio, vino la actriz Elsa Cárdenas, una anciana adorable que cuenta a quien quiera escucharla lo buen tipo que era Elvis.
“Son los vestigios de lo real, no los del mapa, los que todavía subsisten esparcidos por unos desiertos que ya no son los del Imperio, sino nuestro desierto. El propio desierto de lo real”, decía Jean Baudrillard en su célebre ensayo Cultura y Simulacro.

Por un momento, con el perro escondido en los rincones, los ruidos ensordecedores de un Elvis Presley falso y los jóvenes que se arrojan desde un promontorio al mar, en la noche enceguecedora, el Festival Internacional de Cine de Acapulco atraviesa ese desierto de lo real calcando con puntillismo y un sentimiento que se vislumbra patético y entrañable a la vez, la postal del pasado que nunca volverá.
Afuera, Acapulco, Guerrero, 2014, siglo XXI, arde, espanta.
LA FUERZA DEL PRESENTE

Decir que el FICA atrasa y quiere regresar el reloj al tiempo en el que Silvia Pinal, homenajeada con el Jaguar de Plata, protagonizaba su segunda luna de miel en las hermosas playas acapulqueñas es marcar un aspecto del festival.
El otro, dado por la fuerza del presente, se hizo oír con voz clara y fuerte, irreversible, en un ámbito de excelencia para que la joven actriz y productor Martha Higareda presentara su filme (especie de homenaje larvado a las comedias románticas de Hollywood) Cásese quien pueda.
Para que el talentoso Roberto Fiesco volviera a deslumbrar con su Quebranto, para que Francisco Franco hiciera las delicias del público con su gran comedia Tercera llamada.
En el marco del FICA se estrenaron filmes como Las brujas de Zugarramurdi, de Álex de la Iglesia; Her, de Spike Jonze, protagonizada por Joaquin Phoenix; 47 Ronin, con Keanu Reeves.
Fue importante también el programa de cine de arte y cortos desarrollado en la Casa de la Cultura de Acapulco, así como el ciclo dedicado al cine japonés para celebrar los 400 años de relaciones diplomáticas entre nuestro país y Japón.
"Los festivales nos permiten soñar y tocar los corazones como actores y compartir el arte", dijo la actriz estadounidense Halle Berry en su visita relámpago a Acapulco, para ser la máxima figura en la jornada de clausura.
La parte esa en que el FICA nos permite soñar y toca nuestros corazones con el mejor cine posible es la que más nos gusta de tan importante encuentro fílmico. Hasta el año que viene.




