Investigadores de la Universidad de Texas Southwestern monitorizaron a más de dos mil participantes de una edad promedio de 79 años como parte del estudio para determinar la relación entre los problemas de sueño y la demencia.
Por Franklin Delgado
Un reciente estudio, publicado en la revista Neurology, indica que los patrones de sueño, en particular la estabilidad de los ritmos circadianos, pueden influir en el riesgo de desarrollar demencia entre los adultos mayores. Un ritmo circadiano sólido permite mantener horarios regulares de sueño y actividad, cruciales para la salud del cerebro.
Investigadores de la Universidad de Texas Southwestern monitorizaron a más de dos mil participantes de una edad promedio de 79 años. El estudio utilizó parches de ECG en el pecho para medir los ritmos circadianos. Los participantes fueron distribuidos en tres grupos, según la fuerza de sus ritmos circadianos, y se observó la incidencia de demencia a lo largo de varios años.
“Un aspecto novedoso de nuestro estudio es que derivamos ritmos circadianos de un parche de ECG que se usa en el pecho y que se usa comúnmente en la clínica”, dijo a Fox News Digital la autora principal del estudio, la doctora Wendy Wang, de la Escuela de Salud Pública Peter O’Donnell Jr. del Centro Médico UT Southwestern en Dallas.
Los resultados mostraron que aquellos con ritmos circadianos más débiles presentaron un riesgo casi 2.5 veces mayor de desarrollar demencia. Además, se identificó una posible asociación “en forma de U” entre la estabilidad de los ciclos de sueño y la aparición de demencia, sugiriendo que niveles de actividad consistentemente bajos podrían correlacionarse con ritmos menos estables.
Limitaciones del estudio
Sin embargo, el estudio presenta sus limitaciones, específicamente por la falta de datos sobre trastornos del sueño como la apnea obstructiva.
Los investigadores enfatizan la necesidad de más estudios para entender mejor la relación entre los ritmos circadianos y la aparición de demencia, así como la importancia de mantener ritmos saludables alineados con el ciclo de 24 horas.
Estabilizar los ritmos circadianos
Existen varios métodos efectivos para mejorar la estabilidad de los ritmos circadianos, basados en hábitos diarios que alinean el reloj biológico con los ciclos naturales de luz y oscuridad:
- Rutina de sueño constante. Mantén horarios fijos para acostarte y despertarte, incluso fines de semana, para entrenar el reloj interno. Duerme entre siete a nueve horas por noche.
- Exposición a luz natural. Sal al exterior por la mañana para recibir luz solar, lo que suprime la melatonina y promueve vigilia. Limita la luz azul de pantallas de una a dos horas antes de dormir.
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— SALUD México (@SSalud_mx) March 15, 2025
- Ejercicio adecuado. Realiza actividad física diaria, preferiblemente matutina o vespertina, evitando entrenamientos intensos de dos a tres horas antes de acostarte. Esto refuerza el ciclo sueño-vigilia.
- Hábitos alimenticios y relajación. Evita cafeína y alcohol después del mediodía; cena ligera temprano. Crea rutinas relajantes como lectura o meditación antes de dormir.
- Opciones adicionales. Considera melatonina o magnesio bajo supervisión médica, y maneja el estrés con yoga o respiración. La terapia de luz puede ayudar en casos de desajuste severo.
Impacto de las siestas en la salud cerebral
Las siestas tienen un impacto mixto en la salud cerebral: las cortas mejoran la función cognitiva y preservan el volumen cerebral, mientras que las prolongadas o frecuentes se asocian con mayor riesgo de demencia.
Beneficios cognitivos. Las siestas breves de 10-30 minutos mejoran la codificación de la memoria, el estado de ánimo, la alerta y la memoria de trabajo, con efectos que duran hasta cuatro horas. Estudios genéticos muestran que las siestas habituales se vinculan con un mayor volumen cerebral total, equivalente a 2.6-6.5 años menos de envejecimiento cerebral, lo que podría reducir el riesgo de enfermedades neurodegenerativas.
Riesgos para demencia. Las siestas largas (más de 30-60 minutos) o frecuentes, especialmente matutinas, aumentan el riesgo de deterioro cognitivo y Alzheimer, formando un “círculo vicioso” donde el declive cognitivo provoca más siestas y viceversa. Investigaciones longitudinales indican que incrementos anuales en duración y frecuencia de siestas aceleran con la progresión de la demencia.
Duración recomendada:
- Óptima (10-30 min): Mejora rendimiento sin inercia del sueño; ideal por la tarde temprana.
- Evitar (>60 min o involuntarias): Asociadas a obesidad, hipertensión y mayor riesgo demencia.
- Las siestas planificadas ofrecen más beneficios que las involuntarias en adultos mayores.




