El centro INAH-Hidalgo expone obras del grabador mexicano Leopoldo Méndez

07/02/2014 - 4:40 pm

México 7 Sep. (Notimex).- Más de una decena de obras del grabador mexicano Leopoldo Méndez, de quien mañana se conmemora su 45 aniversario luctuoso, son expuestas en el Centro INAH-Hidalgo, como parte de las actividades conmemorativas de los 75 años de existencia del Instituto.

De la muestra “Artista de un pueblo”, presente hasta agosto próximo, destaca el mural “Maguey, mito y realidad”, que representa la época posrevolucionaria. En su parte central hay un maguey con la silueta de una mujer adentro, y en el fondo escenas de la vida rural.

El mural, que incluye formas de ocho metros cuadrados y también pequeñas figuras de menos de cinco centímetros, ha visitado Europa, Sudamérica y varias partes del país, reseñan medios de comunicación de Hidalgo.

Originario de la Ciudad de México, Leopoldo Méndez nació el 30 de junio de 1902 en el seno de una familia humilde; su padre era zapatero y su madre campesina.

De acuerdo con su perfil publicado por la Universidad Obrera de México (UOM), estudió en la Escuela de Pintura al Aire Libre de Chimalistac y en la Academia de San Carlos.

A decir del poeta y escritor mexicano Manuel Maples Arce (1898-1981), su amigo de juventud, Leopoldo Méndez, pese a su formación académica, fue autodidacta: “...su cultura se enriqueció con lecturas, con la observación de los grandes maestros y con la aplicación de su fino sentido crítico”.

Sus intereses no sólo estuvieron enfocados a la plástica, y prueba de ello es que de 1925 a 1927 viajó al estado de Veracruz, gracias a la convocatoria de Manuel Maples Arce, para colaborar en las revistas “Horizontes” y “Norte”.

Además, durante este periodo, siendo militante de izquierda, realizó sus primeros carteles de carácter político y publicó el periódico “30-30”, al lado del pintor Fermín Revueltas (1901-1935).

Su humanismo quedó manifiesto en las revistas “El Sembrador” y “El Maestro Rural”, que servían de apoyo al profesor rural que completaba las enseñanzas.

Méndez fue miembro fundador de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, del Taller de la Gráfica Popular y del grupo “Estridentista”.

Asimismo, junto con el fotógrafo y cinefotógrafo mexicano Manuel Álvarez Bravo (1902-2002) estableció el Fondo Editorial de la Plástica Mexicana, cita el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) en la sección “Gráfica”, del portal de la Academia de Artes.

Tras exponer en 1930 su obra junto con Carlos Mérida en Los Ángeles, California, se desempeñó, por encomienda de Narciso Bassols -quien era secretario de Educación-, como jefe de la Sección de Dibujo del Departamento de Bellas Artes.

Al recibir la beca Guggenheim, se trasladó a Nueva York, a fin de convivir con los sectores más populares y grupos de trabajadores.

En 1946 obtuvo el primer Premio Nacional de Grabado y durante la Feria del Libro de la Ciudad de México, y su trabajo como ilustrador de la obra “Incidentes melódicos del mundo irracional”, de Juan de la Cabada, también fue reconocido con el primer premio.

Al año siguiente realizó el fresco “La maternidad y la asistencia social”, en colaboración con Pablo O’Higgins, y una serie de grabados para la película “Río Escondido”, del realizador Emilio Fernández.

La cinta dio paso a su participación en “Pueblerina” (1948), “Un día en la vida” (1949), “El rebozo de Soledad” (1949), “Memorias de un mexicano” (1950), “La rebelión de los colgados” (1953) y “La rosa blanca”, entre otras.

Aunado a su labor en el ámbito cinematográfico publicó, entre otros libros, “Los maestros europeos de la Galería de San Carlos de México” y “José Guadalupe Posada, ilustrador de la vida mexicana”.

Para Méndez, José Guadalupe Posada (1852-1913) siempre fue el mejor de sus maestros y ejemplo a seguir.

La vasta producción de Leopoldo Méndez, quien falleció el 8 de febrero de 1969, incluye cuadros de temas campesinos, carteles de carácter social, murales, litografías e ilustraciones para libros y revistas.

En su obra póstuma, “Lo eterno y lo efímero del arte popular mexicano”, rindió homenaje a los artistas desconocidos: los artesanos.

Maples Arce lo describió como un compañero agradable, de condición apacible, sin afectación ni asperidad, y franco sin caer en la rudeza; “mostraba un equilibrio natural en todas partes”.

Redacción/SinEmbargo

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