México, 27 May. (Notimex).- Al menos 15 años han pasado desde que se realizó la primera elección para jefe de Gobierno del Distrito Federal, y este 2012 de nuevo está en juego el futuro de la ciudad más grande del país.
En el proceso actual que compiten para gobernar Miguel Ángel Mancera Espinosa, Beatriz Paredes Rangel, Isabel Miranda de Wallace y Rosario Guerra Díaz.
Una cascada de propuestas de las y el candidato enmarcaron el primer debate oficial con un objetivo claro: convencer a la ciudadanía de la ciudad de México de sus proyectos, a fin de ganar su voto el próximo 1 de julio.
Desde muy temprano se distinguían las chamarras verde limón chillante-fosforecentes y también azules de centenares de elementos de la Secretaría de Seguridad Pública de la Policía del Distrito Federal.
De hecho sitiaron las instalaciones del Canal Once en la zona norte de la ciudad, en el simbólico Casco de San Tomás, en el Instituto Politécnico Nacional (IPN), sede el encuentro.
Se estableció una enorme valla de protección para los aspirantes e invitados, y muro infranqueable para desconocidos o que no tenían acreditación alguna.
Desde las cuatro de la tarde llegaban aparatosas camionetas con vidrios polarizados y había notoria vigilancia.
Entre muchas de las tantas personalidades, desfilaron el presidente del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Pedro Joaquín Coldwell; Margarita Zavala, esposa del presidente Felipe Calderón Hinojosa, y Alejandra Barrales, candidata a senadora por el Partido de la Revolución Democrática (PRD).
Los aspirantes comenzaron a llegar a partir de las seis de la tarde; el primero de ellos, el abanderado de la izquierda, Miguel Ángel Mancera, quien al descender, candidato al fin, repartía saludos con la mano levantada; después lo hizo Isabel Miranda, del PAN, pero despistó a la prensa al ingresar por una puerta alterna.
La priista Beatriz Paredes Rangel también eludió a la prensa, al ingresar en una camioneta verde olivo; mientas que su ex compañera y ahora aspirante de Nueva Alianza, Rosario Guerra, ingresó en un auto deportivo blanco y cual pasarela política, fue repartiendo saludos de campaña a trabajadores de los medios de comunicación.
En punto de las siete de las noche la moderadora del evento, Adriana Pérez Cañedo, apareció sonriente en la pantalla. Era la señal del inicio del encuentro que por hora y media daría cabida a las propuestas y los ataques de los contendientes.
El primer round: urbanismo. Con la finalidad de hablar de los problemas que aquejan a los más de ocho millones de personas que habitan la ciudad, como desarrollo urbano, vivienda, movilidad, espacio público y desarrollo metropolitano.
El segundo episodio sería sobre sustentabilidad y sus acciones que emprendería para regresarle a la megalópolis de nuevo aquel calificativo que le endosó el gloriado Carlos Fuentes: la región más transparente.
La candidata de Nueva Alianza, Rosario Guerra, comenzó el debate nerviosa, titubeante, vestida con un traje rosa. Con juego de manos que denotaban haber sido preparada para aparecer ante las cámaras de televisión, destacó que es momento de que la capital sea gobernada por una mujer libre, valiente y ciudadana.
La aspirante lucía un tanto insegura, más de una vez en sus participaciones golpeó el micrófono, leía su discurso casi sin dar lugar a la improvisación; los nervios la mataron.
Sin embargo en su penúltima participación se lanzó a la yugular de Beatriz Paredes, al acusarla de nunca haber hecho nada en pro de la ciudad en sus años de legisladora y de sólo buscar una Secretaría de Estado en el próximo gobierno federal, en la lógica de que su partido salga triunfante.
Le dijo “candidata golondrina, que viene cada seis años a pedir el voto" para ser jefa de gobierno y remató, golpeadora: en la mesa no hay cuatro candidatos, porque una de ellas sólo viene a querer ser secretaria de Gobierno. La reacción de Paredes Rangel fue de enojo, que no pudo disimular en la pantalla.
