Guadalajara, 19 Nov. (Notimex).- En el verano de 1914, Guadalajara se había convertido en “la joya” a controlar, pues era sitio clave para dominar el país, en ese momento revolucionario de la historia contemporánea de México. Los dos ejércitos revolucionarios en pugna, villistas y carrancistas, querían el control
En entrevista con Notimex, el investigador Robert Curley expone que “el punto más importante de Jalisco, durante la Revolución Mexicana es esta ciudad, y no sólo para el estado sino a nivel nacional, porque en los años de 1914-1915, Guadalajara era ‘la joya’ que disputaban los dos ejércitos revolucionarios que estaban en pugna”.
Recordó que en el verano de 1914 se disolvió el antiguo ejército federal, que hasta entonces había comandado Victoriano Huerta, y durante la segunda mitad de 1914 y hasta 1915 “se enfrentaron, entre ellos, los diferentes grupos revolucionarios que hasta entonces habían combatido contra Huerta”.
A partir de diciembre de 1914 y durante enero, febrero y marzo de 1915 Guadalajara se convirtió en el centro de la disputa nacional, “donde a finales de 1914 el ejército comandado por Manuel M. Diéguez, controlaba esta ciudad”, agrega Curley.
En diciembre llegó desde el norte el ejército de Francisco Villa con su lugarteniente jalisciense Julián Medina, originario de Hostotipaquillo, y desde allí “corrieron a los constitucionalistas, bajo el comando de Manuel M. Diéguez, quienes se replegaron hacia el sur, por Sayula y Ciudad Guzmán”.
Relata que, por primera vez, los villistas “tomaron Guadalajara y la controlaron hasta mediados de enero, cuando regresó el ejército comandado por Manuel M. Diéguez y los corrió de esta ciudad, quienes se replegaron hacia Lagos de Moreno y hacia Ameca, hacia el poniente y hacia el norte”.
La madrugada del 30 de enero, señala, los villistas “asaltaron por sorpresa Guadalajara, en una batalla muy famosa que dio origen a la leyenda de que dispararon un balazo al reloj de Palacio de Gobierno para que quedara por siempre como un recuerdo de su paso por la ciudad”.
“Yo no he visto fuentes que den testimonio, sólo memorias que hablan del hecho”, asegura el investigador, comenta Curley.
“A mí no me consta -la anécdota del balazo al reloj- en el sentido convencional de los historiadores que buscamos papeles viejos, fuentes para dar constancia de hechos”, puntualiza.
Comenta que lo que hay son anécdotas publicadas en periódicos y de viejos historiadores de oficio más que profesionales, quienes de alguna manera recogieron la sabiduría local de los tapatíos en los años posteriores a la revolución.
Resalta, también, la famosa esa batalla por la muerte del padre David Galván, quien la mañana siguiente de ese combate salió del santuario “y fue hacia los arroyos que estaban enfrente del Antiguo Hospital Civil para atender a los caídos, pero fue detenido y fusilado por la tropa de Manuel M. Diéguez”.
Subraya que el hecho de mayor importancia fue la disputa de Guadalajara: “llegaron los villistas y a finales de diciembre sacaron a los carrancistas; luego regresan los carrancistas y sacan a los villistas, quienes toman de nuevo esta ciudad y sacan a los carrancistas, y viceversa”.
Curley afirma que durante los primeros meses de 1915, Guadalajara “era un tesoro que se disputaba con bastante violencia entre dos ejércitos grandes, que eventualmente llevarían a otras partes de la República la pelea, pero Guadalajara estuvo en el centro de esa batalla”.
Destaca que una de las razones por las que “esos combates en Jalisco entre carrancistas (por encabezadas Manuel M. Diéguez) y villistas (lideradas por Julián Medina) son tan importante es porque finalmente se va a decidir la Revolución Mexicana en términos militares en las batallas del Bajío de mayo de 1915”.
“Durante esas batallas en el Bajío, Francisco Villa llevó un ejército de 40 mil hombres o más y una táctica de guerra que privilegiaba los ataques frontales de caballería que le habían dado tanto éxito en el norte y en Zacatecas”.
Apunta que a su vez Álvaro Obregón, “quien estaba del otro lado de la trinchera, había estudiado las nuevas técnicas y estrategias de guerra que se utilizaban en Europa en lo que hoy conocemos como la Primera Guerra Mundial”.
“Álvaro Obregón escogió el campo de batalla en el Bajío, que es una zona de mucha siembra y de parcelas, por lo que usó ese tipo de terreno en Celaya y León, para aprovechar los canales de irrigación y poner grandes filas de soldados en las trincheras apoyadas por ametralladoras”.
Obregón, agrega, enfrentó a las caballerías de los villistas “aprovechando el alambrado de púas y los canales de las parcelas, y cuando venían en ola, tras ola, tras ola, las caballerías de asalto, pues con el apoyo de ametralladoras pudo vencer a los villistas”.
Manifiesta que esa batalla en el Bajío duró un mes, “donde los dos ejércitos se enfrentaron todos los días en medio del intenso calor de la temporada. Fue una cosa terriblemente sangrienta”.
Puntualiza que sobresalen los sucesos en Jalisco en relación a esas batallas del Bajío, “las cuales fueron decisivas en términos de la Revolución Mexicana como combates militares”.
Curley precisó que la segunda vez que vino Francisco Villa a Guadalajara, a apoyar a las tropas de Julián Medina “para sacar a los carrancistas de esta ciudad, los carrancistas los persiguieron hasta la cuesta de Sayula, donde Manuel M. Diéguez estaba con sus tropas en ese lugar junto con el michoacano Francisco Murguía, quien era comandante de otra tropa”.
“De acuerdo a la memoria del jefe del Estado Mayor de Manuel M. Diéguez, Amado Aguirre, los militares Murguía y Diéguez estaban en desacuerdo. Entonces Villa se alió al fondo de la cuesta, donde terminan las tolvaneras en la zona de la laguna de Sayula y en la madrugada empezó un ataque”.
Detalla que los villistas primero quemaron los campos, “lo que generó mucho humo que obstruía la visión, y en seguida atacaron y lograron rebasar uno de los flancos de las tropas carrancistas y por poco destruyen ese ejército”.
“Este se repliega en desbandada con Manuel M. Diéguez, Murguía, sus oficiales, lugartenientes y tropa hacia Atenquique, hacia las grandes barrancas, que se localizan en el camino hacia Colima. Fue un gran triunfo militar para Villa”.
En ese momento, expone, Francisco Villa consideró “que ya no eran un peligro y Felipe Ángeles lo había estado llamando desde el norte del país, diciendo que era urgente que regresara a las batallas del Ébano, que también son muy importantes y famosas”.
Francisco Villa decide regresar al norte a apoyar a Felipe Ángeles, en las batallas del Ébano, “porque consideró que el ejército carrancista ya está desbandado y destruido, pero no sucedió así”, señala.
Asegura que como los villistas no siguieron la pelea, Murguía, Diéguez, y lo que quedaba de su ejército, tuvieron oportunidad de reagruparse en Manzanillo, pero llegan tarde a las batallas en el Bajío en mayo, porque lo de Sayula fue a finales de marzo”.
“Llegan al Bajío a reforzar con unos 20 mil hombres, cuando las tropas de Obregón están severamente comprometidas, por lo que considero que si Villa hubiera proseguido la pelea en ese momento en el sur de Jalisco y en Colima, quizás el desenlace del bajío había sido distinto”, concluye.




