
Ciudad de México, 1 de junio (SinEmbargo).- A simple vista no lo parece, pero el cambio climático es un tema importante en todas las religiones. Y aunque a menudo existe un vínculo estrecho con la naturaleza en las principales doctrinas del mundo no todas lo consideran una amenaza.
A pesar de las obvias diferencias de ideas y creencias, tanto cristianos como musulmanes, hindúes, budistas y judíos –por mencionar algunos– se ven afectados de la misma manera por el cambio climático por el simple hecho de vivir en el mismo planeta.
De acuerdo con Global Ideas, la postura que las religiones adoptan frente a la protección del medio ambiente refleja en gran medida los preceptos de cada doctrina, pero al mismo tiempo pone en evidencia el papel que la naturaleza desempeña en sus creencias.
En el cristianismo y judaísmo, conservar la integridad de la creación es una de las tareas que Dios dio al hombre, mientras que en el Islam también se insta a los fieles a tratar la obra de Alá con moderación.
De acuerdo con el Corán, "El sol y la luna discurren por dos órbitas precisas; y el astro y el árbol se postran. Ha elevado el cielo y ha puesto la balanza para que no abusarais al pesar y cumplierais el peso con equidad sin menoscabo", según se lee en la Sura 55: 3-10.
Cada religión y sus respectivos libros sagrados abordan el tema de una manera más o menos metafórica, pero cabe resaltar lo que sus propios adeptos piensan sobre el tema del calentamiento global.

En el caso del hinduismo, al ser una religión donde la adoración de la naturaleza es parte de sus creencias, el aspecto ecológico no podría ser menos importante.
Los seguidores del hinduismo consideran que esta religión surgió porque viejas almas que vivían en la selva meditaron sobre la naturaleza del universo.
De acuerdo con los fieles,cuando esto ocurrió todas las personas eran buenas y no hacían daño a nadie, y los animales estaban agradecidos. De esta manera, incluso en la actualidad, hindúes muy creyentes hacen un retiro en la selva para vivir como ermitaños.
Sin embargo todas las religiones también comprenden que no basta sólo con rezos y alabanzas para detener la destrucción del medio ambiente. Hacen falta acciones directas, aunque en sus casos estas no dejan de estar ligadas a la fe de cada persona.
Jeremy Benstein, ecologista y antropólogo, explica cómo los mandamientos del judaismo se pueden aplicar al necesidades actuales, sobre todo en el caso del cambio climático.
De acuerdo con el especialista, "la mayoría de las fiestas judías tienen una conexión con las estaciones del año, el ciclo lunar o nos conectan de alguna manera con la naturaleza".
Según Benstein, la Halajá, o recopilación de las primeras leyes judías, tiene un gran cantidad de información sobre cómo modificar el entorno físico del hombre y sobre tópicos ambientales como la reducción de la basura, la contaminación, preservación de la biodiversidad o la manera en la que el hombre se relaciona con la Tierra.

En 2009, representantes de 30 religiones y grupos interconfesionales se reunieron Londres, en el Palacio de Windsor, con motivo de la Conferencia Climática de ámbito religioso "Many Heavens, One Earth" ("Muchos Cielos, una única Tierra").
En este caso, la preocupación global se ve reflejada en acciones que van desde pequeños detalles rituales hasta planes de mayor envergadura.
Por ejemplo, los budistas chinos y los taoístas buscan ahora limitar el número de varillas de incienso a tres por persona, para contribuir a reducir la contaminación del aire. Así mismo, la Iglesia Anglicana y el Sijismo pretenden instalar más paneles solares en los tejados de sus templos.
Sin embargo, a pesar de las preocupaciones religiosas por la situación actual del medioambiente, hay ciertos sectores –como algunos grupos cristianos– que consideraban la conciencia medioambiental como algo muy nuevo, demasiado secular y demasiado científico, dice Laurel Kearns, profesora asociada de la Escuela Teológica de la Universidad Drew en Madison, Nueva York.
No obstante, aunque la especialista señala que el movimiento ecologista ha recibido cada vez mayor acogida entre cristianos, también apunta que algunos opositores se han vuelto aún más radicales en su posición e incluso niegan cualquier responsabilidad de los seres humanos por el calentamiento del planeta.
Finalmente, independientemente de las creencias particulares de cada ser humano sobre la Tierra, algo que no se puede negar es que el debate medioambiental ha adoptado, desde hace años, rasgos místicos.
La explicación que muchos le dan a los motivos por los que los predicadores quieren convertir a sus fieles en amigos del clima pueden ser muchas, pero lo cierto es la más lógica es bastante simple: el 80% de la humanidad es creyente.





