Científicos logran avances para detectar propensión al suicidio de jugadores de NFL con traumatismo cerebral

29/01/2013 - 12:00 am

Foto: EFE

Ciudad de México, 29 de ene (SinEmbargo).- Es un deporte de contacto, sin duda; pero los habituales choques que forman parte del juego se están convirtiendo, cada vez más, en un dolor de cabeza para la Liga Nacional de Futbol Americano (NFL), debido a sus consecuencias médicas y los problemas legales que esto empieza a acarrearle a la liga.

PROBLEMÁTICA POST MORTEM
Así como muchos aficionados al futbol americano se resignan a ver los fuertes golpes como parte del juego, hay otro sector bastante preocupado por sus consecuencias físicas. Incidentes como el suicidio del ex linebacker Junior Seau y la demanda que su familia interpuso a la NFL han llevado no sólo a directivos de la liga, sino también a científicos a replantear la manera en la que se protege a los jugadores de las conmociones.

Seau murió en mayo del año pasado, a los 43 años, tras dispararse con un arma de fuego. Posteriormente, los exámenes hechos a su cerebro, cuyos resultados fueron divulgados este mes, revelaron que sufría de Encefalopatía Traumática Crónica (ETC o TCE por su nombre en inglés).

La ETC es una variedad de daño cerebral ocasionada por múltiples golpes a la cabeza y se cree que puede ser la principal causa en los suicidios de ex jugadores como Seau y Dave Duerson de los Osos de Chicago.

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El principal problema con la ETC radicaba en que sólo había sido diagnosticada post mortem, lo cual evidentemente no daba margen a la prevención. Sin embargo, investigadores de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA) dieron a conocer recientemente que fueron capaces de encontrar ETC por primera vez en jugadores vivos.

Los autores del nuevo estudio publicado en The American Journal of Geriatric Psychiatry mencionan que para ello utilizaron un tipo especial de tomografía por emisión de positrones (TEP), para escanear trazas de esta enfermedad en cinco ex jugadores cuyas edades oscilan entre los 45 y 73 años, y que además jugaron en cinco posiciones distintas: quarterback, linebacker, guardia, liniero y centro.

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Las imágenes cerebrales mostraron grandes depósitos de una proteína llamada tau, la cual se acumula a lo largo de las rutas neuronales que resultan dañadas a consecuencia de impactos repetitivos. Con la acumulación de tau, ésta se convierte básicamente en un bloqueo para las señales cerebrales: el resultado es pérdida de memoria, falta de control de impulsos, agresión, depresión y, finalmente –creen los doctores– puede conducir a impulsos suicidas.

El hallazgo de los científicos de la UCLA puede significar un cambio radical para los deportistas, al proporcionar la oportunidad de brindar un tratamiento antes de que sea demasiado tarde. Por otra parte, si la enfermedad es detectada en un jugador en activo se le puede informar su situación para que considere el retiro. En un futuro, incluso, un resultado negativo de ETC podría ser un requisito indispensable para poder jugar cualquier deporte de contacto.

A pesar de todo, los investigadores de la UCLA advierten que sus descubrimientos están basados en un muestreo demasiado reducido (cinco personas) y sólo investigaciones futuras podrán corroborar su trabajo. Al mismo tiempo otra pregunta ronda en torno al tema, y ésta se centra en cómo reducir la fuerza de los impactos, en primer lugar, para detener el daño cerebral antes de que este inicie.

REDUCCIÓN DE IMPACTOS
Riddell Inc., la compañía que fabrica cascos para futbol americano, fue demandada también por la familia de Junior Seau, bajo el argumento de que la firma fue "negligente en su diseño, pruebas, armado, fabricación, mercadeo e ingeniería de los cascos" utilizados por los jugadores de la NFL. En síntesis, la demanda señala que los cascos eran peligrosos.

El físico Murray Korman, de la Academia Naval de EU, en conjunto con el estudiante Duncan Miller, desarrolló un modelo experimental para estudiar las colisiones casco con casco. Sin embargo, ante la ausencia de cabezas reales para las pruebas, ambos tuvieron que improvisar desarrollando una estructura que hiciera de cráneo y así medir los impactos.

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Tras las pruebas, una de las posibles mejoras pensadas por Korman se orientan a una especie de escudo de espuma desechable que encaje de manera justa en el exterior del casco, lo cual ayudaría a disipar la fuerza del golpe inicial. Una especie similar pudo verse en la liga, durante la década de los 90 con el ProCap, una capa exterior de espuma de uretano que hiciera famoso el ex jugador de los Bills de Buffalo Mark Kelso. Así mismo, hace un par de años el diseñador industrial Michael Princip presentó el casco Bulwark, con una capa que absorbe impactos hecha con espuma pre moldeada, colocada en el exterior del mismo.

En septiembre del año pasado, la NFL donó 30 millones de dólares a la Fundación para los Institutos de Salud Nacional en EU, con el fin de subsidiar investigaciones principalmente referentes a lesiones cerebrales. Lo anterior con el fin de reforzar sus estándares de seguridad y encontrar mejores maneras para diagnosticar conmociones cerebrales, en vista de las crecientes demandas por parte de jugadores retirados, quienes argumentan que la NFL no advierte debidamente sobre los peligros de lesiones en la cabeza.

Ramiro Rivera

Lo dice el reportero