Ideologías, religiones, nacionalismos detrás del balón

04/12/2011 - 12:00 am

El futbol es el deporte de conjunto más popular sobre la Tierra a pesar de su aparente simpleza constituida por 17 reglas. La compleja pasión que despierta entre jugadores y aficionados sobrepasa lo "obsoleto" de su ejecución. Qué podría ser más primitivo que lanzar una patada, uno de los reflejos más básicos del cuerpo humano.

A excepción del balón con el que se juega, el balompié no es un juego que se caracterice por utilizar tecnología de punta, salvo reformas en la indumentaria de los jugadores en las últimas tres décadas. Para lograr un desempeño óptimo dentro del terreno de juego, los futbolistas no necesitan mayor apoyo que sus piernas y al menos un compañero para poder intercambiar el balón.

Después de la asociación deportiva, pieza fundamental de esta disciplina que consiste en armar una jugada, surge la rivalidad. No habría futbol si no existieran dos fuerzas oponentes en el terreno, aún cuando el reglamento sea benévolo y no especifique que tiene que haber un ganador forzosamente al final de cada encuentro. Pero con este sentimiento de demostrar quién es el mejor, los involucrados (jugadores y aficionados) se han visto obligados a buscar esa superioridad, incluso más allá de la cancha de futbol.

Este deporte ha sido usado como pretexto para el choque de ideas políticas, creencias religiosas o, simplemente, como el punto de encuentro de distintas clases sociales. Cuando la pasión se desborda, el futbol pierde protagonismo y deja episodios penosos que son recordados como aquello en lo que un juego no debe convertirse . Sin embargo, está el lado positivo, donde los encuentros deportivos entre grandes equipos siguen causando gran expectación en los amantes del futbol.

La lucha social y la necesidad del odio

Los deportes originados en suelo norteamericano como el beisbol, futbol americano, basquetbol o hockey sobre hielo nos han acostumbrado a una representación totémica, en la que cada equipo ostenta un animal como mote e insignia. De esta manera, tenemos osos, cardenales, titanes, pingüinos y demás fauna relacionada con la región de donde es originaria la escuadra. De ahí se toman los colores representativos y, posteriormente, una serie de artículos convenientemente comerciables.

El futbol inglés tradicionalmente representa a un grupo de personas antes que cualquier otra cosa. El nombre de los equipos consagrados detentan un FC o un CF aludiendo a sus raíces de club. En otros casos,  la escuadra es una asociación civil o sociedad como la S.S. Lazio (Società Sportiva), o de plano representa un gremio como el mítico club mexicano Unión de Curtidores. Las raíces sociales del club, además del obvio arraigo a un barrio, provincia o región, viene de una identificación del ciudadano con los valores que representa su equipo que trasciendo el tiempo. Un ejemplo claro en México es el Atlante, el cual durante muchos años fue conocido como "el equipo del pueblo", a pesar de que ahora tenga como base la exclusiva zona turística de Cancún. Aún así, sus seguidores siguen siendo fieles al equipo aunque tengan que viajar más lejos para verlos jugar.

En el futbol el mote viene después. A veces el bautizo llega por boca de sus seguidores, pero cuando se marca con hierro es cuando es pronunciado por sus contrarios. Como es el caso del Club Deportivo Guadalajara, que ahora porta como estandarte a una chiva, y el ahora en desgracia River Plate argentino, que no se ha podido quitar el apelativo de "gallina" a pesar de los esfuerzos de su directiva en los años 80 por instaurar un león como símbolo. La rivalidad en el futbol, más alla de la simple antipatía genera odio y humillación. No obstante, a la larga, existen historias cautivadoras como la de los "Asnos voladores" del ChievoVerona, cuyos contrincantes se mofaban de ellos diciendo que sólo jugarían en la Serie A italiana el día que los asnos volaran, proeza que lograron en 2001.

Hay encuentros que se antojan lógicos, sobre todo cuando dos o más equipos pertenecen a la misma ciudad o, peor aún, cuando comparten barrio, como el caso del Independiente y el Racing de Avellaneda, en Argentina, cuyos estadios están a sólo media cuadra de distancia. La afición también puede tomar tintes de lucha de clases, como en la ciudad de Monterrey, donde se asocia por default a los Tigres de la UANL con la clase media trabajadora y los Rayados con los ricos, por el simple hecho de que estos últimos juegan como locales en el estadio del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey.

Definir si las rivalidades, que más tarde serían conocidas como clásicos o derbys, antecedieron a las porras, barras, peñas o firmas, sería igual que responder a la paradoja del huevo y la gallina. Conforme las posibilidades mercantiles del llamado deporte de las patadas fueron en aumento, también la intromisión de marcas y empresas que en pos de aumentar sus ingresos fomentaron enemistades aprovechando las buenas rachas de ciertos equipos. La situación más clara en el país es el denominado "Clásico joven" entre los clubes América y Cruz Azul, mismo que fue incentivado por Televisa, la cual utilizó como telón de fondo las finales jugadas por ambos conjuntos.

Existen, por su parte, renombrados encuentros que son esperados cada temporada, no sólo por los fanáticos de cada equipo, sino por otra oleada de aficionados fuera de sus fronteras. Entre los más conocidos están el derby español Real Madrid-Barcelona o cualquiera de las combinaciones Juventus-Milan-Inter, sin embargo hay otros que de no ser por sus leyendas, pasarían inadvertidos. Entonces el derby de Manchester entre el United y el City sería un simple asunto de protestantes y católicos y el clásico más antiguo del mundo fuera de las islas británicas, sería un desconocido Peñarol-Nacional que sólo un puñado de uruguayos celebraría.

Clásicos o no, el futbol destaca la necesidad de tener un contrario; tan inherente al juego, pero incomprensible en un aficionado que, por sentido común, debería poner más atención en su equipo en lugar de las tribunas contrarias o en las calles inmerso en un ejercicio de odio y/o fanatismo. Las tragedias en Heysel, Bruselas y en Hillsborough, protagonizadas por seguidores del Liverpool marcaron para siempre la historia del balompié y sentaron un precedente en los organismos mundiales para que atacaran el problema del vandalismo en los estadios y alrededor de ellos. Para consuelo de muchos ha habido y siempre habrá jugadores que durante más de 150 años de nos recuerdan la importancia del elemento lúdico; ese jugar por jugar en el que no importa que en un encuentro los equipos terminen empatados, o que los cracks tengan un defecto físico como el pié corto de Garrincha, que sea "gordito" como le llamaba Hugo Gatti a Maradona o que su rostro no sea precisamente el de un galán de cine como lo es el caso de Franck Ribéry.

Ramiro Rivera

Lo dice el reportero