Con bajo perfil público, Cilia Flores construyó durante años una influencia decisiva en el chavismo y fue clave para sostener el gobierno de Nicolás Maduro tras la muerte de Hugo Chávez.
Ciudad de México, 4 de enero (SinEmbargo).- Cuando Estados Unidos (EU) anunció el secuestro y traslado del Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, otro nombre apareció junto al suyo y sorprendió a todos fuera del territorio venezolano, pero no dentro del país: el de su esposa, Cilia Flores. Para analistas, periodistas y exfuncionarios, Flores no es sólo la pareja del mandatario, sino una de las figuras con mayor peso político dentro del chavismo.
Pam Bondi, Fiscal General de Estados Unidos, informó que Flores fue acusada formalmente junto con Maduro en el Distrito Sur de Nueva York, lo que confirmó que la acción judicial estadounidense por conspiración para el narcoterrorismo, conspiración para la importación de cocaína, posesión de ametralladoras y artefactos destructivos, y conspiración para poseer ametralladoras y artefactos destructivos contra EU no se limitó al Jefe del Ejecutivo venezolano. Para Washington, la operación alcanza también al núcleo más cercano del poder chavista, del que Flores ha sido una pieza clave durante años.
¿Quién es Cilia Flores?
Cilia Flores, "Cilita", como la llama el mandatario venezolano, nació en 1956 en Tinaquillo, Cojedes, y creció en zonas populares del oeste de Caracas. Es abogada, especializada en derecho laboral y penal. Su entrada a la política ocurrió en los años 90, cuando comenzó a dar asesoría legal a Hugo Chávez y a otros militares involucrados en el intento de golpe de Estado de 1992. En ese mismo periodo conoció a Nicolás Maduro. Ambos participaron en las campañas por la liberación de Chávez y se integraron al movimiento que más tarde daría origen al chavismo. Desde entonces, su relación ha sido política y personal.
Flores fue electa Diputada en el año 2000 y consolidó su carrera dentro del Poder Legislativo. En 2006 se convirtió en la primera mujer en presidir la Asamblea Nacional, cargo desde el cual acumuló influencia y control político. Durante su gestión, prohibió el acceso de periodistas al hemiciclo y fue señalada por contratar a familiares en el Congreso, acusaciones que siempre negó como actos de corrupción y atribuyó a campañas de desprestigio.
El poder detrás del trono
Tras la muerte de Hugo Chávez en 2013, el papel de Flores se volvió aún más relevante. Maduro asumió la Presidencia en un contexto de disputas internas dentro del chavismo, y Flores aportó una base política propia, lealtades institucionales y experiencia en el manejo del aparato del Estado.
Analistas citados por The New York Times señalan que Flores ayudó a consolidar el control del Ejecutivo sobre el Poder Judicial y otras instituciones clave, colocando a aliados y familiares en posiciones estratégicas. Ese trabajo, realizado lejos del foco público, le dio fama de ser una figura temida incluso dentro del propio chavismo.
“Ella es una figura fundamental en la corrupción en Venezuela, absolutamente fundamental, y especialmente en la estructura del poder”, dijo Zair Mundaray, exfiscal venezolano, al diario estadounidense.
Cuando Maduro llegó al poder, decidió recuperar la figura de la primera dama, ausente durante el gobierno de Chávez, pero rebautizó el cargo como “primera combatiente”, al considerar que “primera dama” era un concepto elitista.
En la práctica, sin embargo, Flores redujo sus apariciones públicas. Evitó competir políticamente con su esposo y adoptó un perfil más discreto. Para politólogos consultados por CNN, ese bajo perfil no implicó una pérdida de poder, sino una forma distinta de ejercerlo.
“Para muchos es el poder detrás del trono”, explicó la politóloga Carmen Arteaga. “No compite por el espacio, pero es una asesora de primer nivel”.
Sanciones y escándalos familiares
El nombre de Cilia Flores volvió al centro de la polémica en 2015, cuando dos de sus sobrinos fueron detenidos por la Administración de Control de Drogas (DEA) en Haití y posteriormente condenados en EU por conspirar para traficar cocaína. Ella calificó el hecho como un secuestro, pero ambos cumplieron condenas en Nueva York hasta su liberación en 2022, como parte de un intercambio de prisioneros.
En 2018, Canadá y EU la sancionaron por su cercanía con el núcleo de poder de Maduro. El Departamento del Tesoro estadounidense señaló que el Presidente “se apoya en su círculo íntimo para mantenerse en el poder”, pero Maduro respondió públicamente pidiendo que no se atacara a su esposa.
Flores regresó formalmente al Poder Legislativo en 2017 como integrante de la Asamblea Constituyente y, desde 2021, es Diputada de la Asamblea Nacional. No es identificada por llevar una agenda feminista ni causas específicas, sino la línea política del chavismo.
Para especialistas, su imagen pública está hoy completamente ligada a la de Maduro: igual de polarizante, igual de cuestionada y con el mismo nivel de rechazo fuera del oficialismo.
En la campaña presidencial de 2024 volvió a aparecer con mayor frecuencia en actos públicos, incluso bailando junto a Maduro en el escenario, y el chavismo llegó a difundir una caricatura animada en la que “Cilita” acompañaba a “Súper Bigote”, el personaje inspirado en el Presidente.
Lejos de los reflectores, Cilia Flores construyó durante décadas una red de poder que la convirtió en una de las figuras más influyentes del chavismo. Su secuestro, junto a Maduro, no hizo más que confirmar lo que muchos en Venezuela ya sabían: su papel ha sido central, aunque pocas veces visible.