Después le tocó el turno a la aspirante de Acción Nacional, Isabel Miranda de Wallace. Su objetivo era claro: atacar al puntero de las encuestas, Miguel Ángel Mancera, y a las administraciones perredistas que han gobernado la ciudad desde 1997.
Con un traje violeta claro, sonriente, en más de una de sus participaciones denunció la corrupción que, aseveró, existe en las dependencias de la ciudad de México, además de la red de complicidad que hay con ciertos grupos como los “paracaidistas” que invaden cientos del predios que luego el PRD regulariza.
Inquisidora, comentó que los comerciantes ambulantes y otros grupos que se han vuelto un corporativo electoral; incluso mostró al perredista una botella de agua sucia proveniente, presuntamente, de la red que abastece a los habitantes de Iztapalapa.
Miranda de Wallace enfatizó que es tiempo de que los ciudadanos tomen las riendas de la ciudad, que es hora de que los jóvenes encuentren oportunidades a su salida de las universidades donde no haya narcotienditas, y los padres de familia lleguen seguros a casa.
En tanto la candidata del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Beatriz Paredes Rangel, ataviada con un huipil morado comenzó atacando a Mancera y al PRD.
Apareció en su atril transparente, con una mirada desafiante y con la seguridad que se le caracteriza a la hora de hablar, obtenida después de más de tres décadas de ser protagonista en la vida política del país.
Es la segunda vez que participa como candidata a jefa de gobierno; hace seis años compitió contra Marcelo Ebrard y Demetrio Sodi, logrando un tercer lugar. Sin embargo, dicen personas cercanas a ella, sus posibilidades son altas debido al efecto que puede significar la candidatura de Enrique Peña Nieto en la contienda presidencial.
Ignoró los ataques de Guerra y a la candidata panista, se enfocó que remarcar las fallas del gobierno perredista y en la presunta corrupción.
Paredes Rangel recordó que la ciudad de México ocupa el número 27 en transparencia y el sitio 25 en fiscalización, al tiempo que invitó a los ciudadanos a crear un nuevo horizonte para el Distrito Federal.
A su vez, Miguel Ángel Mancera lucía seguro, sonriente. Es el puntero en las encuestas y como mejor apoyo trae los logros de las administraciones de los partidos que abandera.
Con un traje negro y sin corbata nunca dejó de sonreír, intentando entablar un dialogo directo con quienes lo veían por televisión.
Firme, aprovechó lo logros alcanzados en 15 años y señaló las fallas y las áreas donde aún hay mucho por hacer para mejorar la vida de los capitalinos.
Sorteó sin problemas los ataques, para los que acudió preparado con láminas que no dudó en mostrar en cada ocasión, con datos de instituciones de educación que afirmaban sus dichos.
Y destacó: “Quiero ser jefe de Gobierno del Distrito Federal para que tú y tu familia vivan más felices, con más y mejor seguridad, más programas sociales, mayor protección para las mujeres y los niños, para disfrutar de las calles”.
Después de hora y media Pérez Cañedo dio por concluido el debate. A las afueras, los representantes de medios de comunicación se arremolinaban para obtener una declaración. Ninguno se animó a declararse como triunfador, sin embargo sus fans se disputaban verbalmente la victoria.
Perredistas y priistas con megáfonos y mantas en mano, gritaban y manoteaban en reclamo de que les fuera reconocido que su candidato o su candidata habrían triunfado en el recién concluido encuentro.
El debate entre las candidatas y el candidato a la jefatura del Gobierno del Distrito Federal terminó sin nada nuevo que permitiera suponer que el siguiente será realmente un encuentro de coincidencias y discrepancias en propuestas.
Entre una producción medio extraviada, con imágenes que muestran a una ciudad parcialmente bella -no hubo una sola imagen que diera cuenta que el Distrito Federal es más que Paseo de la Reforma-, y cierta confusión en el orden de intervenciones, concluyó un debate o casi semiconferencia de prensa conjunta.




